jueves, 30 de junio de 2016

Cómo Mantener una Relación Sana y Feliz

No solo se trata de tener al lado a alguien que nos haga compañía o con quien podamos pasar los ratos de ocio, una relación implica mucho más que eso y finalmente el deseo de toda pareja es estar juntos en una unión saludable que crezca y se fortalezca con el tiempo.
1.- Comenzar tu relación con el pie derecho.

a) Comprende tus necesidades y deseos. Si quieres tener una relación próspera, es importante comprender tus propias necesidades emocionales y físicas antes de iniciarla, porque necesitarás comunicarlas a tu pareja. Es posible que ya tengas una idea clara de lo que necesitas y deseas en una relación, pero si no estás seguro, puedes pensar en las siguientes preguntas:

Reflexiona sobre tus relaciones pasadas para determinar la razón por la que funcionaron o no. ¿Qué pueden decirte estas experiencias con respecto a tus necesidades? Piensa en la manera en que reaccionas ante las personas y eventos. Por ejemplo, ¿tienden a reaccionar de forma emocional, te cuesta confiar en alguien o expresar tus sentimientos? Puede ser útil tener en cuenta estos rasgos de personalidad antes de entablar una relación seria.

b) Asegúrate de que las razones para tener una relación sean saludables en lugar de lo contario. Ten en cuenta las siguientes indicaciones: Las razones saludables para tener una relación son un deseo por compartir el amor, la intimidad y el compañerismo; ansias de experimentar el desarrollo personal; afán de proporcionar apoyo emocional y físico a la pareja y la esperanza de crear una familia. Es importante tener en cuenta que estas motivaciones no solo se enfocan en recibir amor y apoyo, sino también en brindárselos a tu pareja.
Las razones poco saludables para tener una relación son el temor a estar solo, miedo a la ruptura y la indisposición a perder tu conexión con los amigos o familiares de tu pareja. Utilizar a tu pareja para obtener seguridad, sexo, dinero, o vengarte de una expareja, son razones poco saludables para tener una relación. Si comienzas una relación y la mantienes por estos motivos, tanto tu pareja como tú tendrán dificultades para hacer que dure y sea feliz, llegando a causarse daño en el proceso.

c) Elige sabiamente a tu pareja. Si quieres forjar una relación feliz y duradera, debes elegir cuidadosamente a tu pareja. Un error común es pensar que los opuestos se atraen, pero los investigadores han revelado que las personas que comparten objetivos, intereses y expectativas en común suelen tener relaciones más satisfactorias.

No es necesario que tus rasgos de personalidad sean los mismos que los de tu pareja, pero si ambos quieren cosas distintas de la relación, tendrán dificultades para hacerla durar. Determina si sus diferencias se complementan. Por ejemplo, alguien que es más impulsivo podría encontrar un equilibrio con alguien que tiende a ser más planificador.

2.- Toma responsabilidad por tu propia felicidad. Evita varias horas de discusión recordando lo siguiente: hacerte feliz no depende de nadie más que de ti. En una relación, tu pareja tratará de complacerte y hacerte feliz, pero al final tú eres responsable de tu felicidad.

3.- Si tú no estás bien, nada lo estará. La dedicación y falta de tiempo por el trabajo, el niño, la casa, las discusiones, etc. es objetivo. Tu actitud hacia esa circunstancia y todo lo que piensas y sientes es subjetivo, y ahí puedes intervenir desde ahora mismo.

4.- No cambies al iniciar una relación. A la persona le vas a gustar como fuiste cuando te conoció, no pienses que tienes que actuar drásticamente diferente. Solo debes sentirte cómodo. No sientas prisa. Las personas que entablan una relación podrían sentir la presión de pasar rápidamente a una fase más avanzada (tener intimidad, mudarse con la pareja o casarse justo después de conocerse). Si bien puede ser emocionante pensar en el final feliz que esperas y apresurarte por cumplirlo, tomarte el tiempo para asegurarte de que tanto tu pareja como tú estén en la misma página con respecto a la relación solo la solidificará.

Nota: Ten en cuenta que tu relación cambiará. Al igual que tu pareja y tú podrían cambiar con el paso del tiempo, la relación también evolucionará. En lugar de mantener una relación monótona, acepta y aprecia los cambios que surjan con el desarrollo de una más establecida y duradera.

5.- Identidades separadas. En una relación sana, es importante que cada uno renuncie a algo. Pero esto no significa que deberías sentirte como si estuvieras dejando de ser quien eres. Cuando empiezas a salir, cada uno tenía su propia vida (familias, amigos, intereses, hobbies, etc.) y esto no debería cambiar. Ninguno de los dos debería hacer ver que le gusta algo que en realidad le desagrada, ni dejar de ver a sus amigos o abandonar las actividades que le encantan. Y también deberían sentirse libres para desarrollar nuevos talentos o intereses, hacer nuevos amigos y seguir evolucionando. No dediques toda tu energía en preocuparte por tu relación de pareja.

6.- Haz que tus palabras valgan. Cumple tus promesas. Cuando digas que harás algo, hazlo. No digas que cocinarás la cena o comprarás un regalo de cumpleaños y luego lo olvides o directamente no lo hagas. Lo que hace esto es romper la confianza, algo que las relaciones necesitan para fortalecerse.

7.- Admite tus errores. Si sabes que has hecho algo que ha lastimado a tu pareja, intencionalmente o no, reconócelo. Sé humilde y discúlpate sinceramente, sin poner excusas o justificaciones como "Lo lamento, es que me hiciste enojar".

Es normal cometer errores durante una relación, pero rehusarte a admitir que hiciste algo mal o que lastimaste a alguien no te ayudará a mantener una relación larga y feliz. Si quieres resolver los problemas que puedan surgir y desarrollar la confianza en tu relación, ambos deberán reconocer los momentos en que cometan errores.

Nota: Acepta el conflicto. Si esperas construir una relación a largo plazo, es posible que ocasionalmente existan malos entendidos. Recuerda que una discusión no es el fin de todo y no hay persona sobre la tierra con la que estarás de acuerdo todo el tiempo.

8.- Comprométete a cambiar tu comportamiento. Si te encuentras disculpándote una y otra vez por el mismo error, llévalo un paso más allá. Dile a tu pareja que sabes que ese error se repite y que quieres dejar de cometerlo. Busca ayuda y pídele también a tu pareja que te señale cada vez que vuelvas a cometer el mismo error.

9.- Sé realista. Iniciar una relación con la esperanza de que no haya dificultades o desafíos no es realista. La pasión temprana y la sensación de enamoramiento pueden desvanecerse, pero, con tiempo y esfuerzo, podrás forjar una relación más profunda y significativa.

En todas las relaciones hay discusiones y hay días en los que quedarse en la relación no es la opción más fácil. Pero lo que hace a una relación saludable es elegir enfrentar los problemas y resolverlos para atravesar esos momentos difíciles, en vez de dejar que esos malentendidos se transformen en algo más grave.

10.- Reevalúa tus expectativas. ¿Ves a tu pareja como una persona con sus virtudes y defectos o como alguien que debería ser perfecta? Si tus expectativas son tan exageradas que nadie podría cumplirlas al ciento por ciento todo el tiempo, estás llevando tu relación hacia el fracaso.

También relaja tus expectativas. Si esperas que tu pareja haga algo, díselo. No esperes que lea tu mente y no transmitas tus mensajes encriptados. Ser claro acerca de lo que quieres le da a tu pareja la oportunidad de tener éxito. (en lugar de decir "Debes sacar la basura a la calle todos los días", dile "Me encantaría que sacaras la basura a la calle todos los días").

