miércoles, 10 de septiembre de 2014

Motivos porque No logras tus Metas ( Estrategias y Soluciones)

Sucede en muchos ámbitos de la vida. Estamos más que dispuestos a alcanzar nuestras metas, lo deseamos con todas nuestras fuerzas. Pero al poco tiempo, nos desinflamos. La euforia, la emoción, la motivación decae, y cada vez vemos esos objetivos más lejanos e inalcanzables. Hay muchos motivos por los que las personas no alcanzan sus metas y se quedan atascadas en el camino hacia ellas, lamentando su mala suerte o reprochándose su falta de capacidad. Descubrir cuáles son tus motivos es el primer paso para cambiar las cosas.

1. Pesimismo. El pesimismo es uno de los principales inconvenientes para alcanzar cualquier cosa en la vida. El pesimista se viene abajo ante el primer obstáculo y abandona ante el primer inconveniente porque los considera como señales del fracaso al que está “predestinado”. Si no eres optimista puedes aprender a serlo. 

2. No tener un propósito grande. Muchas personas se plantean metas sin alma. Es decir, cosas que quieren lograr porque sí. ¿Quieres un auto nuevo? ¿Cuál es el propósito de tenerlo? ¿Quizás aumentar tu productividad para así poder ayudar a más gente? ¿O de pronto te interesa llegar más rápido a tus destinos para efectivamente cumplir con tus tareas diarias y poder dedicar más tiempo a tus hijos? Cualquiera que sea tu meta, asegúrate de que está atada a un gran propósito de vida.

3. No aceptar consejos. La gente que cree que lo sabe todo suele ser la que menos sabe, porque no se molesta en aprender ni en escuchar a los demás. Hay personas que tienen experiencia y conocimientos relacionados con la meta que deseas alcanzar. Escucha lo que tienen que decirte, lee libros, aprende, fórmate. Cuanto mayor sea tu conocimiento, más probabilidades tendrás de alcanzar tu meta.

4. Rodearse de gente que no logra sus metas. Si te rodeas de patinadores y te compras unos patines y vas con ellos a la pista a intentar aprender a patinar constantemente, ¿Qué crees que pasará en unos meses? Pues lo más probable, es que aprendas a patinar como ellos. De igual manera ocurre con lo malo y negativo de la vida. Si te rodeas de gente que no logra sus metas, tú adquirirás la habilidad que ellos tienen. Es por esto que las águilas no se rodean de gallinas.

5. Te centras en el resultado no en el proceso. No esperes a celebrar tus logros cuando llegues al final, premia tu actitud, tu esfuerzo, tu progreso, no el resultado. Lo que importa es lo que te estás esforzando. Así que a cada paso reconoce lo bien que lo estás haciendo y premiate de vez en cuando. Así conservarás la motivación durante todo el proceso.

6. Falta de determinación. La determinación, la perseverancia y la fuerza de voluntad son elementos imprescindibles para el éxito.

7. Eres demasiado exigente. Comprométete contigo misma y no busques excusas, pero sé flexible, si tienes que modificar tu objetivo no pasa nada. Las exigencias lo único que consiguen es hacerte sentir frustrada y enfadada cuando las cosas no salen como quieres, y como es muy probable que alguna vez no lo hagan, lo mejor que puedes hacer es ser flexible y adaptarte a los imprevistos.

8. No asumir la responsabilidad. Las cosas pueden salir mal, es parte de la naturaleza de la vida. Cuando no logras una meta (por ejemplo financiera), ¿Normalmente a quién culpas? La mayoría de la gente culpa a sus jefes, a sus compañeros, a sus gobiernos, a su país, a su sociedad… Pero nunca a sí mismos. Curioso, ¿Cierto? Pues es importante dejar de culpar a los demás y saber que sólo nosotros mismos tenemos la responsabilidad sobre nuestros actos.

9. Dejar que tus emociones te dominen. La ansiedad, la preocupación, la obsesión, los miedos (incluyendo tanto el miedo al fracaso como el miedo al éxito), las dudas, etc., pueden crearte muchos problemas a la hora de alcanzar tus objetivos. Por ejemplo, si los obstáculos o los problemas que surgen en el camino te hacen sentir muy mal, tenderás a huir y abandonar.

