sábado, 27 de febrero de 2016

Romasanta Perfil Psicológico: Licantropía Clínica

Fue un psicópata criminal y único caso documentado de licantropía clínica (refiriéndose a la enfermedad mental, no al ser mitológico) en España que llegó a cometer varios crímenes en el siglo XIX.
“Se define como licantropía clínica a un síndrome psiquiátrico que provoca una alucinación en la persona afectada que la hace creer que es o puede transformarse en un animal. Su nombre está conectado con la condición mítica de la licantropía, una aflicción sobrenatural por la cual las personas dicen que pueden transformarse en lobos. El término teriantropía también se usa a veces para nombrar este tipo de alucinación, aunque no necesariamente tiene que ser un lobo el animal en cuestión”.

Es uno de los más interesantes y estudiados de la criminología española, pues se decía que el propio Romasanta era un licántropo. Durante años asesinó aproximadamente nueve personas, entre mujeres y niños. Cuando fue arrestado alegó que una maldición le poseía y se transformaba en un lobo que atacaba a sus víctimas.

Manuel Blanco Romasanta nació un 18 de noviembre de 1809 en la localidad de Regueiro, en la aldea de Santa Olaia de Esgos. Sus padres, de escasos recursos económicos, fueron Miguel Blanco y María Romasanta. Su partida de nacimiento está consignada como Manuela, pues se creyó que era una niña. Era de aspecto físico normal aunque medía solo 137 cm, rubio y de facciones consideradas por algunos historiadores como "tiernas". Romasanta trabajó como sastre y era considerado inteligente y culto para la época, pues sabía leer y escribir.

Romasanta sufría de pseudo-hermafroditismo femenino, una condición que solo afecta a uno de entre cada 10.000 o 15.000 nacidos, aproximadamente. Esta condición haría que, naciendo mujer, segregue una cantidad tan grande de hormonas masculinas que sufra un periodo de masculinización en el que desarrolle características de hombre. Así se explican su barba y otras cosas, y se cree que, debido a esa condición, su clítoris habría crecido tanto que parecería un micro-pene… También se sabe que el pseudo-hermafroditismo femenino genera episodios de fuerte agresividad, y ello ha motivado la especulación de que su trastorno sexual pudo haber participado en el origen de su conducta criminal. Resulta así natural, a partir de la explicación dada, el que Romasanta desde pequeño haya realizado tareas femeninas como coser, bordear, calcetear y cortar trajes y vestidos.

Pero advierto: "Eso no quiere decir que todas las personas que tengan este síndrome sean violentas". Insisto en que si sabemos que este hombre era violento y que puede tener una alteración de los andrógenos, es muy fácil vincular el exceso de andrógenos con la conducta violenta. Es probable que tuviera una anomalía hormonal que interrumpiera su crecimiento en la pubertad.

Ya a sus 21 años, Romasanta se casó (le gustaban las mujeres, era psicológicamente más hombre que mujer) con Francisca Gómez Vázquez, un jueves tres de marzo de 1831. Francisca era vecina suya en la aldea de Soutelo.

“La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre”.

Romasanta nunca desistió de hacer creer que se transformaba en hombre-lobo, pero los médicos de la corte no le creyeron. Dice de él el informe médico:  “se evidencia que el Manuel Blanco no es loco, ni imbécil, ni monomaniaco, ni lo fue, ni lo logrará ser mientras esté preso, y por el contrario de los datos referidos resulta que es un perverso, consumado criminal, capaz de todo, frío y sereno, sin bondad”

Sin embargo el cuento del hombre lobo no recibió credibilidad en las cortes, y los médicos consideraron que era un montaje, escribiendo sobre Romasanta en el informe médico:

“Manuel Blanco calcula medios, mide y combina tiempos, modos y circunstancias, no mata sin motivo, ni acomete sin oportunidad; conociendo que hace mal se oculta, seduce para robar; mata para ocultar, reza para seducir; conoce el deber y la virtud para desoírlos; luego de su conformación de sus actos, de su historia, de sus disculpas mismas se evidencia que el Manuel Blanco no es loco, ni imbécil, ni monomaniaco, ni lo fue, ni lo logrará ser mientras esté preso, y por el contrario de los datos referidos resulta que es un perverso, consumado criminal, capaz de todo, frío y sereno, sin bondad y con albedrío, libertad y conocimiento; el objeto moral que se propone es el interés; su confesión explícita fue efecto de la sorpresa, creyéndolo todo descubierto; su exculpación es un subterfugio gastado e impertinente; los actos de piedad una añagaza sacrílega; su hado impulsivo una blasfemia; su metamorfosis un sarcasmo”.

