jueves, 12 de diciembre de 2013

Hematofobia

Miedo intenso a la sangre, a ver sangre o incluso a imaginarla, y a las heridas.

Esta es quizás una de las fobias más extendidas entre la población, que en mayor o menor grado, afecta a un 10% de la gente, iniciándose en la infancia o en los primeros años de la adolescencia, mayoritariamente en hombres. Generalmente se cree que la fobia a la sangre se debe a la idea inconsciente de que, al sangrar, perdemos parte de nuestra integridad corporal, así como el miedo a la transmisión de enfermedades por vía sanguínea. También es cierto que la sangre tiene un simbolismo especial en algunas culturas, por lo que tener algo de reparo a la sangre es normal e incluso podríamos llegar a pensar que es parte de nuestro instinto de supervivencia. Aun así, sorprende otra cosa respecto al resto de fobias, su marcado componente hereditario. Más del 40% de los afectados tiene familiares con una fobia similar; posiblemente lo que se hereda es el comportamiento vicario (me mareo al ver sangre porque de pequeño he visto en un familiar ese comportamiento), del mismo modo que el haber tenido una experiencia desagradable con la sangre puede marcar conductas posteriormente.

Esta fobia presenta algunas características que la diferencian del resto debido que la respuesta corporal ante la sangre es diferente del resto de las fobias ya que se trata de una respuesta bifásica.

·   "El sistema nervioso simpático se activa (aumento de frecuencia cardíaca y respiratoria, pupilas dilatadas, sudoración, tensión muscular), aparece una gran cantidad de pensamientos negativos y mucha ansiedad, como en el resto de fobias. Posteriormente, la respuesta simpática se extingue y baja la tensión y la frecuencia cardíaca, con la posibilidad de marearse y perder el conocimiento".

Cuando una persona con hematofobia está en presencia de sangre se va a producir un aumento de la respuesta cardiovascular, aumentando así el latido cardíaco y la presión arterial, sin embargo, justo después este aumento disminuye de forma brusca provocando nauseas, mareos, sudores, palidez y en ocasiones, el desmayo. Es por esto por lo que las personas con este tipo de fobia suelen relatar una historia de episodios de desmayos recurrentes.

Las personas con fobia a la sangre suelen temer esta respuesta más que a la propia sangre o a las jeringuillas en sí, es decir, anticipan que pueda producirse un desmayo y las desagradables sensaciones de mareos y nauseas. Esta anticipación les causa un intenso miedo que les lleva a evitar cualquier situación relacionada con la sangre.

Quienes padecen de esta fobia suelen evitar los objetos punzocortantes, como los cuchillos, las navajas, las agujas y alfileres, las jeringas, etc. Por lo tanto, esta fobia a menudo aparece relacionada con la blenofobia, que es precisamente el miedo a ese tipo de objetos. Esto puede llevarlos a desarrollar una nueva fobia: el miedo a desmayarse. El miedo puede ser detonado por ver una herida de una persona cercana o también por imágenes en televisión o películas. No es necesario ver la sangre o las heridas para sentir el malestar, sino que éste puede producirse también por imaginarlas. Los hemofóbicos no soportan pensar en que se les pueda quitar sangre y una publicidad para donar sangre puede bastar para hacerlos sentir mal o al menos, incómodos.

Las personas con hematofobia suelen padecer o sufrir cualquier daño. Esto va a suponer que la persona va a padecer un intenso miedo en relación a cualquier procedimiento quirúrgico o médico, siendo incapaz de observarlo o padecerlo. Este tipo de fobia puede llegar a limitar de forma grave la vida de la persona que puede ser incapaz de someterse a cuidados médicos.

La fobia a la sangre y a sufrir daño suele comenzar en la infancia o al principio de la adolescencia y pueden mantenerse a lo largo de la vida si no se realiza un adecuado abordaje psicológico. Algunos especialistas toman a la sangre como un acto simbólico entre la vida y la muerte, y afirman que el sujeto tiene esta reacción porque la sangre es un signo de vida que se oculta en el interior, una vez que se hace visible al salir, es el símbolo de la vida que se nos escapa, por ende es el símbolo de la muerte. Ésta es una de las distintas explicaciones que se realizan con respecto a esta fobia.


El tratamiento psicológico de este tipo de fobias va a tener ciertas características peculiares debido a la respuesta bifásica ya comentada. Aunque El tratamiento no difiere mucho del de otras fobias específicas, terapias conductuales, técnicas de relajación y de desensibilización sistemática  y la exposición gradual y tensión aplicada son las más utilizadas. Y aunque no es muy frecuente que muchos especialistas lo usen, también se pueden combatir de manera puntual con fármacos, como los beta-bloqueadores, ansioliticos. No obstante, lo aconsejable es eliminar la fobia de manera definitiva con las técnicas conductuales y recurrir a los fármacos solo en ocasiones muy concretas.

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