11.- Pregúntate si estarías mejor en una relación o solo. Si no piensas que estás mejor en la relación, entonces es hora de sentarte a charlar con tu pareja seriamente. En una relación donde hay amor, esta pregunta siempre se responde con un "Sí".

12.- Escucha a tu pareja. A veces, tu pareja puede necesitar que le prestes un oído y puedas comprender sus problemas. Otras veces, tu pareja necesitará que le aconsejes algo. Debes saber qué es lo que está buscando y dale lo que necesita. Ser bueno escuchando consiste en prestar atención a lo que el otro dice.

Escuchar a tu pareja potenciará tu relación de muchas formas. Te ayudará a resolver diferencias sin discutir, a descubrir mejor la personalidad de tu pareja y saber qué comprarle para las fiestas. No hay contraindicaciones a la hora de escuchar.

Hazle sentir a tu pareja que puede contarte lo que está sintiendo. Recompensa su confianza empatizando con ella. No necesitas decir mucho, simplemente escucharla.

13.- Todas las relaciones buenas están basadas en el respeto mutuo. Si no sientes respeto por su pareja, o crees que tu pareja está perdiéndole el respeto, piensa en formas de reconstruirlo de inmediato. El respeto es clave. Si hay respeto recíproco, nada puede salir mal. Debes aprender a respetar a la otra persona y este aprendizaje a veces lleva algo de tiempo, pero si se aman llegará.

Los celos excesivos y la desconfianza son dos grandes enemigos de las relaciones de pareja saludables. La confianza se gana y si estamos junto a alguien que no la merece lo mejor es acabar con la relación antes de minar nuestra seguridad y autoestima, lo que nos conducirá a nunca conseguir mantener una unión equilibrada.

14.- Expresa tus sentimientos con respecto a tu pareja. Recuérdale cuánto te significa y todo lo que representa para ti. Tanto los hombres como las mujeres necesitan demostraciones de amor y afecto. Demuestra tu cariño de cualquier forma que puedas. No existen diferencias entre saber que te aman y sentir que te aman. A veces nos apoyamos en el hecho de que nuestra pareja debe saber que los amamos incluso cuando no lo demostramos. No dependas demasiado en esto. Las mejores relaciones utilizan el cariño para demostrar amor.

No temas demostrar afecto físico de vez en cuando. Las relaciones donde hay amor están hechas de besos, abrazos y cariño que se demuestra con pequeños gestos.

15.- Haz algo para tu pareja que valorará. Ya sea que implique levantarse temprano para cortar el césped, llevar a los chicos a la escuela o preparar el desayuno, los pequeños gestos son los que más dicen. Demuéstrale a tu pareja que te importa al hacer algo considerado sin que te lo pida.

Haz cosas inesperadas. Dedica un pequeño esfuerzo a hacerlo para ver las recompensas.

16.- Sé leal. Asegúrate de que tu pareja sepa que estarás siempre para lo que necesite. En la medida de lo posible, ponla por delante de cualquier otra cosa. Esto no significa que solo debes tener ojos para ella o no hablar con nadie más, pero debe saber que puede contar contigo siempre que te necesite. De igual manera, puedes esperar lo mismo de ella. También te mereces ser apreciado en la relación.

17.- Honestidad. La honestidad va de la mano de la confianza, porque es difícil confiar en alguien cuando tú no actúas con honestidad.

No le ocultes “nada” a tu pareja, especialmente tus sentimientos con respecto a ella y su relación, sea algo bueno o malo. De esta manera podrán superar todas las dificultades y desafíos juntos. Si cargas con alguna mala experiencia que sigue te sigue afectando en el presente, ella debe saberlo. Las personas que son honestas mutuamente tienen más probabilidades de disfrutar una relación duradera y feliz. La desconfianza que suele surgir de la deshonestidad puede poner en grave peligro a tu relación.

18.- La importancia de la tolerancia y la paciencia: No hay nada más desgastante para una relación que el constante deseo de una de las partes por hacer que el otro cambie. Los cambios en una relación se producen solo cuando se desea hacerlo genuinamente y aunque no es tarea sencilla tolerar los defectos de nuestra pareja es necesario hacerlo de forma paciente. Resulta muy importante aceptar al otro como es y respirar profundo antes de crear una tormenta en un vaso de agua con pequeños problemas que no lo merecen.

Ten en cuenta que tu pareja y tú podrían expresar el amor de manera distinta. Las personas demuestran su afecto y amor de manera diferente, y tener eso en cuenta puede ayudarte a establecer una relación más feliz y saludable.

Nota: Esfuérzate por resolver las diferencias al crear situaciones en las que ambos ganen en lugar de aquellas donde solo haya un vencedor. Estas últimas no les ayudarán a tener una relación larga y feliz.

19.- Dale a tu pareja su propio espacio. Cada uno necesita privacidad y libertad, por lo que es mejor no estar pendiente de todo lo que hace. A nadie le gusta sentirse observado ni controlado.

No espíes a tu pareja (revisar su teléfono, asediarla en las redes sociales, seguirla por la calle, etc.). Si te está engañando, lo descubrirás. Estas cosas no se pueden mantener en secreto mucho tiempo. Sin embargo, si la espías y es inocente, perderás su confianza y su respeto por siempre.

20.- Si tienes un problema, cuéntaselo, preferentemente con calma y sin gritar. Si tu pareja pregunta "¿Estás bien?" y respondes "Sí", no esperes que entienda que lo que quisiste decir fue "No". Sé honesto.

21.- Una relación sólida debe estar basada en el respeto mutuo. Si constantemente intentas someter a tu pareja, eso significa que no la respetas lo suficiente para querer su felicidad. Si te sientes deprimido, acude a un médico o con un colega, no metas a tu pareja en tus problemas.

22.- Dale ánimo a tu pareja para que le vaya mejor en el trabajo o en el estudio. Esto le hará notar cuánto te importa su futuro y que realmente te interesa que se convierta en la mejor en lo que hace. El saber que cuenta con tu apoyo incondicional también hará que sus sentimientos hacia ti se vuelvan más fuertes.

23.- Revivan las citas del comienzo. Hacer una salida especial, incluso cuando llevan años de relación, es muy importante. De hecho, es fundamental que las parejas que llevan mucho tiempo juntas se sientan cómodas con el paso del tiempo. Intenten planear una salida por lo menos una vez al mes. Algunas parejas hacen una salida cada semana.

Pasar el tiempo junto frecuentemente sin la interrupción de los niños, las mascotas, los padres o el trabajo puede ayudar a conectarlos y a formar un vínculo mutuo.

Acuerden invertir tiempo, energía y esfuerzo en la relación. Para cultivar una relación larga y feliz, es necesario que ambas personas inviertan tiempo, energía y esfuerzo.

Si tienen problemas para pensar buenas ideas, intenta recrear una cita que hayan tenido cuando estaban conociéndose. Hagan exactamente lo mismo, o reinventa la salida de una manera significativa. Hagan algo nuevo y emocionante

24.- Aprende a perdonar. Perdonar es la decisión de dejar ir el pasado y concentrarse en el presente. Consiste en tomar el control de tu realidad actual y vivirla junto a tu pareja.

Recuerda a quién realmente beneficia el perdonar. Perdonar a tu pareja también te libera a ti de cargar con enojo y resentimiento. No lo veas como algo altruista: es algo que haces para ambos.