10. Dejar pasar las oportunidades. ¿Y si mientras estás desarrollando un proyecto alguien te propone colaborar? Tal vez no interese y hagas bien en rechazarlo, pero tal vez es justo lo que necesitas. En tu camino pueden aparecer nuevas oportunidades, aspectos que no habías tenido en cuenta, personas que pueden ayudarte de un modo u otro. Por tanto, ten los ojos bien abiertos y aprovecha esas oportunidades cuando surjan.

11. Escuchar a personas negativas. Cuando quieras lograr tus metas, especialmente aquellas que requieran esfuerzo y cambios trascendentales en tu vida, asegúrate de no estar cerca de gente negativa. La mayoría de las personas que no ha logrado nada en su vida tratará de detenerte y de decirte que no es posible lo que quieres. ¿Por qué? Porque ellos no se sienten dignos de que tú logres algo y que les demuestres que sí es posible, por lo tanto intentarán rebajarte a su nivel. No importa quienes sean, si te dicen que no puedes, ¡huye!

12. Falta de flexibilidad. Para aprovechar las oportunidades, como decía antes, hace falta ser flexible, pero la flexibilidad también te ayudará a adaptarte en el camino hacia tu meta. Tal vez el plan que trazaste al principio necesita algún reajuste por el camino. Tal vez te das cuenta de que la meta que te has propuesto no se puede alcanzar si no logras algo diferente primero. Es decir, tienes que ser lo bastante flexible como para poder adaptarte a las circunstancias cambiantes, a los retos y los obstáculos del camino, haciendo algunas modificaciones en tus planes si es necesario.

13. Empezar muchos proyectos al tiempo. Conozco muchísima gente que dice que son capaces de hacer “Multitarea”, que hacen varias cosas a la vez sin problema alguno. Especialmente las mujeres. Y desafortunadamente, esto no sólo está demostrado que es imposible a nivel cerebral, sino que además está comprobado que disminuye la productividad al máximo dejándote exhausto y sin que logres realmente nada. Enfócate en una cosa a la vez y verás la diferencia. “prever cada objetivo como si fuese el único”.

14. No tienes un compromiso del 100%. Si no lo entregas todo, lo que entregas es nada. El compromiso no admite medias tintas. Se tiene o no se tiene. No existen los ‘medios compromisos’. Compromiso es algo por lo que uno está dispuesto a darlo todo. Nada grande se ha logrado sin un compromiso incondicional.

15. Dejarte desanimar por los demás. No son los demás los que deben decidir tus metas, sino tú. Como explicaba más arriba, escuchar a los demás puede servirte de ayuda, pero si tratan de desanimarte y hacerte abandonar para que hagas lo que ellos digan, no se merecen que los escuches.

16. No saber lo que quieres o no tener metas claras. Si no sabes adónde vas es muy difícil llegar a ninguna parte. Por tanto, crear metas claras y realistas debe ser siempre el primer paso. Las metas vagas pueden ser también un problema. Por ejemplo, si estableces como meta perder peso, tienes más probabilidades de fracasar, porque es una meta bastante vaga. Es preferible ser más específico y decir: Quiero perder 4 kilos en 3 meses.

17. No es el momento adecuado para ti. En los tiempos que corren, en los que hay que hacer de todo y cuanto antes mejor, se nos olvida que no se puede hacer y tener todo a la vez; y esa puede ser una de las razones de que no consigas lo que te propones. Considera, según tus circunstancias y prioridades actuales, si este es el momento adecuado para llevar a cabo tus objetivos. Hay determinadas situaciones que son particularmente estresantes y requieren gran parte de tu tiempo,  en esos momentos es mejor esperar un poco para realizar algunos de tus objetivos. Como mencioné en el artículo de la semana pasada no tienes por qué hacerlo todo ahora mismo, hay cosas que pueden esperar. Quizá ahora no es el mejor momento para lo que te has propuesto, quizá supondría un estrés que dentro de unos meses o años no. Así que piensa, ¿tiene sentido que lo hagas ahora? Si no lo tiene, olvídate de ello hasta más adelante. Eso sí, no utilices esto como una excusa para posponer cosas.

18. No te pones en marcha. Tienes claro lo que quieres pero no das el paso. Quieres tenerlo atado, ver todo el camino por delante. Pero el exceso de planificación paraliza. La acción más pequeña vale más que la intención más grande. Somos lo que hacemos, no lo que pensamos, ni decimos, ni planeamos.