Fue pues por la reina Isabel II que se salvó Romasanta. Hoy la gente habría empleado la palabra “psicópata” para referirse a él, aunque, si buscamos los diagnósticos precisos que los especialistas actuales emitirían, podríamos citar lo que David Simón Lorda y Gerardo Flórez Menéndez escriben en El Hombre-Lobo de Allariz (1853): Una visión desde la Psiquiatría actual. 

A saber: ‹‹…los datos biográficos del caso del “hombre-lobo” Manuel Blanco Romasanta así como lo que podemos inferir de los informes de los médicos que lo reconocen en Allariz, no indican que estemos ante un proceso psicótico sino más bien ante un caso de un trastorno de la personalidad. El pragmatismo y la obtención de beneficio a cualquier coste, siempre ajeno a su persona, aunque con don de gentes y seducción, orientan hacia un trastorno de personalidad. El recuerdo íntegro y la planificación de los hechos, en principio nos descartarían una epilepsia y el descontrol de impulsos ligados a esta entidad (…). Afinar un poco más en qué tipo de trastorno de personalidad puede ser tarea difícil, pero nos inclinamos por el Trastorno Antisocial de Personalidad (…), o por un diagnóstico de “Psicopatía” en la línea de R. D. Hare.››

Según los estudios del CIAC es probable que Romasanta portase además algún arma con la que ayudarse en la comisión de sus asesinatos, ya que según la documentación que obra en poder de CIAC, incluyendo descripciones forenses de Manuel Blanco, tan sólo medía 1, 37 cm. de estatura, siendo un hombre que difícilmente poseería la fuerza física suficiente para matar tan solo con sus manos a las mujeres y niños, y sobre todo a los hombres de cuyas muertes se confesaba autor. Todos estos elementos hacen suponer a los especialistas que Romasanta encaja perfectamente en la clasificación de psicópata.

Más tarde alegaría que lo que sufría no era una maldición sino una enfermedad. Además declaró recordar todo lo sucedido una vez transformado de nuevo en ser humano, lo que fue decisivo para su sentencia. La defensa del reo argumentó que no se podía probar un asesinato con una única confesión, aunque ésta fuera la del propio acusado. La sentencia llegaría el 6 de abril de 1853, cuando Romasanta contaba cuarenta y cuatro años: se consideró que ni estaba loco ni era idiota o maníaco, con lo que fue condenado a morir en el garrote vil y a pagar una multa de 1000 reales por víctima.

Un hipnólogo francés que había seguido el caso envió una carta al Ministro de Gracia y Justicia en la que expresaba sus dudas acerca de si Romasanta padecía o no licantropía. Aseguraba haber curado a otros pacientes con la hipnosis y pedía que, antes de ejecutarlo, le dejaran hipnotizarlo. También solicitó la intervención de la reina Isabel II, que a su vez pidió al Tribunal Supremo que revisase el caso. Tiempo después, Isabel II firmó una orden para liberar a Romasanta de la pena capital, reduciéndose ésta a la perpetua.

Aproximación al perfil Psicopatológico Psiquiátrico

Sus delitos perfectamente  planificados. Selecciona a sus víctimas (generalmente viudas sin recursos y madres solteras con hijos de corta edad), aparentemente afable, las seduce con promesas de prosperidad, y las mata para luego despedazarla incluso devorarlas, haciendo desaparecer sus cuerpos. Negocia con beneficios propios con la posesiones de las víctimas y emplea el engaño y la mentira, falsificación con su misma familia. Parece frio y carente de escrúpulos. No muestra resonancia afectiva con la consecuencia de sus actos, ni manifiesta arrepentimiento alguno, es un “analfabeto emocional”, incapaz de expresar sentimientos de culpa. Proyecta en el entorno la responsabilidad de sus actos, justifica crimines atribuyéndolos a un maleficio. (Su abogado defensor alega el padecimiento de una enfermedad mental).