Nota: Guardar rencores y rehusarte a olvidar las heridas del pasado hará que tanto tú pareja como tú sean infelices. Si bien puede ser difícil aprender a perdonar, hacerlo dará lugar a una relación duradera y saludable

25.- Ríanse junto. En una relación, los desafíos son inevitables, pero tener la capacidad para mantener un sentido del humor y reír con tu pareja les ayudará a superar las dificultades. Ríanse del otro con la seguridad del amor. La risa ayuda a que el mundo siga girando. La risa ayuda a tu cuerpo a quemar calorías, acelera la circulación sanguínea, fortalece el sistema inmune y disminuye los niveles de azúcar en la sangre. La risa puede ser reconfortante, contagiosa o afrodisíaca. No olviden reír.

26.- Brinden apoyo mutuo. Dar apoyo significa hacer de la felicidad y el bienestar de tu pareja tu prioridad en las grandes cosas tanto como en las pequeñas. Ten en cuenta que una de las razones principales por la que están juntos es que sienten una especie de fanatismo por el otro. Demuéstralo de alguna de las siguientes formas:

Sé bueno escuchando. Si tu pareja necesita que le prestes un oído, hazlo con ánimo. No siempre debes brindarle una solución, muchas veces basta con tu apoyo.

Dense ánimo. Si tu pareja está tratando de hacer un cambio positivo, sé su mayor animador.

Ofrécele un lugar seguro. Permite que tu pareja se abra frente a ti sin temer sentirse juzgada.

Sean generosos el uno con el otro.

27.- Dediquen tiempo al otro. Haz que compartir tiempo con tu pareja sea una prioridad, incluso si al principio resulta un poco difícil de articular. Las relaciones necesitan de experiencias compartidas para crecer y pasando tiempo junto cuidan su relación de una de las mejores formas posibles.

Busquen un pasatiempo. Aprender algo junto les hará crecer a la par, además de ayudarles a descubrir una actividad que ambos disfrutan. Prueba con deportes, aprender un nuevo idioma, clases de cocina, baile o cualquier otra cosa que deseen probar.

Encuentra pequeñas formas de servirle al otro. Hacerle pequeños favores a tu pareja demuestra que estás atento a lo que ella necesita y que deseas ayudarle. No lo tomes como una molestia ni esperes automáticamente nada a cambio.

Nota: Tómate un tiempo para ti. Si bien es importante pasar un tiempo de calidad juntos, tomarte un tiempo para ti también te ayudará a mantener una relación larga y feliz. Cualquiera puede irritar a otra persona después de un tiempo, y pasar un rato alejados o tomarte un tiempo para estar a solas generalmente te permitirá apreciar aún más a tu pareja.

28.- Desarrolla una mejor comunicación. La mayoría de las personas no nacen como buenos comunicadores, es algo en lo que prácticamente todos debemos trabajar. La forma en que te comunicas con tu pareja puede parecer insignificante, pero lo haces varias veces al día y tiene un impacto. Considera mejorar estos detalles:

No utilices imperativos. Intenta dejar fuera de tu relación frases como "deberías" o "no puedes". Tú y tu pareja son iguales y ninguno de los dos tiene autoridad sobre el otro.

Di "por favor" y "gracias". Debes ser capaz de relajarte y dejar de preocuparte por tus modales todo el tiempo, pero la excepción llega a la hora de pedir favores y expresar gratitud cuando tu pareja hace algo por ti. No asumas que ella sabe lo que quisiste decir y no dijiste.

Sé justo. No dejes que todos estos consejos para comunicarse bien caigan por la borda durante una discusión. Intenta dejar en claro tu posición de manera amable y respetuosa, sin querer lastimar a tu pareja al hacerlo. Si ella grita o insulta, pídele con tranquilidad que se calme.

La mala comunicación les impedirá a tu pareja y a ti tener una relación larga y feliz. La comunicación eficaz les ayudará a asegurarse de estar en la misma página y de confiar mutuamente.

Nota: No intentes ganar una discusión. En ocasiones, las personas entablan una discusión con la idea de que necesitan “ganar” y demostrar que están en “lo correcto”. No obstante, esta actitud limita seriamente tu capacidad para resolver los problemas que tienen.

29.- Desarrolla la amistad. Si esperas tener una relación duradera y feliz, enfócate en desarrollar la amistad con tu pareja. Los expertos han revelado que las parejas que mantienen una amistad son más felices y tienen más probabilidades de permanecer juntas. Dedica el tiempo a cultivar los intereses en común, pero también mantén tu disposición a explorar los diferentes intereses.

30.- No permitas que los demás interfieran en tu relación. Los suegros infelices, los padres autoritarios y los amigos mandones o abandonados pueden causar estragos en la relación que ambos tienen. Trabajen en conjunto para mantener al mínimo la interferencia negativa.

Conclusión ¿Vas a esperar a sentirlo para empezar a hacerlo o vas a empezar a hacerlo para acabar sintiéndolo?.

Advertencias: Si las reacciones de tu pareja están comenzando asustarte, o deliberadamente te agrede (física o emocionalmente), busca ayuda inmediatamente. Ese tipo de comportamiento no es algo de lo que debas hacerte cargo. En una relación sana, sus integrantes trabajan juntos para hacer al otro feliz. No debes orientar tus esfuerzos a evitar que tu pareja te haga sentir miserable.

Quiérete, sé feliz, cuídate y respétate.



Referencias

http://www.webmd.com/balance/features/give-your-body-boost-with-laughter
www.wikihow.com

jueves, 23 de junio de 2016

Perfil del Coleccionista

La pasión de coleccionar es tan vieja como el hombre. Todos tenemos, como uno de nuestros rasgos fundamentales, una inclinación a coleccionar.
El psicoanálisis nos ha explicado el origen de la tendencia a coleccionar. Un juego entre la analidad, oralidad y el falo, y el fantasma de la castración. Según su análisis, el coleccionismo actúa de manera invariable en sentido opuesto a la actividad sexual genital, aunque no debiera ser considerado como un puro y simple sustituto de esa actividad sino como una actividad regresiva (anal) con fuertes rasgos narcisistas y fetichistas, que se manifiesta en patrones de conducta tales como acumulación, ordenamiento, retención agresiva, y así sucesivamente. La actividad de coleccionar posee un carácter fálico.

El coleccionismo también es un fenómeno antropológico, sociobiológico y como dije psicodinámico que ocurre más frecuentemente en hombres que en mujeres. No se puede hablar de un patrón estricto pero sí de una característica muy propia de los auténticos coleccionistas: Son ordenados y cuidadosos y se da también cierta posición obsesiva, que puede ser exacerbada sin caer en la patología y que está directamente relacionada con lo que se colecciona. Existe, además, una vinculación psicológica con el objeto coleccionado.

Perfil común: es extremadamente ordenado, le motiva la búsqueda, escoge a partir de criterios personales y además, le gusta mostrar lo que tiene. La búsqueda de una afición, distracción o un hobby, que acaba en una decisión de dedicarse al coleccionismo está sin duda muy ligada a aspectos de personalidad.

Sabemos que la psicopatología moderna considera abiertamente el coleccionismo como una conducta ligada a naturalezas maníacas y megalómanas, estrechamente relacionada con comportamientos premórbidos. El coleccionismo puede ser una práctica seguida por una gama muy diversa de tipos de personalidad y psicodinámicas, puede haber colecciones esquizoides, maniacos, obsesivos, narcisistas y  pueden coexistir aspectos comunes entre ellos y diferir en grado o en toxicidad.