19. No hacerte responsable. Si culpas a los demás o a la mala suerte de los errores, obstáculos o fracasos, estás renunciando al control de lo que te sucede. Si quieres tener el control deberás hacerte responsable y dejar de culpar a otros. Ellos no van a solucionar tus problemas, sino que tendrás que hacerlo tú. Cuando uno asume la responsabilidad de su vida, deja de buscar culpables y empieza a centrarse en hallar soluciones.

20. No cultivas tu mente "Toda batalla ha de ser ganada antes de ser librada", dice Sun Tzu en El arte de la guerra. El éxito (en cualquier parcela: dinero, trabajo, relaciones) es en primer lugar mental. La riqueza es un estado de la mente. En lo que crees, te conviertes. Vives a la altura de tus creencias.

21. No quieres lo que dices que quieres. En otras ocasiones no es que no sepas lo que quieres sino que lo que dices que quieres en realidad no lo quieres. Desear no es decir lo que se quiere sino sentir lo que se quiere. Ya lo apuntaba Goethe: «Si no lo sientes, no lo lograrás».

22. Ser egoísta. Hay gente que cree que ayudar a otros es estúpido. Piensan en dar y no en recibir. Por lo regular estas personas no tienen dinero y tienen muchos problemas en sus vidas. Las principales maneras de hacerse rico y lograr un éxito aplastante, incluyen alguna forma de generar valor y beneficiar a muchas personas. Mientras más personas beneficies mucho más exitoso serás. Alcanzar tus objetivos requiere a menudo la ayuda de los demás. Si eres egoísta y no ayudas a nadie, tampoco habrá nadie ahí para ayudarte cuando llegue el momento. No te obsesiones tanto con alcanzar tus objetivos como para olvidarte del resto de las personas. Procura estar ahí también para ellos.

23. Hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. Algunas personas son especialistas en empezar muchas cosas y no acabar ninguna. Céntrate en una sola meta y préstale toda tu atención y energía. Cuando la hayas alcanzado, céntrate en la siguiente, pero no lo hagas todo a la vez porque tu atención se dispersará y estará descontrolada.

24. No es lo que realmente quieres. Cuando te propones algo que en realidad no quieres hacer, ya sea porque crees que debes hacerlo o porque otras personas lo esperan, es normal que  no encuentres ni tiempo ni motivación, al fin y al cabo no es lo que tú quieres. Por eso es importante que seas tú la que quiere conseguirlo, que sea importante para ti. Así que cada vez que te plantees un objetivo pregúntate si realmente quieres hacerlo y cuál es el motivo, la razón por la que quieres que salga adelante. Tener una razón que te parezca importante y que te entusiasme es lo que más te va a motivar.

25. No perseveras lo suficiente. La mayor parte de la gente quiere llegar demasiado rápido a destino, y al no conseguir resultados, desiste. Y ahí radica el asunto: no lograron sus objetivos porque no invirtieron las suficientes horas hasta dar con la tecla adecuada. Todo el mundo quiere coger atajos, pero no funcionan así las reglas del juego.

 26. La pereza. Alcanzar metas requiere esfuerzo y trabajo. Si eres de los que prefiere estar viendo la tele, enviando mensajes con el móvil o jugando a vídeo juegos todo el rato, no tendrás tiempo ni ganas para perseguir tus metas. Aléjate un poco de todos esos dispositivos distractores y dedica tiempo y trabajo a tus objetivos.

27. No eres disciplinado. Utilizas la gran especialidad del ser humano que es justificarse: “Por un día no pasa nada”. Pero sí, si pasa. El día que dejas de practicar un buen hábito te empiezas a instalarte en otro malo.

28. No te enfocas. Aprendiz de todo, maestro de nada. Inviertes más tiempo en empezar cosas nuevas que en terminar las ya empezadas. 

29. Estar inactivo. Para alcanzar tus metas necesitas energía. ¿De dónde sacas esa energía? Imagina que tienes una bicicleta con una luz que se enciente cuando pedaleas porque el pedaleo hace funcionar la batería. Las personas funcionamos de un modo parecido: túmbate en el sofá durante horas y te quedarás sin energía; sal a la calle a caminar, ha ejercicio o mantente activo de cualquier otro modo y tendrás más energía para ir a perseguir tus metas y alcanzarlas. No ver Mucha Televisión.