Dx: Trastorno antisocial/disocial de la personalidad

El Hecho de que el asesino aludiera a su transformación del hombre lobo para justificar sus crimines, nos obliga a excluir otras posibilidades:
  • Una psicosis esquizofrénica, con ideación delirante relativa a ser hombre lobo, usa el mito como significado simbólico de dominio y violencia y por ser culturalmente comprensible en esa época.
  • Tras. disociativo de la personalidad, podría descartarse pues dichos actos parecen planificados voluntariamente.
  • La planificación y ausencia de otros signos permitir excluir crisis parciales del polo epiléptico y de un tras. Especifico del control de impulso de tipo explosivo intermitente.
Si valoramos este caso desde el marco psiquiátrico-forense actual, podríamos platearnos otra vez la a cuestión que hace 2 siglos la administración justicia ¿Actuaba Rosamanta para perpetrar sus actos que le imputaron movidos por la locura? El resultado fue categórico lo tildaron de “consumado criminal” que actúa con libertad y conocimiento. Pero ¿mantendríamos la misma conclusión en el paradigma psiquiátrico y legal actual? Ya que actualmente la imputabilidad puede definirse como “la capacidad de culpabilidad” podremos coincidir en la apreciación que este personaje presentaba un TAP, ó tambien mostrarse en desacuerdo con respecto a la cuestión de la imputabilidad… 

Evidentemente su primera declaración parecía el delirio de un demente. Sin embargo Romasanta resistió el examen de seis médicos y psiquiatras que certificaban su cordura legal, además se demostró que había vendido enseres personales pertenecientes a los desaparecidos y por si esto no fuese bastante, condujo a los letrados hasta los lugares donde afirmaba haber cometido sus crímenes, siendo descubiertos restos humanos en algunos de ellos. A partir de ese instante el destino de “el hombre-lobo” estaba marcado.

Por otro lado Romasanta vivió una infancia difícil. Huérfano de padre y víctima de una educación represora, en su primera edad pudo gestarse en su mente la semilla de la psicopatía que, con el paso de los años lo convertiría en el más brutal asesino en serie de la historia criminal española

“La imaginación popular echó alas y  a la leyenda del hombre lobo. Manuel escapó de la cárcel y hoy en día, el hombre lobo de Allariz vaga por los bosques buscando nuevas presas, todavía hoy, en ciertas noches de plenilunio, se puede escuchar su terrorífico aullido, mientras acecha entre las sombras a alguna joven doncella, con cuyas tiernas carnes saciar su inagotable apetito....”

martes, 23 de febrero de 2016

Perfil Psicologico de un Consumidor Compulsivo

Consumir con desenfreno parece ser una de las principales consignas del siglo XXI. Los persuasivos mensajes publicitarios, la insatisfacción personal o el simple afán de poseer pueden llevarnos a la adicción al consumo, un trastorno de la conducta que requiere un abordaje psicológico serio.
Resulta obvio que vivimos en una sociedad consumista, y que desde los medios de comunicación se nos anima continuamente a gastar nuestro dinero. La suma de la adicción al consumo, las tarjetas de crédito y las rebajas dan origen a un cóctel explosivo, ya que las rebajas están basadas en la impulsividad y en la idea de que hay que aprovechar las oportunidades, lo que supone una excelente excusa para el consumidor compulsivo donde intenta mejorar su autoestima y satisfacer necesidades emocionales. Socialmente, hablamos de los despilfarradores como compradores compulsivos. Pero, ¿qué caracteriza a los compradores compulsivos? ¿Te has preguntado alguna vez si quizás gastas demasiado? ¿Sientes que el dinero te quema en las manos cuando lo tienes?.

Causas

La falta de sentido en nuestra vida, carecer de un horizonte, percibirnos inútiles o innecesarios, y los sentimientos de tristeza, apatía, desconfianza hacia las propias aptitudes o habilidades, aburrimiento y frustración, no sentirse bien con ellos mismos, pueden ser más vulnerables a la publicidad y provocar el deseo incontrolable de comprar objetos que no necesitamos. Preexistencia de rasgos psicológicos específicos como ser caprichoso e impulsivos, pueden tener un nivel alto de ansiedad en relación con la compra. El problema surge cuando esto se convierte en costumbre y se pierde el control, se crea dependencia psicológica.

Perfil

El perfil del consumidor compulsivo es el de un hombre o mujer de entre 20 y 55 años de edad, de clase media y medio urbano. No obstante, las mujeres han mostrado ser mucho más adictas a los estímulos de consumo. Comúnmente el perfil típico del comprador compulsivo es una mujer, en torno a la treintena.

