martes, 8 de diciembre de 2015

Perfil Psicológico del Secuestrador

Tratar de comprender el perfil psicológico de un secuestrador supone hacer abstracción momentánea de las razones y justificaciones que el plagiario tiene para explicar su conducta. Los secuestradores dan cuenta de su comportamiento aduciendo razones políticas, venganzas y por una situación económica precaria. Razones que independiente de su validez esconden también un modo de ser con ciertas características.
Los factores que determinan la personalidad del secuestrador se forman y consolidan a través de la vida. Se trata de experiencias primarias internalizadas, propias e intransferibles que determinan el comportamiento general del secuestrador y explicarían, en parte, su tendencia a la trasgresión de las normas sociales que regulan la comunidad donde habitan. Estas experiencias primarias son de carácter inconsciente, lo cual indica que el plagiario no puede recordarlas. Posiblemente las sienten como una compulsión a obrar y las justifiquen con razones válidas para sí mismos que si hace conscientes.

Por extraño que parezca, no son muy diferentes al ciudadano promedio del país. Su edad oscila entre los 22 y los 35 años pero en general los secuestradores no rebasan los 31 años, son personas que están casadas y además tiene alrededor de tres hijos. Con antecedentes delictivos principalmente en los delitos patrimoniales. Proviene de una familia disfuncional, muchas veces es adicto a las drogas. Su ocupación más frecuente es la de comerciante informal o chofer y sueña con integrarse a un sector socioeconómico superior al que pertenece. Es el "genoma" del secuestrador.

Llama la atención en énfasis que hacen en calificar siempre a los secuestradores como inmaduros y limitados en su capacidad de discernimiento y toma de decisiones y en considerar que tienen una pobre preparación intelectual.  También hay delincuentes comunes por ausencia de rasgos definidos, más se caracterizan por la indisciplina, en consumo de drogas, las discusiones permanentes y por la violencia física y psicológica que ejercen contra los secuestrados, originada en el mero placer sádico de hacerlo. El secuestrador se caracteriza por su capacidad calculadora, no son tan agresivos como los homicidas, pueden estallar, pero no perder el control. Por su parte, las mujeres homicidas son más emocionales, pero también más explosivas. “Agreden de manera exagerada porque tienen ese potencial, pueden ser más verbales, pero también muy impulsivas. Tienen alteraciones cognitivas intensas, de reacción extrema, después de que aguantaron muchos años de agresiones”.

El secuestrador tiene rasgos sociopáticos, son impersonales, no se conectan fácilmente con los otros y siempre buscan su beneficio.  Además de recibir dinero o de explotar de alguna manera a sus víctimas, estos delincuentes suelen elegir dicha forma de extorsión porque les hace sentir poder: controlar a otras personas es algo que casi siempre anhelan. En la mayoría de los casos, los captores disfrutan de la influencia física y psicológica que ejercen sobre el retenido o su círculo cercano, dándoles una sensación de dominio sobre el entorno.

La personalidad de los secuestradores se asocia con la falta de empatía, es decir la incapacidad de ponerse en el lugar del otro. En general son delincuentes que han sufrido cierto tipo de abuso en algún momento de su vida, buscando con este comportamiento recuperar el control alguna vez perdido.

Los secuestradores intelectuales presentan rasgos narcisistas predominantes. Los que se encuentran limitados para formarse juicios objetivos sobre la realidad de su entorno, viven una vida de fantasías exaltadas,  sienten un deseo intenso de ser admirados y universalmente amados, sueñan con ser el centro de adoración de los demás y ver al mundo entero rendido a sus pies por hazañas grandiosas que construyen en sus ensueños. Creen que la comunidad se va a poner en pie de guerra para respaldarlos en sus demandas y, necesariamente, sufren una desilusión cuando sus perentorios llamados no producen la respuesta esperada. Estas fantasías grandilocuentes hacen que en la vida cotidiana sean torpes y estén orientados más bien hacia el fracaso.