Estas son algunas de las razones más importantes del por qué demoras en lograr tus metas:
  • Falta de decisión.
  • Falta de organización.
  • Sentir baja tu autoestima y no trabajar en mejorarla.
  • No tener claro tus propósitos ni tu “para qué” de esos propósitos.
  • Esperar que todo esté “perfecto” para avanzar.
Te propongo las siguientes claves para enfrentar estos problemas:

1. Toma una decisión: Si tomas una decisión, no implica que esta sea terminante. Tomar una decisión implica que liberes una energía estancada para dar paso a la fluidez de las experiencias de esa situación que te está afectando. Que tomes una decisión ahora no significa que en el camino, si te das cuenta que quieres elegir otros rumbos o experiencias, no puedas ajustarla tomando otra. ¡Anímate! ¡Decide! Comienza ahora con lo que tienes.

2. Organízate: El tiempo es una interpretación que haces de cómo vives la vida. Depende de tí que te “hagas tiempo” y dejar de decir o pensar “no tengo tiempo” (que está expresado como si el tiempo “viviese” fuera de ti y no pudieses cambiarlo). Cambia tu pensamiento y comienza a “pararte” en los resultados, deja las excusas atrás y hazte tiempo para administrar tu tiempo. Pon prioridades; siempre una cosa es más importante que otra. Luego, comienza por la primera, sigue con la que sigue, etc. etc.

3. Trabaja en valorarte y en reconocer tus dones, capacidades y logros: Es muy importante que cada cierto tiempo, por ejemplo una vez al mes, te encuentres contigo mismo y trabajes en identificar,recordar y reconocer tus virtudes y lo bueno que has logrado en todos los años vividos. Recapitular los “tesoros” que te caracterizan te permitirá tomar conciencia de los recursos de los que dispones y recargar la pila de tu motivación para tomar decisiones y ejecutar las acciones que te lleven a conseguir tus metas.

4. Clarifica tus propósitos: Identifica qué es lo que quieres que pase en tu vida, qué necesitas, qué te hará feliz. Si no tienes claro que experiencias tú necesitas vivir que te otorguen bienestar, no podrás orientarte en forma consciente a elegir en el camino las situaciones, recursos y personas que te apoyarán en el camino para llegar a experimentarlas en tu realidad. Además de identificar cuáles son tus propósitos en todas las áreas de tu vida, es necesario que te expliques a ti mismo para qué quieres lograr esos propósitos. Cuando pienses en los motivos por los cuales quieres lograrlos, te darás cuenta que disminuirán tus pensamientos negativos y de resistencia en torno a ellos a la vez que agregas más claridad y poder a tus decisiones y acciones. Si expresas para qué quieres algo, estás concentrándote en la esencia de eso que deseas.

5. Enfócate en la excelencia: Deja de lado la perfección. Deja de lado lo que está mal. Deja de lado el error. No te enfoques en lo que falta. Concéntrate en los recursos que sí tienes a disposición, en lo que está bien, en todo lo que sí puedes lograr. Como se dice por ahí: ¡concéntrate en el vaso medio lleno!, pero sin negar lo que necesitas corregir o enderezar.

Qué puedes hacer para alcanzar tus metas

Muy fácil. Crear un mapa del tesoro. Un mapa que te indique dónde estás, y a dónde quieres llegar. Un mapa que te permita saber cómo alcanzar tus metas, y lo que te va a costar (en tiempo, dinero, esfuerzo o cualquier otro coste) conseguir esas metas. Un mapa que te permita llegar del punto A al punto B por el camino más rápido.
  • Lo primero que debes hacer es definir correctamente tu objetivo.
  • Lo siguiente es hacer que ese objetivo sea medible.
  • La siguiente característica que debe cumplir tu objetivo, es que sea alcanzable.
  • Otra característica es que tu objetivo sea relevante. Es decir, que sea lo suficientemente importante para ti como para poder mantener la motivación bien alta para conseguir hacerlo realidad, y lo suficientemente realista como para poder alcanzarlo.
  • Por último, pero no menos importante, tu objetivo debe tener una restricción temporal. Esto es lo que diferencia a las metas de los sueños. La gente que sueña, dice que conseguirá lo que se propone “algún día” la gente que quiere ver cumplidos sus sueños y sus metas, establecen plazos definidos.
En realidad son cosas sencillas pero necesariamente deberás implementarlas y tomar acción en tu vida para poder ver resultados. Pregúntate si realmente quieres hacerlo y cuál es el motivo, la razón por la que quieres que salga adelante.

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