Los adictos a las compras suelen mostrar una personalidad impulsiva, una baja autoestima y ansiedad o depresión. De hecho, tratan de compensar la poca autoestima a través de la compra de productos, pues esto satisface momentáneamente esa sensación de vacío que les acompaña. Sin embargo, la compra compulsiva crea en realidad un círculo vicioso, cuanto más compran, más vacíos se sienten. Muy a menudo la necesidad obsesiva de gastar es un síntoma de algún trastorno psicológico. La compra compulsiva es muy frecuente en el contexto de los estados hipomaniacos, cuando la persona se encuentra especialmente eufórica, como un signo más de su conducta expansiva en muchos casos. Se destaca que muchos compradores compulsivos son en realidad enfermos depresivos. No es infrecuente que la compra compulsiva se acompañe de trastornos de la alimentación, especialmente bulimia y ocasionalmente de cleptomanía. Se ha detectado en compradores compulsivos un tipo de personalidad con fuertes tendencias hedonistas dirigidas hacia el consumo.

El comprador compulsivo es eminentemente racionalizador, la cual es una estrategia cognoscitiva que implica inventar razones plausibles y aceptables para ocultar las explicaciones reales de sí mismo. En ocasiones actúan inconscientemente para eliminar el sentimiento de culpa que los agobia.

Cuando el comprador compulsivo se encuentra en una etapa avanzada de neurosis, llega a incurrir en el uso excesivo de sus tarjetas de crédito u otra forma de obtener dinero, incluso robando. Otras consecuencias psicológicas de la compra compulsiva son la angustia, la depresión, los remordimientos, la vergüenza y la baja autoestima.

Todos los síntomas anteriores provocan un alto nivel de estrés, que puede acarrearle a las afectadas enfermedades como la úlcera, hipertensión, depresiones profundas y frecuentes dolores de cabeza.
Este rasgo, junto con la compulsividad y un nivel relativamente alto de ansiedad en relación con la compra, configuran el perfil psicológico del adicto.

Epidemiologia: Asociaciones entre TP compulsivo-obsesivo, histriónico, esquizoide, antisocial y tras. Especifico a una sustancia. 

El gasto compulsivo del dinero puede estar detrás de muchos conflictos de distintos ámbitos de la vida del despilfarrador: el familiar, el social, el laboral o el sentimental. El comprador compulsivo suele mostrar falta de empatía hacia su entorno cuando despilfarra el dinero (gasta el dinero que, por ejemplo, debía ser destinado a un tratamiento para mejorar la salud de alguno de sus familiares), aunque después suele recapacitar y darse cuenta de su error, ya demasiado tarde, lo que le hace caer en la ira. Probablemente se prometerá que no volverá a actuar del mismo modo, pero acabará haciéndolo.

La compra compulsiva se desarrolla, por dos mecanismos: en unos casos este hábito inadecuado se adquiere básicamente a fuerza de repetir una conducta que en un principio resulta agradable y luego se realiza de forma compulsiva, mientras que en otros esta conducta hay que entenderla predominantemente como una evasión, como una forma inadecuada de hacer frente a los problemas personales.

El sobre-endeudamiento hace que los trastornos de ansiedad, depresión o frustración que subyacen bajo este tipo de adicciones queden en un segundo plano y dejen paso a un verdadero problema económico que lleva a la quiebra familiar.

El adicto al consumo “dedica a las compras más tiempo del que dispone en detrimento de otras actividades, como las familiares o laborales, pudiendo originar casos graves de absentismo, pérdida del puesto de trabajo o destrucción del núcleo familiar”. Todo esto también puede llevar al abandono de la higiene personal, problemas en las relaciones con los demás o a la marginación social en los casos extremos.

 Tratamiento

Las personas que presentan una conducta adictiva suelen tener muy baja autoestima, personalidad impulsiva, problemas de ansiedad o depresión. Estos cuadros deben ser tratados de manera convencional, bien a través de terapias o fármacos, para abordar a continuación los problemas específicos de la adicción al consumo. Se emplean técnicas de autocontrol, terapias cognitivo conductuales, de grupo o de autoayuda, en las que se produce un intercambio de experiencias entre personas que sufren los mismos problemas y algunos sujetos del grupo sirven de modelo a los demás en la medida en la que han conseguido avanzar más en la resolución del problema.

Terapia en situaciones de riesgo: Es una variante de técnicas ya empleadas en el tratamiento de otras patologías psicológicas. De esta manera, la terapia se complementa con experiencias prácticas de confrontación de los estímulos de compra de manera que se vaya consiguiendo una desensibilización progresiva a esos estímulos.