Pero el coleccionismo como una “patología sana”, resulta beneficiosa en muchos sentidos: Porque produce relajación y la satisfacción anímica de conseguir cosas, además de la contemplación de algo que para el coleccionista resulta bello o precioso. También facilita el orden, el deseo de cuidar los objetos y de valorarlos.  Además de desarrollar la capacidad intelectual, el lenguaje y la sociabilidad, la tendencia por el orden y el ahorro y un reposo físico y psíquico-, otras investigaciones han corroborado que el coleccionismo ayuda a superar el aislamiento social, además de servir como un remedio contra las vicisitudes y las prisas de la vida moderna, al ser ante todo una magnífica fórmula para llenar los ratos libres y educar a uno mismo y a los que le rodean en el gusto por lo bello, por la búsqueda y por la curiosidad. Asimismo, se deben difundir y analizar con mayor rigor sus virtudes terapéuticas.

“En el deseo de coleccionar objetos aflora la resistencia al tiempo, el deseo de retener el pasado y mantener la memoria, es una manera de poner orden en el caos mediante la clasificación. Cada uno tiene su propio motivo”.

Coleccionar es también un modo de aprender a gestionar la frustración (no se puede lograr todo ya, hay que tener paciencia) y de aumentar la autoestima (en el momento de mostrarla a otras personas). Es modo de expresar inequívocamente el control sobre un aspecto de nuestra realidad privada, un modo de autoafirmación. Al coleccionista le mueve principalmente el deseo de posesión, la necesidad de una actividad libre, el propósito de autosuperación y la urgencia de clasificarse a sí mismo. Así, muchos médicos recomiendan a personas mayores el coleccionismo, principalmente a pacientes que se recuperan de problemas de estrés o cardiacos. Y es que el coleccionismo debe vivirse como una afición flexible, que puede y debe convivir perfectamente con otras aficiones o actividades, pero que conlleva hábitos de conducta “sanos” que se mantienen durante toda la vida, como el carácter voluntarioso, constante, metódico y apasionado por la ocupación del tiempo libre, y que encierra la satisfacción personal por la posesión de algo único e irrepetible, todo esto por un coleccionismo ejercido con control.

Cuando se elige qué se va a coleccionar: La naturaleza del objeto elegido nos habla sin duda de la persona que hay tras ella, rasgos de su personalidad, de sus fantasías y temores más inconscientes, así como también de su posición socioeconómica, etc. La motivación pasa por una necesidad más personal, psicológica, de demostrarse que día a día trabaja por su idea, de que aumenta su autoestima al mismo tiempo que su colección. Esta reafirmación siempre es correspondida por su entorno, ya que el coleccionista es alguien casi siempre bien considerado, que sigue una pasión, que ha demostrado con su perseverancia que es digno de admiración.

El problema de ser coleccionista es que puede provocar que las personas con tendencia a sufrir un trastorno obsesivo compulsivo desarrollen antes esta patología o en una adicción a las compras.  Aquí el coleccionismo llega a convertirse en una obsesión y por lo tanto en un problema en aquellos sujetos que presentan una vulnerabilidad personal, que tienen falta de autoestima, escasas habilidades sociales y trastornos a la hora de enfrentarse a los contratiempos. Cuando aparece este sentimiento de ineficacia personal, el coleccionismo compulsivo les ayuda a sentirse mejor.

Acumular no es exactamente coleccionar. Mientras que el coleccionista es ordenado y cuidadoso y suele socializar su colección mostrándola orgulloso, la acumulación segmentada y desordenada, sin sentido de la calidad de lo que se colecciona, forma parte de una especie de psicopatología, como el síndrome de Diógenes.

El coleccionismo como gratificación. Encuentra placer en la mera posesión tocándolo, exhibiéndolo, oliendolo o haciéndolo parte de él. Piensa que un objeto usado de esta manera le permite al coleccionista aliviar ansiedad y proveer gratificación como un fetiche o una derivación del fetichismo. Se considera que los objetos transicionales permiten reducir angustia de separación y acceso a nuevas conductas. Los objetos inanimados permiten la diferenciación entre el yo y lo no yo y a la vez termina siendo placentero. Posiblemente hablamos del coleccionismo como un fetiche,  una transferencia y depósito libidinal.

Así, podemos concluir que el coleccionismo como actividad cotidiana, además de ser beneficiosa para la salud, siempre y cuando se lleve a cabo con mesura y control, muy probablemente esté impregnada en nuestro DNA. Es una combinación muy curiosa de instintos. Un coleccionista es un ser vivo y apasionado, ordenado y cuidadoso, con un punto de obsesión, constante en el tiempo y a quien le gusta compartir y disfrutar.

Desde este ángulo más íntimo, a través de las complejas motivaciones psíquicas que lo rigen, el coleccionista propone un relato, resuelve un rompecabezas, cuenta una historia olvidada, y sus propuestas, a veces, modifican la historia.

Personalmente me gusta coleccionar juguetes de mi infancia de los 80´s...


“En cada coleccionista existe un Don Juan Tenorio” Freud

lunes, 13 de junio de 2016

Perfil Psicológico del Hombre Violento

Posesivo, dominante, exigente, egocéntrico, mal temperamento, ridiculizar o humillar públicamente, controlador-paranoico, y violento-agresivo.
Suele clasificarse al hombre golpeador en dos tipos el “pitbull” y el “cobra”. El pitbull es aquel hombre que solo arremete contra su mujer dentro del hogar o en lugares sin testigos, por lo tanto en público muestra otra imagen. Comúnmente se les denomina golpeadores cíclicos, se considera los más peligrosos y menos comprendidos. Su peligrosidad se debe al carácter privado y repetitivo de su accionar, actúan violentamente sin importar lo que haga su pareja, parecen tener una doble personalidad (una en público y otra en privado) incluso en su hogar experimentan cambios alternando la violencia con el arrepentimiento

El cobra es el agresor que si muestra su agresividad, suele tener problemas en su ámbito laboral, en la calle, en su barrio, en su casa o en cualquier parte. Generalmente este tipo de agresor ha tenido problemas con la justicia, ha estado preso y/o protagonizado riñas callejeras.

Básicamente y en todos los casos se trata de una pobre constitución del YO, debido a trastornos en las identificaciones con las figuras de apego o experiencias traumáticas muy tempranas. También hablamos de pobre control de los impulsos.

“la simiente psicológica del maltrato se siembra en una época muy temprana de la vida, incluso durante la primera infancia. El desarrollo de la personalidad violenta es un proceso gradual que dura años. Las principales fuentes son: la humillación, especialmente a manos del padre, el apego inseguro a la madre y la experiencia directa del maltrato en el hogar. Ningún factor basta por sí solo para crear la personalidad violenta, esos elementos deben existir simultáneamente para que se desarrolle dicha personalidad. Creando un potencial para la violencia que es configurado y refinado por experiencias posteriores, pero que surge en una edad temprana”

En el caso de los golpeadores cíclicos suelen pertenecer a la categoría diagnóstica borderline o TLP individuos proclives a establecer relaciones intensas e inestables caracterizadas por una actividad destinada a perjudicar y manipular al otro al tiempo que se depende afectivamente de él. Presentan además exigencias interminables unidas a abuso de sustancias e impulsividad.

