miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los Niños ante la Separación de los Padres

Todo niño que tiene una familia crece con la idea de esta es para siempre. Una ruptura como el divorcio de sus padres es una experiencia muy fuerte para ellos. Dado el elevado número de separaciones entre parejas que se producen hoy en día, son muchos los niños afectados por esta situación.
Los niños (que experimentan el divorcio de sus padres) están distraídos en clases, decaídos, más pensativos o callados. Si es una niña muy sociable o alegre, el cambio es notorio y puede reflejarse en las notas. Hay niños más irritables o intolerantes, con un fastidio interno.
  • Los sentimientos que suelen vivir estos niños son de tristeza, ansiedad o culpa, pues a veces piensan que algo que hicieron ocasionó la separación; otros se bloquean pues el divorcio es una experiencia fuerte que no quieren conectase con sus emociones sobre todo al inicio.
  • En la primera etapa de la separación los niños pueden presentar trastornos de sueño o sientan miedo al abandono de ambos padres.
  • Es frecuente que estén más irritables de lo normal.
  • Pueden aparecer también conductas de tipo regresivo (por ejemplo hacerse pípí cuando ya no se lo hacían, volver a usar pañales) o que aparezcan síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal...) que expresan el malestar secundario a la separación de sus padres.
  • Pueden mostrarse más retraídos o agresivos, ansiosos o angustiados.
  • El llanto puede ser frecuente: puede tranquilizarlos, es necesario acompañarlos y favorecer que expresen el dolor que sienten.
  • Hasta que no aceptan que volver a juntar a sus padres es imposible pueden mostrarse tristes e infelices.
  • Pueden aparecer situaciones de "chantaje emocional" cuando uno de los dos padres los regaña: es importante no caer en ese "juego" del niño.
  • Pueden aparecer también trastornos del sueño, la alimentación o el rendimiento escolar.
Recomendación para los padres:
  • Los padres deben dejar claro a sus hijos de que los padres se divorcian, los hijos no.
  • Es importante que ambos padres hablen juntos con el niño y no lo hagan por separado para evitar dar mensajes diferentes y causarle confusión. La comunicación “debe ser clara, concreta, sin dar mucho detalle y sin mentiras”. Tienen que ponerse de acuerdo sobre qué se le va a decir al niño. No tanto el detalle sobre qué pasó, sino explicarle el por qué en forma genérica diciéndole que ‘no logramos comprendernos, papá y mamá se han estado peleando mucho, debemos darnos un tiempo´”.
  • Los hijos no son la terapia de los padres, ni tan siquiera el bastón en el que se apoyen. Cuándo más cueste a los padres superar la ruptura, más le va a costar a su hijo asumirla.
  • Es importante explicarle que la separación es un problema de los padres y que los niños no tienen nada que ver con el asunto. “Los hijos que atraviesan esta situación pueden responsabilizarse o culpabilizarse por las dificultades entre los padres”.
  • Emplea un lenguaje claro, ajustado a su edad y madurez, para hablarle de la situación en la que se encuentra la relación.
  • Es necesario explicitarles a los niños el amor que se les tiene a cada uno de ellos. “Hay que tener más detalles y ser explícitos a ese nivel. Como algo se ha quebrado, el niño puede pensar que ya no lo quieren”.
  • No manifestar los desacuerdos de pareja delante del niño.
  • Es indispensable propiciar espacios donde los niños puedan expresar el tema, sus emociones y pensamientos.
  • Los padres deben estar al tanto de los cambios de conducta de los hijos. Observar si algo ha cambiado en sus hábitos de alimentación, sueño, de estudio. No hay razón para alarmarse. Si los padres se mantienen firmes en su educación y cuidado, todo volverá a la normalidad en muy poco tiempo. No se puede volcarse en exceso en los hijos ni tampoco dejarles hacer lo que quieran.
  • Evite incumplir con lo que le promete al niño.
  • Si ya no existe una relación afectiva no es bueno que salgan en familia ( solo cuando sea necesarios, ej. Eventos, salidas de la escuela, etc.) Y organícese para que el niño tenga un espacio con papá y mamá por separado.
  • Cuida los comentarios que haces del otro progenitor delante del pequeño: recuerda que es su padre/madre.
  • Los padres deben evitar enfrentamientos entre ellos mismos. Vivir enfrentado obliga a odiar y el odio no aporta nada a los niños.
  • Es bueno establecer límites entre los padres.
  • Cuando la separación genera mucho conflicto a la pareja hace mucho daño a los niños. Es importante que los padres sean lo más racionales y busquen algún apoyo externo si saben que no pueden la relación con la pareja.
  • Fijar la custodia, régimen de visitas, y demás asuntos relacionados con el menor cuanto antes es siempre beneficioso para el niño. Más aún si lo hacen de mutuo acuerdo. Es importante no utilizar nunca al niño para chantajear a la pareja.