Prevención

La necesidad de realizar acciones preventivas dirigidas a los consumidores jóvenes, adultos y a especialistas sociosanitarios, ya que muchos casos de adicción se detectan en las consultas médicas.
Otras medidas preventivas muy útiles cuando se detecta el problema en sus primeros estadios son el autorregistro, que consiste en llevar una contabilidad racional apuntando los gastos y las compras que se realizan, y el aplazamiento de las decisiones de compra. En este caso, cuando se siente la necesidad de comprar algo nunca se debe tomar la decisión de compra en el establecimiento, hay que dejar pasar el tiempo y pensárselo fuera del negocio. Cuando se abandona la tienda y no se tiene el objeto a la vista, el deseo de compra suele desaparecer casi de inmediato. En los casos graves suele ser necesaria la figura del tutor económico, que controla la economía del adicto.

¿Cuándo debo preocuparme?
  • A menudo me disgusto por haber gastado el dinero tontamente.
  • Cuando me siento triste o deprimido suelo comprar para animarme.
  • Hago compras por impulso.
  • Cuando veo algo que me gusta, no me lo quito de la cabeza hasta que lo compro.
  • Compro cosas inútiles que después me arrepiento de haber comprado.
  • Se me va el dinero sin darte cuenta.
  • A menudo, cuando recibo el extracto de las tarjetas me sorprende ver las compras que había olvidado.
  • Frecuentemente me precipito comprando cosas sin haberlo pensado bien.
  • Compro ropa que después no uso.
En sus manifestaciones más extremas, la compra compulsiva anula la voluntad del afectado, disminuye la satisfacción por la compra realizada y lo inserta en una espiral de la que difícilmente se puede salir sin la ayuda de un especialista.

Analice su situación emocional y busque alternativas distintas de ir de compras. Cultive sus amistades y busque nuevos pasatiempos.


http://alex-psicoclinica.blogspot.mx/2014/11/la-oniomania-compras-compulsivas.html

lunes, 15 de febrero de 2016

Hipersexualidad

¿Existe la adicción al sexo? ¿Patología independiente o síntoma comórbido?
La DSM-5 propuso el THS como nuevo diagnóstico, caracterizado por aumento en la frecuencia, intensidad de fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales no parafílicas, asociadas con impulsividad, que provocan malestar significativo, deterioro social u ocupacional. La inconmensurabilidad del goce para el psicoanálisis de orientación lacanina.

Aunque se ha desestimado el THS como nuevo diagnóstico, los pacientes siguen consultando por aumento en la frecuencia, intensidad de fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales que les provocan malestar significativo, deterioro social u ocupacional. Esta sintomatología presenta alta prevalencia en varones y elevada comorbilidad en el Eje I.

La hipersexualidad es una alteración psicopatológica frecuentemente asociada a diversos cuadros psiquiátricos y neurológicos. En algunas ocasiones, se erige en el síntoma cardinal que presenta el paciente, constituyendo una entidad clínica por sí misma. Existe un notable desacuerdo en torno a la conceptualización de la hipersexualidad primaria, habiendo sido formulada como una disfunción del deseo sexual, una patología del espectro obsesivo, una adicción conductual, o un trastorno del control de impulsos. Esta falta de consenso epistemológico ha conllevado que su estatus nosológico haya sido irrelevante desde que fuera inicialmente incluida entre los «trastornos psicosexuales no especificados» del DSM-III (1980).

Como el TOC, quienes lo padecen no pueden controlar sus pensamientos ni sus actos repetitivos. 

"Cualquier tipo de obsesión que interfiera en la capacidad de la persona para llevar una vida normal, que le perjudique en sus relaciones personales y laborales, es una patología. En este caso la obsesión se canaliza a través del sexo de forma tan intensa que el propio afectado es consciente de que tiene un problema".

Esta definición de la hipersexualidad da la razón al doctor Patrick Carnes, uno de los mayores defensores de la adicción sexual como problema, que siempre ha mantenido que "al igual que un alcohólico es incapaz de dejar de beber, estas personas son incapaces de parar su comportamiento sexual autodestructivo" "los sexoadictos pueden provenir de todas las clases sociales. Afecta tanto a políticos y empresarios como a los trabajadores de una fábrica" "Esta adicción interfiere en la vida normal y perjudica las relaciones personales y laborales". Y no es algo solamente masculino. También se da en las mujeres y acuden a consulta por ello, aunque en menor proporción que los varones, algo que he constato en los últimos años en sesión.