Un hombre golpeador (violento) puede poseer las siguientes características:
  • El hombre violento se maneja en forma general a través de actitudes de manipulación y control. Bajo de toda esa fuerza hay un ser frágil, que se vive asimismo como desvalido y fracasado y así experimenta cualquier desafío que viene de su pareja como un aniquilamiento personal. Su aspiración es llegar a controlarla totalmente, incluso lo que ella siente y piensa.
  • Generalmente son amables y encantadores con la mayoría de las personas con excepción de con su víctima
  • No tiene capacidad de dialogar toda pasa por violencia o discusión.
  • El juego de poder y deseo de control: Un marido abusivo aspira a ejercer un poder y control total sobre la esposa, tenerla así dominada es una forma de alimentar una precaria seguridad en un hombre que en el fondo se siente inepto y vulnerable.
  • Viven en una montaña rusa emocional, experimentando una mezcla de ira y celos en forma cíclica.
  • Posibles rasgos de personalidad psicopáticos (falta de compasión hacia los otros) y pueden llegar a tener creencias sobrevaloradas.
  • Muchos hombres violentos vienen de una vida frustrada, por que aprendieron que la forma de conseguir las cosas es ejerciendo el poder sobre el otro.
  • Suelen presentar temor a la intimidad, tanto si se sienten abandonados como absorbidos.
  • No pertenece exclusivamente a una clase social determinada. Un hombre violento se puede encontrar tanto en la pobreza como en la clase alta.
  • Debemos saber que el hombre golpeador es socialmente cortes, se muestra tranquilo y con perfil bajo a tal punto que nadie puede creer que ese hombre tan encantador o tan tranquilo golpee a su familia.
  • Es víctima de su educación familiar recibida desde niño, o haber presenciado escenas de agresión física o psicológica de su padre a su madre. Como también haber crecido en un hogar donde sus padres no le impusieron límites.
  • Es machista por excelencia, y esto debido a que desde hace muchos años el hombre ha sido educado para sentirse superior a la mujer.
  • Toda diferencia en la vida de la pareja es vivenciada por el hombre violento como una amenaza real y usa la violencia para establecer el equilibrio, que según sus creencias y mitos, le hacen perder el poder.
  • Es inseguro, es enfermo de lo los celos, esa inseguridad que posee lo lleva a accionar violentamente, someter a la mujer y no permitir que ella salga a trabajar o socialice mucho.
  • Tiene dificultades para controlar sus emociones, por lo tanto no puede controlar sus impulsos.
  • Tolera muy poco las frustraciones, pretenden que las cosas se hagan a su manera y si las cosas no le salen así se desborda.
  • La mayoría de estos hombres tienen problemas con el alcohol y las drogas.
  • El hombre violento tienen una confusión muy grande entre lo que es el amor, el deseo sexual y el poder, así y dejando el amor de lado (en general lo dejan) el sexo es utilizado como poder. En realidad, cada conquista es vivida como el triunfo ganado en la batalla. El poderoso triunfa, el débil se somete. Y lo de siempre: " el hombre arriba, la mujer abajo".
  • El hombre violento está aislado emocionalmente y todo producto de una represión en su formación (los hombres no lloran, los hombres tienen que ser fuertes). Fuera de la casa "usará" el modelo machista cargado de ideas sexistas.
  • Baja autoestima. Se siente inseguro, tanto en el papel de hijo como en el de padre, amante y/o esposo.
  • Depresión. Es frecuente que sufran estados tristeza o ansiedad.
A muchos hombres les da vergüenza hablar de su agresividad. Y cuando sienten vergüenza, su ira aumenta. El tratamiento dentro del abordaje del hombre violento se dificulta por su falta de empatía, donde a su vez trata de externalizar la culpa como forma de justificar su conducta. Es de destacar cómo eluden el pedido de ayuda, y tampoco se hacen responsables. El "problema" lo vivencian como originado fuera de ellos, y así lo atribuyen a infinidad de circunstancias (falta de trabajo, los hijos, la pareja, etc.)

“El agresor es callado, no habla sobre sus problemas, tiene muy en claro cuáles son las flaquezas de su pareja, ignora las consecuencias de sus actos y racionaliza los mismos, convenciéndose a sí mismo que no ha hecho nada malo o que la situación de violencia no volverá a repetirse”.

Amor con violencia no es amor

viernes, 10 de junio de 2016

Psiquiatría Geriátrica

La senectud influye en la presentación clínica y el tratamiento de la enfermedad psiquiátrica. Así, se encuentra que la depresión del anciano, frecuentemente, se acompaña de trastornos cognoscitivos y la esquizofrenia de síndromes persecutorios. Asimismo, los cuadros clínicos tales como la parafrenia, el síndrome de Cotard, la llamada parasitosis delirante, el síndrome de Charles Bonnet y las alucinaciones musicales, son más comunes en la tercera edad. La aparición de tales cuadros pareciera estar relacionada al envejecimiento cerebral y al aumento consiguiente de la patología cerebral de todo tipo. Adicionalmente, el metabolismo lentificado del anciano también causa dificultades terapéuticas: por ejemplo, los neurolépticos con más frecuencia producen diskinesia tardía; los benzodiacepínicos, déficit cognoscitivo; los antidepresivos (aquellos con efecto antimuscarínico), disturbios del ritmo cardíaco y estados confusionales agudos.
En países con alto nivel económico, la expectativa de vida ha aumentado a más de 75 años; y el consecuente aumento de sujetos en la tercera edad ha incrementado también la incidencia de enfermedades propias de la vejez, y en algunos países se habla ya de una "epidemia de demencia". El ser humano envejece debido tanto a desorganización celular de origen genético cuanto a la acción de noxas físicas y psicológicas. En contraste con las sociedades de otrora, la moderna ha devenido incapaz de integrar al anciano en roles sociales útiles. Esto causa en él sentimientos de aislamiento, inutilidad y desamparo, acrecentando el estrés psicológico. La tercera edad no está exenta de ningún cuadro clínico-psiquiátrico, de novo o como herencia del pasado. Entre los primeros se encuentran las patologías orgánicas y psicóticas. Es interesante observar que la ansiedad generalizada, fobias, pánicos, trastornos obsesivos compulsivos, la conversión histérica y la hipocondría, rara vez aparecen inicialmente en la tercera edad; y cuando lo hacen, casi siempre anuncian la presencia de depresión o demencia temprana.

Todos estos rasgos clínicos hacen de la psiquiatría del anciano una práctica sui géneris, y en muchos países avanzados ha llegado a constituir una especialidad aparte llamada psicogeriatría, geriatría psiquiátrica o psiquiatría de la tercera edad. En realidad, lo que interesa no es el nombre sino que el psiquiatra especializado en esta área sea consciente de las diferencias clínicas que separan los cuadros clínicos de la tercera edad y que sepa organizar sistemas de prestación de servicios adecuados para este grupo. Debido a la alta prevalencia de polipatología física en el anciano, es esencial que los psicogeriatras trabajen conjuntamente con geriatras y gerontólogos. No es necesario enfatizar que los sujetos en la tercera edad tienen el mismo derecho a la vida que el resto de los humanos y que, además, son un reservorio importante de experiencia y conocimiento. Por lo tanto, no merecen el nihilismo terapéutico que la profesión médica a veces ha mostrado frente a sus problemas.

