miércoles, 25 de enero de 2012

Manejo del Duelo

Este es la segunda parte de mi blog PROCESO DEL DUELO espero pueda ayudar aquellas personas que han perdido a un ser amado y no han cerrado ese circulo adecuadamente.

Una vez que aceptamos la muerte, la persona querida vuelve a estar viva para nosotros.
Darse tiempo y permiso: Es la estrategia clave que lleva a que la reparación se logre ya que necesitamos tiempo para sanar la herida que nos dejó la pérdida, no por tener afán ésta va a ser solucionada antes. Los duelos muy cortos pueden ser en realidad la negación de éste, por lo que son mejores los que llevan algún tiempo y una actitud consciente ante la realidad de la pérdida. Lo usual es que se necesiten meses, incluso años en hacer todo el proceso de forma completa y reparadora. Por otro lado, hay que darse permiso para adaptarse a la realidad, para sentir y expresar todos los sentimientos y para rehacer su vida a pesar de la pérdida.

Estos dos elementos juntos son indispensables para reparar el daño causado por la muerte del ser que nos importa y si no sacamos el tiempo necesario, ni no nos damos permiso para entrar consciente y decididamente a enfrentar el duelo, podemos lograr ocultar el hecho y mantenerlo latente y esto nos generará dificultades en los planos emocional y físico y comprometerá nuestra manera de relacionarnos con los demás.
DECÁLOGO PARA EL QUE SUFRE UN DUELO

1.- Aprender a desapegarse: Desapegarse significa vivir con el recuerdo sereno del ser querido en una nueva relación espiritual con él.
Apertura a los demás y al mundo teniendo un proyecto de vida renovado y realista.

2.- Expresar los propios sentimientos y pensamientos con respeto y cariño.

3.- Continuar tomando decisiones: no renunciar a nuestra capacidad y libertad para hacernos cargo de nuestra vida.

La actitud que tomemos ante el dolor o la felicidad es de responsabilidad personal y esa decisión puede hacernos personas más o menos saludables.

4.- Ser paciente consigo mismo y darse el tiempo necesario: La paciencia es una cualidad que debe ejercitarse porque no es fácil, ni nadie la obtiene de la noche a la mañana.
Implica voluntad y esfuerzo ante los cambios que se presentan en la vida. Hay que contar de antemano que somos personas con grandes capacidades, pero a su vez no con menos limitaciones. Erramos, acertamos, nos alegramos o también nos frustramos.

Tras la experiencia de la pérdida, este aprendizaje paciente en el dolor es una oportunidad para vivir la vida con un nuevo sentido del bien y del amor.
Ser más humanos debe ser una constante en nuestro cambio después de sufrir un duelo.

5.- Aprender a perdonar: Perdonarse uno mismo, a las circunstancias de la vida, a Dios, a la vida y a los otros.

“El que perdona, encuentra siempre paz en su corazón”.

 6.- Arroparse en la fe: La imagen y la relación que se tiende de y con Dios, entra en crisis, se pone a prueba después de sufrir una pérdida. Dios es más grande que nuestro dolor y permite que nos expresemos.
La fe no borra el dolor, pero es un apoyo espiritual al alma que reconforta y entrega mucha paz.

 7.- Creer en uno mismo. La fe en uno es algo positivo y ayuda a continuar creciendo sanamente.

 8.- Abrirse para entablar nuevas relaciones: No se trata de escapar de la realidad, sino que hay que asumir la vida con sus problemas y sufrimientos.
Es posible que con mi dolor pueda tenderle la mano a otra persona.

 9.- Volver a sonreír, comenzar a dar y estar disponible para los demás.

 10.- Agradecer el apoyo y la compañía de las personas que me ayudaron en el proceso de mi duelo.

Para recuperarnos sanamente de la pérdida de un ser querido existen muchos factores que son importantes y nos ayudan, pero ninguno de ellos es tan importante como la presencia de otro ser humano, especialmente si éste ha recibido algo de educación en duelo.

Es preciso desligar nuestro amor de la presencia física de lo que amamos. En el momento en que nuestro amor no depende de una presencia, trascendemos, damos un paso más en nuestro acercamiento al verdadero amor Debemos amar a nuestros seres queridos más allá de su presencia física, es decir, amarlos sin la necesidad de tener que verlos.

Los buenos recuerdos se atesoran, los malos recuerdos se deben sanar.

Recuperar nuestra realidad, nuestro sentido de la vida, nuestra personalidad íntegra y la confianza en el mundo puede llegar a ser una de las tareas más difíciles de la recuperación. Esto significa, entre otras cosas, enfrentarse con la desorganización y la adaptación a un entorno sin el ser querido.

Debido a que cada ser humano participa en mayor o menor intensidad de nuestra realidad, de nuestro sentido de la vida, de nuestra personalidad íntegra y de nuestra confianza en el mundo, un primer paso es establecer qué tanto de cada uno de estos elementos (realidad, sentido de la vida, personalidad y confianza) estaba absorbido por o dependía de nuestro ser querido perdido y, por ende, qué tanto estará afectado por la pérdida. Una vez alcanzado este objetivo, debemos entonces utilizar "lo que queda" como elemento o base para su reconstrucción.
Más énfasis deberemos poner en aquellos aspectos que más seriamente se vean afectados por su dependencia del ser querido; es decir, nuestra prioridad será retomar el trabajo de reconstruir aquello que primeramente esté más afectado.

2 comentarios:

  1. Un buena información como todo lo que se encuentra en este blog que nos ayudara como sobre llevar un proceso tan difícil como lo es la muerte de un ser querido.Muy bueno medico felicitaciones.

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