Otro motivo que puede llevar a este acto criminal es el placer de engañar al mundo exterior: los secuestradores son personas que suelen aparentar llevar una vida normal, siendo agradables con su entorno. Este peligroso disfraz les permite salirse con la suya, sin recibir ningún tipo de sospechas.
Los secuestradores se caracterizan por su frialdad, alta peligrosidad, insensibilidad, agresividad, egocentrismo, indiferencia afectiva y la manifestación de conductas antisociales. Al disponer totalmente de la libertad, la integridad y la vida misma de la víctima, el delincuente exhibe violencia, con objeto de demostrar su fuerza y su decisión de destruir, frente a la desprotección de la víctima. Son personas capaces de ejecutar a sus víctimas sin ningún -o muy pocos- reatos de conciencia. Con su actitud buscan deshumanizar psicológicamente a los secuestrados, y distanciarse de los afectos y penalidades inherentes a la situación de cautiverio. Pero lo anterior no implica que desdeñen las necesidades del secuestrado. Por el contrario, este tipo de secuestrador es un maestro de la introspección psicológica, captan intuitivamente todas aquellas debilidades del secuestrado que pueden utilizar a su favor, y que les garantiza su control y la obtención del beneficio del rescate. Los afectos del secuestrado, su angustia, sus súplicas, los ruegos de los familiares, son contemplados por estos secuestradores, pero de un modo alejado e impreciso, sus propias emociones están ligadas al cálculo racional que hace para garantizar el éxito del plagio. Después que el secuestrado ha concluido,  el plagiado deja de existir en su memoria, no queda perturbado por la acción que llevó a cabo, ni por la posible secuela que la experiencia haya dejado en la persona liberada. El secuestrador deliberado presenta bastantes elementos de psicopatología, particularmente la falta de afecto y un desconocimiento de que la reciprocidad es necesaria en las relaciones con los demás.

Son manipuladores (tienden a dar vuelta la situación), mentirosos, promiscuos, impulsivos. Necesitan ser activos, tendencia a la hiperagresividad, ausencia de remordimiento, no aprenden de las experiencias pasadas, son refractarios al castigo (no escarmientan), no hay afectos, tienen incapacidad de amar, tienen poco poder de atención y concentración. La mayoría de los secuestradores tenían hiperconservada la esfera intelectual: “Memoria, Percepción y Juicio de la realidad”.

Comúnmente eran individuos orientados en tiempo y espacio, con un excelente funcionamiento de las facultades mentales. Por lo general desde los quince años en adelante presentaban antecedentes de características antisociales (robos, huidas, deserción escolar, etc.).

La característica principal del secuestrador es su amoralidad. La personalidad es anómala porque posee una desarmonía intrapsíquicacongénita, posee un inestable equilibrio psíquico sin perder el contacto con la realidad, posee episódicamente reacciones desequilibradas, afectivas, caracterológicas y temperamentales; esto lleva ineludiblemente a un desajuste social. Su conducta violenta no procede de una crisis sino que sus planes tienen un arreglo perfecto y no duda en usar los medios más brutales.

Generalmente acude a la mentira y él mismo las cree. Es teatral, falso y carente de una auténtica afectividad. Muchos secuestradores se caracterizaba por el contraste entre sus súbitos arranques de ira y sus restantes comportamientos, más bien tranquilo y lento.

Los secuestradores que están relacionados con la delincuencia organizada prefieren a los comerciantes y estudiantes como víctimas.

Existen en el país tres tipos de secuestros: los de alto impacto, los vinculados a la delincuencia organizada y los coyunturales o exprés.

Los de alto impacto son ejecutados por grupos armados de corte radical, para obtener recursos económicos y financiar proyectos político-ideológicos y de desestabilización. Estos plagios se ejecutan con un alto grado de sofisticación tanto en la planeación como en los procesos de cautiverio y negociación. Los montos cobrados por rescate son millonarios y exigidos siempre en dólares. Hace ya casi un lustro que no se sabe de un secuestro de este tipo en el país.

Los secuestros vinculados con la delincuencia organizada son perpetrados por bandas de delincuentes para obtener recursos económicos. Las bandas están integradas por ex convictos y delincuentes, que han evolucionado a secuestradores partiendo de delitos menores. Así como por policías y ex policías de corporaciones federales, estatales y municipales.

Los exprés y coyunturales son aquellos que están relacionados con el robo y la extorsión, así como con venganzas personales y de tipo pasional.

En su evolución criminal, el primer nivel que escalan en la pirámide de la delincuencia es el del robo a transeúntes. El siguiente paso hacia arriba es el robo a casa habitación. Después se dedican al robo de vehículos y de carga para más adelante dedicarse al robo de transportes de valores y bancos.

Después de esta última actividad se asocian con secuestradores, ex convictos, policías o ex policías y forman parte de alguna banda de plagiarios. Algunos de ellos terminan por formar y dirigir sus propias organizaciones.

En cada uno de los niveles de su evolución criminal, los delincuentes van adquiriendo la necesidad de ejercer mayores niveles de violencia y de utilizar armas más poderosas, por lo que su nivel de peligrosidad va creciendo. Muchas veces esta carrera delincuencial es impulsada por el consumo de drogas.

La conducta delictiva “no es por generación espontánea”, sino que surge por diversos factores asociados a la situación sociodemográfica, lo mismo que los motivos de incidencia y reincidencia.

Al cruzar variables como edad, sexo y escolaridad, determinaron que existe una tendencia mayor a delinquir en la etapa productiva, es decir, entre los 18 y 40 años de edad, y si un preso se adapta al medio penitenciario y adopta conductas para sobrevivir, entonces está lejos de la readaptación social.


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