CUADROS CLÍNICOS COMUNES

1. TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD.

Por razones intrínsecas (que tienen que ver con los cambios propios de la vejez y/o con enfermedad física o mental) o por razones extrínsecas (que tienen que ver con la actitud social), el anciano puede desarrollar rasgos agresivos, paranoides o antisociales; retraerse del medio social y volverse disfórico, irritable y taciturno. Con frecuencia, esto interfiere con su competencia psicosocial y provoca el rechazo familiar y social. Tales cambios de personalidad pueden ser una exageración de rasgos caracterológicos, o anunciar enfermedades tales como la depresión, hipomanía secundaria (a estados orgánicos), demencia temprana, tumores cerebrales, epilepsias de comienzo tardío con focalización en el lóbulo temporal, trastornos metabólicos y endocrinos. Duelos (a veces) patológicos resultantes del aislamiento producido por la jubilación, la pérdida de estatus social o la viudez, son otras causas de cambios en la personalidad y el comportamiento. Si los cambios de personalidad son secundarios, la enfermedad de fondo deberá tratarse con energía. Así, se sabe que las depresiones tienden a cronificarse y necesitan tratamiento vigoroso, incluso con terapia electroconvulsiva. Las hipomanías requieren manejo urgente con neurolépticos y litio. Las epilepsias deben tratarse en forma convencional teniendo en cuenta que, aun en dosis terapéuticas, el fenobarbital y las hidantoínas producen déficit cognoscitivos y trastornos del equilibrio debido a síndrome cerebeloso subclínico; en estos casos, se preferirá el valproato sódico o la carbamazepina. Si los cambios de personalidad son primarios, es decir, parecieran ser una exageración de rasgos caracterológicos previos, se deberá ofrecer tratamientos psicológicos y apoyo familiar.

2. ANSIEDAD GENERALIZADA, FÓBICA Y ATAQUES DE PÁNICO

Es extremadamente raro que aparezcan por primera vez en la vejez. Como en el caso de los trastornos de personalidad, las causas más frecuentes son la depresión y la demencia temprana. Por lo tanto, es mala práctica clínica el recetar benzodiacepínicos o beta-bloqueadores (particularmente los no específicos). Incluso cuando no se encuentren síntomas depresivos, es sensato en el anciano ansioso o fóbico administrar primero drogas antidepresivas.

3. CUADROS OBSESIVOIDES

La enfermedad obsesivo-compulsiva es extremadamente rara en el viejo, mas no los síntomas obsesivoides. Más que exageraciones de rasgos premórbidos, tales síntomas tienden a reflejar patología funcional u orgánica; por ejemplo, las demencias, tumores cerebrales y accidentes cerebro-vasculares liberan conductas anancásticas. Aun cuando estas conductas se pueden interpretar psicodinamicamente (como esfuerzos para controlar el entorno social y físico), es más probable que resulten de una desinhibición de programas cerebrales vestigiales. Si el cuadro de base es depresivo, son de gran utilidad los antidepresivos con base serotoninérgica (e.g. clomipramina, fluvoxamina). Aun cuando ha habido poca investigación fáctica sobre el valor positivo de las terapias psicológicas en los síntomas obsesivoides de la tercera edad, éstas deben utilizarse cuando la medicación produce efectos colaterales inaceptables.

4. CUADROS HISTÉRICOS E HIPOCONDRÍACOS

Son casi siempre secundarios a la depresión y a los estados orgánicos. Conductas histriónicas y disociaciones histéricas son aún comunes en ancianos cuyo funcionamiento intelectual premórbido y educación fueron limitados y su origen social es bajo. Las quejas hipocondríacas persistentes pueden dominar las depresiones de la tercera edad. Las más frecuentes son dolores generalizados, miedo a tener cáncer, caídas, trastornos del sueño y estreñimiento. Una vez más se debe asumir que hay una depresión de fondo y recetar antidepresivos. En estos casos las drogas más efectivas son los inhibidores de la monoaminoxidasa (Fenelzina y Tranilcipromina, y cuando éstas no se encuentran, moclobemida). Estas substancias se deben administrar con cuidado debido a sus interacciones con varios alimentos y otras drogas. Si hay delusiones hipocondríacas marcadas o un síndrome de Cotard (la creencia de estar muerto, o no tener entrañas, etc.) es mejor administrar inmediatamente terapia electroconvulsiva.

5. ESQUIZOFRENIA DE INICIO TARDÍO

El diagnóstico de los cuadros psicóticos puede ser difícil en la tercera edad, particularmente porque las delusiones y alucinaciones (indicadores importantes de estas enfermedades) se presentan en una variedad de situaciones clínicas. Por ejemplo, las alucinaciones visuales se pueden dar en estados orgánicos cerebrales (síndrome de Charles Bonnet) y en deprivación sensorial (tal como la causada por la cirugía ocular). Alucinaciones auditivas y musicales son comunes en sordera, tinnitus y otras patologías del oído interno. También se da el caso que sordera y ceguera parcial pueden llevar a delusiones paranoides. Por lo tanto, siempre hay que cerciorarse de que ancianos con delusiones y/o alucinaciones no sufran de patología orgánica, que las características fenomenológicas de sus síntomas correspondan a aquellas de las psicosis funcionales (por ejemplo, sin conciencia de enfermedad, sistematización de las delusiones, etc.).

En la práctica clínica se encuentran ancianos con síntomas positivos (frecuentes) y negativos (infrecuentes) de esquizofrenia. En algunos casos el enfermo ha tenido su primer brote hace veinte o treinta años; en otros (muy raros) el inicio es reciente. El diagnóstico diferencial de la esquizofrenia de comienzo tardío se debe hacer con los cuadros paranoides de la vejez, los estados confusionales sub-agudos, las psicosis orgánicas sin trastorno de la conciencia y las manías atípicas.

6. ESTADOS PARANOIDES.

Los más comunes consisten en delusiones persecutorias limitadas a un tema (por ejemplo, ser víctima de robo); otros, más floridos, incluyen en el sistema paranoide a autoridades y personajes públicos. Las erotomanías, es decir, la delusión de ser amado en secreto por alguna persona importante, son comunes en mujeres maduras pero devienen raros en la senectud. Sólo algunos de estos cuadros son primarios; la mayoría son secundarios a depresión, sordera y ceguera parciales y demencia. Esta última crea desconfianza y actitudes paranoides a través del olvido que efectivamente hace que el anciano pierda control de su entorno. En otros pocos casos el desarrollo paranoide es una reactivación de rasgos premórbidos. La trifluoperazina y la pimozida son de utilidad en estos casos pero debe prestarse atención a sus marcados efectos colaterales. La terapia electroconvulsiva es de poca utilidad y más bien incrementa los miedos paranoides. Los antidepresivos pueden ayudar cuando el cuadro paranoide es secundario a la depresión. La audición del enfermo puede mejorarse con los aparatos acostumbrados. Si hay cataratas, se deberá operar por lo menos un ojo, pero es esencial el preparar al enfermo para prevenir confusión y respuestas paranoides postoperatorias. En el caso de demencia, es posible utilizar técnicas de reorientación hacia la realidad y otras formas de ayuda a la memoria que lleven al enfermo a controlar su entorno.