Aún hay contradicción sobre si es adicción o no y a pesar de su inclusión o no en el DSM 5, sigue sin haber consenso sobre el tema en la profesión. "Respecto a la adicción al sexo hay mucha más especulación que ciencia", confirma Rosa Abenoza, sexóloga del Instituto de Medicina Sexual. "Es muy difícil determinar cuánto es demasiado, cuándo una vida sexual muy activa puede considerarse una adicción", explica Iván Rotella, de la Asociación Española de Profesionales de Sexología. Opinión que comparte Vicent Bataller, del Instituto Valenciano de Sexología y Psicoterapia Analítica. "En cuestión de sexo, no hay límites. Si tienes muchas relaciones, pero te sientes bien contigo mismo y no sufres por ello, no hay problema", argumenta.

"Se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más serios pero más olvidados" Según Rojas Marcos, "esto ha existido siempre, lo que ocurre es que hoy en día hay menos tabú al respecto". Una de las nuevas teorías con más seguidores es “se trata de una reacción provocada por la ruptura del equilibrio entre la excitación y la inhibición sexual.

La pregunta es ¿Cómo se distingue a un adicto al sexo?

Las personas con adicción al sexo suelen tener también más problemas emocionales que el resto de las personas, son más impulsivos y tienen problemas para manejar el estrés. No es raro que hayan sido víctimas de abuso sexual en la infancia, lo que hizo que aprendieran a usar el sexo de un modo inadecuado y destructivo.

Aunque cada caso es particular, tienen características comunes. Necesitan satisfacer sus deseos carnales más que cualquier otra cosa, aunque después se sienten mal. Para dar rienda suelta a sus fantasías no dudan en masturbarse de forma compulsiva y consumir mucha pornografía -en revistas, televisión o internet-. Son promiscuos y aficionados a los encuentros de una sola noche, ya sea con personas a las que conocen en algún local o bien recurriendo a la prostitución. Y en muchas ocasiones, no se protegen, por lo que tienen más riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y de provocar un embarazo no deseado.

En ocasiones, la hipersexualidad va acompañada de sentimientos de malestar y de culpa. Se piensa que esta insatisfacción es la que alienta la elevada frecuencia de estimulación sexual, así como síntomas psicológicos y psiquiátricos adicionales. Otra manera en que se manifiesta la hipersexualidad es cuando ocurre la ruptura con la pareja en que la relación ha sido predominantemente sexual, el o la afectado(a) o abandonado(a) busca a la pareja inconscientemente en otras parejas sexuales y de este modo se produce la adicción al sexo.

Los hipersexuales pueden tener problemas laborales, familiares, económicos y sociales y hacen que su vida gire en torno al sexo. Al mismo tiempo, cuando el adicto intenta dejar este tipo de conductas no suele tener éxito, sino que sigue realizándolas a pesar de haberse propuesto dejarlo, debido a que es el único modo que conoce de afrontar el malestar emocional.

El exhibicionismo y el voyeurismo son otras de las aficiones de estos pacientes que, en último extremo, pueden incluso llegar a cometer una violación, aunque son los menos. Todas estas conductas tienen consecuencias negativas para el afectado, que van desde un divorcio hasta la pérdida del trabajo.

Entre los tipos de conductas sexuales más comunes que practican las personas con adicción al sexo se encuentra la masturbación y el uso excesivo de pornografía en primer lugar, seguidas del sexo consentido con otro adulto y el cibersexo. Suelen tener relaciones sexuales con personas que se dedican a la prostitución, y tener múltiples aventuras o múltiples parejas sexuales, siendo la media de unas 15 parejas sexuales diferentes en un año.

El umbral para lo que constituye la hipersexualidad está sujeto al debate y los críticos preguntan si puede existir un umbral diagnóstico. El deseo sexual varía considerablemente en los humanos; lo que una persona consideraría deseo sexual normal podría entenderlo otra persona como excesivo e incluso otra como bajo.

El consenso entre quienes consideran la hipersexualidad un trastorno es que el umbral se alcanza cuando el comportamiento causa incomodidad o impide el funcionamiento social.

“Las personas adictas tratan de corregir sus comportamientos sexuales pero no son capaces, por lo que se sienten frustrados y fuera de control”

¿Existen algunos test para facilitar el diagnóstico?

El manual psiquiátrico incluye uno, pero antes la prueba de referencia era el SAST (Test de la Adicción Sexual), una herramienta desarrollada por un consorcio de hospitales, terapeutas y voluntarios consistente en 45 preguntas para responder sí o no. Entre ellas figuran: ¿Tienen tus padres problemas con el sexo y la sexualidad? ¿Te ha creado tu actitud sexual algún problema familiar? ¿Ocultas a los demás tus actos sexuales? ¿Crees que controlas tu deseo? ¿Es el sexo lo más importante de tu vida? ¿Has utilizado internet para buscar citas? ¿Has pagado para tener sexo?, ¿Has mantenido varias relaciones amorosas al tiempo? ¿Después de una relación, reniegas del sexo algunos meses?