  • Los padres deben ayudar a los hijos a que entiendan que sus hábitos de vida van a cambiar y que tendrán que construir sus nuevas rutinas. Los niños deben acostumbrarse a disponer de uno u otro, en casas y ocasiones distintas. La normalidad en la vida de los padres provoca normalidad en la vida de los hijos.
  • Siempre se recomienda a los padres a que afronten la separación con la madurez suficiente, de manera pacífica y respetuosa, asumiendo que la estabilidad de sus hijos depende en gran medida de ellos.
Puntos básicos a tener en cuenta:
  • Es fundamental que los padres sepan desvincular sus problemas como adultos (procesos judiciales, régimen de custodia, etc.) de las necesidades de sus hijos ante una separación. Es decir, independientemente de nuestras diferencias personales, hemos de ser capaces de consensuar un proyecto educativo común. Los niños deben percibir complicidad y compromiso incondicional de sus progenitores hacia ellos aunque ya no vivan juntos.
  • Una de las peores situaciones que se puede producir es que uno de los padres intente manipular al hijo en contra del otro (hablarle mal, culpabilizar a la otra parte, crear incertidumbres, etc.). También que alguno de ellos (quizás con mayor poder adquisitivo) le colme de regalos o juguetes para ganar su afecto. El afecto de los hijos sólo se gana dedicándoles tiempo, comprensión y afecto incondicional, nunca con bienes materiales exclusivamente.
  • Evidentemente deberemos evitar cualquier discusión delante de ellos y crear más angustia. No obstante, desde el mismo momento de la separación deberemos hablar con nuestros hijos y enfatizar especialmente aquello que nos une más que lo que nos separa. Explicar (adecuándolo a su edad) la decisión tomada y que, en todo caso, ellos van a seguir disponiendo incondicionalmente de sus padres. Que es mucho lo que les une y seguirá uniendo. Evitar excesivos detalles de las causas de la misma. Procurar también que los hijos no se sientan en una u otra medida culpables de la situación.
  • No caer en el error de utilizar al niño como mensajero o espía de lo que sucede en casa del otro progenitor.
  • Ambas figuras paternas son importantes para el niño. La madre, pero, es la principal figura de vinculación, especialmente hasta los 5 o 6 años. Por tanto, es muy arriesgada, una separación maternal traumática (aunque sea temporal) y sólo debería contemplarse en casos extremos de evidente incompetencia o enfermedad física o mental de la madre.
  • Recordemos que la separación en los hijos, especialmente en los más pequeños, produce una pérdida de los referentes principales que los mantienen seguros delante el mundo exterior. Su forma de reaccionar, según edad, puede pasar de un incremento de miedos, inseguridad y baja autoestima a manifestaciones de tipo conductual (rabietas desobediencia, etc.). La forma, pues, de combatirlo es precisamente reforzando la vinculación afectiva. Una forma de hacerlo es mantener unos espacios comunes en los momentos de transición de un hogar al otro. Por ejemplo, es habitual que la madre deje al niño por la mañana en la escuela y por la tarde lo recoge el padre. En la medida de lo posible se aconseja que durante la transición de hogar ambos padres dediquen un espacio común (aunque sea corto) para intercambiar información del niño y transmitir la sensación de complicidad e interés por su futuro. Esto puede hacerse mediante una breve merienda o encuentro en algún parque.
  • Otro de los problemas que suelen surgir es el papel de las nuevas parejas de los respectivos padres. Estas figuras pueden establecer también vínculos afectivos con los hijos de sus parejas pero también ser una fuente de problemas si cuestionan algunos de los principios educativos establecidos por los padres. En todo caso no podemos imponer la aceptación de nuestra nueva pareja a los hijos y forzar un nuevo padre o madre. No obstante, la vinculación afectiva hacia unos u otros dependerá de los recursos que cada uno dediquen al niño y así lo perciba.
  • En algunos casos se intenta compensar el estrés que produce la separación en el niño con regalos y concesiones que, normalmente, no se harían. Hay que evitar ese exceso de permisividad y actuar siempre de común acuerdo con el otro progenitor. Esto evita entrar en el juego afectivo del niño.
  • La separación produce al igual que otras pérdidas en la vida un proceso de duelo. El período de duración dependerá de cómo se ha afrontado por parte de los diferentes agentes y de la edad del niño. Normalmente antes de un año los niños suelen haberse adaptado a su nueva situación y no deberían presentar problemas significativos al respecto.

1 comentario:

  1. Excelente artículo con estupendas reflexiones y recomendaciones. Lo sugeriremos ampliamente a las mamás y papás que nos visitan en terapia de pareja.
    Saludos¡

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