7. PARASITOSIS DELIRANTE

Enfermedad que comienza con quejas (al principio plausibles) de que el domicilio del enfermo está infestado con parásitos además de pedidos repetidos a las autoridades sanitarias por fumigaciones, y, a veces, cambios de casa. En una segunda etapa, la enferma (la enfermedad es más común en mujeres) procede a afirmar que los parásitos ahora viven y ponen huevos debajo de su piel. Así, la sintomatología, con frecuencia, combina delusiones y alucinaciones tactiles (a veces visuales, cuando la enferma afirma ver los parásitos y trae a la consulta una caja de fósforos con costras y otros detritus epidérmicos). El médico puede encontrar difícil establecer una relación terapéutica positiva con estos enfermos ya que no tienen conciencia de enfermedad. Es importante, sin embargo, examinarlos físicamente porque a veces padecen de enfermedades sistémicas o de cáncer (particularmente pulmonar). En los casos llamados idiopáticos el tratamiento con Pimozida da buenos resultados.

8. DEPRESIÓN Y MANÍA

Depresiones unipolares y bipolares, manías unipolares y secundarias, y síndromes afectivos de origen orgánico, son comunes en la tercera edad, y todos pueden acompañarse de déficit intelectuales más o menos transitorios. Asimismo, hay en el anciano una tendencia a las recaídas frecuentes y prolongadas y resistencias al tratamiento. Las depresiones (y manías) se combinan a veces con infartos cerebrales, demencia temprana, carcinoma de pulmón y de páncreas, trastornos endocrinos y epilepsia de comienzo tardío (con foco temporal en el hemisferio no dominante). Las melancolías involutivas de otrora (temidas por su severidad y complicaciones) no son más que depresiones psicóticas refractarias. En algunos casos el retardo psicomotor lleva al estupor depresivo, caracterizado por una inhibición tanto de la conducta espontánea como reactiva. El anciano estuporoso deja de comer y beber; se deshidrata rápidamente, se vuelve gatoso, tiene respiración superficial y ventilación inadecuada, y muere de bronconeumonía. Esta enfermedad es, por lo tanto, una urgencia psiquiátrica que requiere ingreso inmediato al hospital y terapia electroconvulsiva.

A veces el enfermo deprimido se dice estar muerto, no tener cabeza, o tener los intestinos putrefactos, etc., es decir, tiene un síndrome de Cotard. Los delirios nihilistas o de negación casi siempre reflejan una melancolía profunda (aun si no hay síntomas específicos afectando el humor) y requieren terapia electroconvulsiva inmediata ya que el riesgo de suicidio es extremadamente alto. En general, amenazas de suicidio en el varón anciano, particularmente si hay depresión o enfermedad física crónica, deben tomarse muy seriamente. Las depresiones asociadas con infartos del lóbulo frontal a veces responden a la nortriptilina.

Más comunes que las anteriores son, sin embargo, las depresiones crónicas moderadas, que no siendo suficientemente severas como para requerir hospitalización, son muy incapacitantes. En el pasado se las consideró como neuróticas y se aconsejaba el manejo psicoterapéutico, pero hoy en día no se acepta tal concepto. Muchas veces estos enfermos tiene historia familiar de trastornos del afecto y responden bien a los inhibidores de la monoaminooxidasa.

Las manías son comunes en el viejo ya sea porque la enfermedad bipolar se agrava con la edad o porque hay un aumento neto en lesiones, particularmente del hemisferio no dominante, que llevan a manías secundarias. En general, las manías tienen una presentación clínica atípica en el anciano con irritabilidad, hiperactividad, disforia, confusión y actos tales como ofensas sexuales bizarras y robos obvios. Es frecuente el insomnio, la fatiga, y la deshidratación que mina rápidamente el estado físico del enfermo y puede llevar a la muerte. A veces su presentación consiste únicamente en confusión y déficit cognoscitivo, considerándose erróneamente como demencia. El diagnóstico diferencial en estos casos se debe hacer con la presbiofrenia, es decir una variante clínica de la enfermedad de Alzheimer en la cual (debido a atrofia marcada del locus ceruleus) hay desinhibición, hiperactividad y conducta hipomaníaca y confabulatoria.

El tratamiento de la manía del anciano no es fácil. El haloperidol, en combinación con litio es el tratamiento de elección, ya sea que se trate de una manía primaria o secundaria. El anciano es, sin embargo, particularmente vulnerable a los efectos colaterales tanto agudos (distonía y parkinsonismo) como crónicos (diskinesia tardía). Las drogas antimuscarínicas, aun cuando contrarrestan algunos de estos síntomas, también inducen síndromes anticolinérgicos (confusión, hiperactividad, alucinaciones visuales, fiebre). El litio debe recetarse con cuidado en vista de la merma renal en el anciano. Es importante dar dosis bajas y controlar regularmente la función renal y tiroidea. El litio se deposita (después de algunos años) en los huesos y puede producir fracturas patológicas. Si la manía no cede, es preferible dar tres o cuatro electrochoques que persistir con el tratamiento farmacológico. La Carbamazepina o el valproato sódico son buenos reemplazos para el litio, cuando éste último produce efectos colaterales o no controla la enfermedad. En el caso de las manías secundarias, es importante identificar la enfermedad de base.

9. SÍNDROMES MENTALES ORGÁNICOS

El concepto de síndrome mental orgánico ha desaparecido del DSM IV, pero sigue siendo útil en psicogeriatría para referirse a síntomas psiquiátricos que resultan de enfermedad neurológica. En general, la reducción en reserva cerebral de la senectud aumenta la probabilidad de estados confusionales agudos (delirium), demencias, síndromes amnésicos, síndromes orgánicos afectivos, delirantes, alucinatorios y ansiosos. También el alcoholismo y el abuso de drogas (particularmente de barbitúricos y benzodiacepinas) son causa común de delirium, tanto durante la intoxicación aguda y crónica cuanto durante la abstinencia forzada. La medicación cardíaca (v.g. beta bloqueadores), endocrina (v.g. tiroxina) o neurológica (v.g. antiparkinsonianos) contribuye también al desarrollo del delirium y, en el caso de los anticolinérgicos, puede llevar a estados prolongados de déficit cognoscitivo.

9.1. Delirium. Aun cuando es el síndrome orgánico más común en el anciano, el delirium puede pasar inadvertido debido a su corta duración, a su carácter fluctuante o porque con frecuencia se combina con demencia. En el cuadro completo de delirium, el enfermo muestra disturbios de la conciencia, desorientación en el tiempo y en el espacio, ilusiones y alucinaciones (particularmente visuales), delirios paranoides, ansiedad (a veces terror), estados depresivos o euforia, y cambios en el comportamiento motor que van de la quietud a la hiperactividad, agresión y esfuerzos por escapar de enemigos imaginarios. Los cuadros parciales son más comunes. El delirium es fluctuante, mejora en la mañana y empeora en la noche y es acentuado por estados de deprivación del sueño y de reducción marcada en la estimulación sensorial.