Tratamiento

La adicción al sexo es un tema tabú, mínimamente estudiado desde el ámbito de la sexología, pero con el que cada vez tienen que lidiar más los psicólogos en sus consultas. A la hora de analizar la hipersexualidad, como suelen denominar los psicólogos a este problema, el primer problema con el que se encuentran los investigadores es la propia definición del término. ¿En cuestión de actividad sexual qué es lo normal y qué lo patológico? ¿Cómo se establece la frontera a partir de la cual se sobrepasan dichos límites? En realidad, se trata de una cuestión personal, sobre la que no se puede generalizar, ni siquiera en lo referente a los efectos psicológicos que puede ocasionar. Sin embargo, lo que sí está claro para los psicólogos es que cuando el sexo nos maneja a nosotros, y no al revés, nos encontramos ante un problema.

“La ausencia de una definición operativa imposibilita la generalización de los hallazgos obtenidos en las muestras estudiadas. A nivel nosológico, es sugerible su inclusión entre las disfunciones sexuales del deseo, considerando la presencia del «deseo sexual hipoactivo» en dicha categoría. En el ámbito etiopatogénico, es preceptivo llevar a cabo más investigaciones longitudinales para determinar la naturaleza multifactorial de este trastorno, es decir, si representa adicionalmente un mecanismo de autorregulación emocional, filiación y/o una reacción postraumática, aspecto este último observado en mujeres hipersexuales. Por otro lado, es prioritario impulsar estudios de neuroimagen funcional para aprehender sus correlatos biológicos. En cuanto al tratamiento, se hacen necesarios más ensayos clínicos con grupo control para calibrar el verdadero alcance terapéutico de las técnicas cognitivo-conductuales (mindfulness) y los antidepresivos (ISRS)”.

Cada vez más personas acuden a consulta por no poder controlar su conducta sexual. Para el sexólogo de la Universidad de California Rory Reid, uno de los pioneros en este tipo de investigaciones, la hipersexualidad se define por la falta de control sobre uno mismo. Un impulso que nos lleva a mantener un elevado número de relaciones sexuales que, posteriormente, nos hacen sentir mal. “Las personas adictas tratan de corregir sus comportamientos sexuales pero no son capaces, por lo que se sienten frustrados y fuera de control”, añade el investigador.

Una patología en auge apenas estudiada

El problema de la adicción al sexo es complejo, y además de la falta de control existen otros elementos que le dan forma. El primero de ellos tiene que ver con el recurso al sexo como una forma de respuesta al estrés, la frustración o el vacío existencial. Una suerte de huida hacia adelante que no hace más que incrementar sus consecuencias negativas sobre la salud mental así como su persistencia. Un círculo vicioso del que cada vez es más difícil escapar. Sobre todo cuando interfiere en diferentes aspectos de la vida privada, hasta el punto de acabar sacrificando cuestiones vitales importantes.

Se trata de una reacción provocada por la ruptura del equilibrio entre la excitación y la inhibición sexual.

Una problemática menos episódica de lo que comúnmente se podría pensar, a pesar de la falta de estudios en torno a esta cuestión. De hecho, llama la atención que a pesar de afectar al 3% de la población femenina no está incluida en el manual de referencia de los trastornos mentales DSM-5. 

Una ausencia que los autores de su quinta y más reciente edición, justificaron debido a la escasez de producción científica.

Las causas de esta adicción, que se ha incrementado durante los últimos años, especialmente entre las generaciones más jóvenes, siguen siendo meras hipótesis. Entre ellas, la que más defensores atrae es la planteada por un equipo de investigadores del Kinsey Intitute. Según estos, se trata de una reacción provocada por la ruptura del equilibrio entre la excitación y la inhibición sexual.

Una necesidad creciente de excitación sexual

Una hipótesis que corroboraría el último estudio sobre esta cuestión, publicado en el Journal of Sexual Medicine, llevado a cabo entre el estudiantado de medio centenar de universidades alemanas. Según los resultados de este último, la frecuencia con la que se masturban las mujeres hipersexuales es mucho mayor que la media, por lo que se visualiza una mayor necesidad de excitación, posiblemente provocada por la generalización de la new porn culture entre las nuevas generaciones.

La postura de los expertos en relación a la dependencia o adicción al sexo depende mucho de su especialidad. Cada especialista tiene su método de intervención diferente, lo más común es combinar la terapia cognitiva conductual, tanto individual como en grupo, para ayudar al paciente a controlar sus impulsos, con el asesoramiento sexológico y algunos fármacos, como los parches antitestosterona o pastillas para calmar la ansiedad.

Dado que son personas que no han aprendido modos sanos y adecuados de afrontar el estrés y el dolor emocional, uno de los principales aspectos del tratamiento consiste en enseñarles formas alternativas y saludables de afrontar el estrés, manejar el malestar emocional y regular sus emociones y la intensidad de dichas emociones, así como habilidades de solución de problemas u otro tipo de habilidades que puedan necesitar aprender, de manera que cuando se sientan mal o se encuentran con dificultades, problemas u obstáculos en sus vidas diarias, tengan las herramientas psicológicas necesarias para afrontarlos sin necesidad de recurrir al sexo.

No obstante, los especialistas admiten que todavía se conoce muy poco sobre cómo el cerebro reacciona ante un trastorno de hipersexualidad. "Parece que hay estudios neurobiológicos que apuntan a que podría haber algún tipo de disfunción de los neurotransmisores -dopamina y del sistema opiáceo- que daría lugar a algún tipo de síndrome de la recompensa insuficiente", indica la doctora Abenoza. Pero tal y como recuerda, se trata de un campo "históricamente controvertido", en el que apenas se está empezando a investigar.

Criterios diagnósticos del DSM V

A. Haber experimentado, durante los últimos seis meses, fantasías sexuales recurrentes e intensas, urgencias sexuales o conductas sexuales asociadas a tres o más de los siguientes criterios:
B. El tiempo consumido por fantasías, urgencias o conductas sexuales
interfiere repetidamente con otras metas, actividades u obligaciones no sexuales.
C. Involucrarse repetidamente en fantasías, urgencias o conductas sexuales en
respuesta a estados de disforia afectiva (Ej.: ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
D. Involucrarse repetidamente en fantasías, urgencias o conductas sexuales en respuesta a eventos estresantes.
E. Esfuerzos repetitivos por controlar estas fantasías, urgencias o conductas sexuales; pero, no exitosos.
F. Involucrarse en conductas sexuales repetitivas sin tomar en cuenta el riesgo de daño físico o emocional para sí mismo u otras personas.
G. Significativo malestar personal o impedimento social, ocupacional, o de
otras áreas importantes del funcionamiento asociadas con la frecuencia de estas fantasías, urgencias y conductas sexuales.
H. Las fantasías, urgencias y conductas sexuales no son causadas por el efecto directo de sustancias exógenas.

Diagnóstico diferencial: Adicción al sexo

La adicción al sexo es el principal diagnóstico diferencial que debemos plantear. En ésta, lo que lleva a la búsqueda de la relación sexual es más el alivio del malestar que la búsqueda de placer sexual. La conducta no es intrínsecamente de índole sexual, sino que con ella se trata de reducir la ansiedad o escapar de un desasosiego interno.

Solo se puede hablar de adicción al sexo cuando:
  • Hay una pérdida de la libertad de parte del sujeto afectado (recurre a ciertas conductas sexuales a su pesar y sin ser capaz de evitarlas).
  • Hay ansias y fantasías sexuales recurrentes.
  • El sexo se convierte en el centro de la vida de una persona.
  • Ocurre una interferencia grave con su vida cotidiana (malestar emocional y consecuencias negativas).
Conclusión

Aunque la APA no considere esta realidad como una entidad propia, existe una demanda clínica para atender esta sintomatología. Conviene llevar a cabo estudios epidemiológicos para determinar la prevalencia, investigar si es un síntoma inespecífico de una patología del Eje I, si existe la Adicción al Sexo como una entidad independiente o si es la expresión psicopatológica de eventos traumáticos en la vida sexual o en el desarrollo del apego.

También se requiere estudiar el impacto económico y social en la salud pública, y desarrollar ensayos clínicos aleatoriados sobre la eficacia de los tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos.

Los criterios propuestos en la DSM-5 pueden resultar operativos para evaluar la conducta sexual excesiva como psicopatología propia de una patología del Eje I o como un trastorno independiente. La exploración de la conducta sexual y su vivencia desde una perspectiva clínica abierta y sin prejuicios, puede evitar el nihilismo diagnóstico y favorecer la atención de la patología sexual. Son necesarios estudios para conocer la prevalencia, psicopatología, etiopatogenia, correlatos neurobiológicos y tratamiento del THS.

Prudencia a la hora de calificar la hipersexualidad como adicción.