En el anciano, el delirium también puede resultar de infecciones intercurrentes, drogas (tanto medicación cuanto drogas de abuso), y cambios ambientales (por ejemplo una mudanza). No parece haber una asociación clara entre personalidad, severidad de la enfermedad y el delirium. Al enfermo se le debe cuidar en una pieza separada, con luz, ventilación y estímulos ambientales adecuados (fotografías de parientes, televisión, radio, etc.); y, durante los momentos lúcidos, se le debe reasegurar que no se está volviendo loco. Se debe procurar que duerma bien en las noches y esté despierto durante el día (una inversión del ritmo del sueño es frecuente en el delirium). Cuando el enfermo se pone agresivo, amenaza con quitarse la vida o interfiere con el tratamiento médico (por ejemplo, impidiendo la instalación de vías intravenosas), es imperativo tranquilizarlo. Nunca se debe recetar benzodiacepínicos o barbitúricos. Los neurolépticos, particularmente el Haloperidol en dosis de 5 a 20 miligramos diarios, son útiles (la primera dosis debe ser intramuscular). La clorpromazina es igualmente útil y tiene más capacidad de sedar al enfermo agitado, sin embargo, causa hipotensión arterial y puede llevar a trastornos hipotalámicos tales como pirexia o hipotermia; y en el enfermo con umbral epiléptico bajo puede inducir una crisis convulsiva. La dosis de clorpromazina es de 50 a 100 miligramos, intramuscular (de acuerdo al peso del paciente y severidad del cuadro), y luego, de 50 miligramos oral, tres veces al día. Ocasionalmente, y después de una mejoría relativa, los enfermos quedan con delirios paranoides residuales. Antes de que estos se cronifiquen, y dependiendo de si son lo suficientemente intensos (para interferir con la vida normal) deben tratarse enérgicamente con neurolépticos o terapia electroconvulsiva (con frecuencia, dos o tres aplicaciones es suficiente).

9.2. Demencias. La demencia es un síndrome o vía común final que resulta de múltiples causas y enfermedades. Sus síntomas principales son el déficit de memoria de retención y de memoria remota, de capacidad de juicio y de pensamiento coherente, y a la larga una desintegración marcada de la personalidad, con dislocación severa de la conducta, alucinaciones y delusiones y finalmente gatismo, problemas de nutrición, inanición y muerte. Dependiendo de la etiología se encontrarán también síndromes corticales (afasia, dispraxia, agnosia) y afectivos (depresiones, euforias). A veces, también, se encuentran trastornos motores (de tipo Parkinson) y déficits sensoriales (v.g. anosmias). La enfermedad de Alzheimer se ha convertido en el arquetipo descriptivo de las demencias, y esto ha creado problemas en la distinción sintomática de las otras formas.

Una clasificación (funcional y transversal) divide las demencias en corticales y subcorticales, pero estudios longitudinales muestran solapamientos clínicos; por ejemplo, el síndrome subcortical de los enfermos con Corea de Huntington pronto desarrolla compromiso cortical. Clasificaciones etiológicas dividen las demencias en vasculares y no-vasculares. Una combinación de estas dos clasificaciones da lugar a cuatro categorías: vascular-cortical (por ejemplo la demencia multi infarto), vascular-subcortical (los estados lacunares de la substancia blanca o enfermedad de Binswanger); no-vascular-cortical (enfermedad de Alzheimer); y no-vascular-subcortical (la demencia de la parálisis supranuclear progresiva o de la enfermedad de Parkinson). Otras formas etiológicas de la demencia muestran combinaciones de síntomas más o menos específicas; por ejemplo, las llamadas demencia pugilística, dialítica, neurosifilítica, hidrocefálica, mixedematosa y traumática y los interesantes cuadros ahora llamados degeneraciones espongiformes (por ejemplo de Creutzfeld-Jacob) y la enfermedad de Pick. Todavía se debate si el alcoholismo y la epilepsia pueden, de por sí, producir estados demenciales.

Existe una tercera clasificación (pronóstica) que divide a las demencias en reversibles e irreversibles. La diferencia psicopatológica entre estos dos grupos es mínima, y si las primeras no se identifican y tratan rápidamente, pronto devienen irreversibles. Aproximadamente un 10% de ancianos que se presentan por primera vez al médico con un síndrome demencial pueden sufrir de demencia reversible.

Demencias reversibles. Las seis causas más comunes son la deficiencia de vitamina B12, mixedema, hematoma subdural crónico, hidrocéfalo a tensión normal, tumores cerebrales y las llamadas pseudodemencias (histérica, ganseriana y afectiva, siendo la más común la última).

La deficiencia de vitamina B12 causa anemia perniciosa, degeneración combinada subaguda de la médula espinal, delirium, y un cuadro demencial. En el caso de la demencia, y por razones obscuras, el 25% de casos con valores séricos bajos de vitamina B12 no se acompañan de anemia megaloblástica. El electroencefalograma muestra enlentecimiento inespecífico en el 60% de los casos. Así, en un enfermo con historia de gastrectomía por úlcera duodenal, que desarrolla un síndrome demencial en un plazo corto (3 meses), con un EEG patológico y con tomografía axial computarizada que muestre apenas mínima atrofia cortical, debe sospecharse deficiencia de B12, aun si no hay megaloblastos en sangre. Si se comprueba el diagnóstico se debe comenzar inmediatamente con inyecciones semanales de 1000 unidades de B12 y continuarlas de por vida.

La demencia del mixedema comienza con retardo psicomotor, letargo y a veces depresión. Los signos del mixedema pueden ser enmascarados por aquellos de la vejez; por lo tanto, en todo anciano enlentecido, paranoide y con déficit de memoria se debe estudiar la función tiroidea. Tratamiento con tiroxina mejora el cuadro sólo si éste no esta muy avanzado. Por otro lado, a diferencia de la forma aguda, el hematoma subdural crónico rara vez tiene antecedente de trauma craneano y se presenta con demencia progresiva y confusión fluctuante acompañada a veces de mutismo. La atrofia cortical pareciera estirar las venas emisarias y cualquier aceleración angular del cerebro puede causar un desgarro venoso y sangrado lento, con acumulación de coágulos que, por razones desconocidas, pueden ser bilaterales en cerca del 20% de los casos. En los unilaterales, la radiografía anteroposterior de cráneo puede mostrar un desplazamiento lateral de estructuras calcificadas; en los hematomas bilaterales, debe utilizarse la tomografía axial computarizada. La evacuación del coágulo cura al enfermo.

El hidrocéfalo a tensión normal está caracterizado por una demencia de curso rápido, gatismo temprano, apraxia del comienzo de la marcha (el enfermo parece magnetizado al piso) y mejoría transitoria de la demencia si se aspiran 30-50 cc de líquido cefalorraquídeo. En 40% de casos hay antecedentes de meningitis infantil o hemorragia subaracnoidea. Si los ventrículos laterales están dilatados y no hay atrofia cortical, un shunt con válvula (ya sea ventrículo-atrial o espino-peritoneal) puede mejorar al enfermo. Los resultados de la operación son dramáticos, particularmente en casos en los cuales el defecto de la marcha antecede a la demencia.

Una presentación frecuente del tumor cerebral (particularmente del meningioma) y de otras lesiones expansivas lentas es la demencia progresiva sin signos neurológicos periféricos, crisis epilépticas o cefaleas matutinas. A veces, ni siquiera se encuentra edema de papila. Localizaciones del tumor en el lóbulo frontal o en el cuerpo calloso producen desorganización cognoscitiva sin déficit marcado de la memoria. Por otra parte, tumores del lóbulo temporal, particularmente los invasivos, producen trastornos severos de la memoria. En general, la incidencia de tumores cerebrales, tanto primarios como metastásicos, aumenta con la vejez y puede llegar a 90 por 100, 000 de la población. El diagnóstico, a veces, sólo se hace en autopsia o cuando los signos de hipertensión endocraneana aparecen tardíamente. La cirugía en estos casos da buenos resultados.

Finalmente, las pseudodemencias son un grupo de trastornos en los cuales predominan formas atípicas de déficit cognoscitivo. En aquellos raros casos relacionados a la histeria disociativa o al llamado síndrome de Ganser, es difícil demostrar cambios cognoscitivos reales y es posible que haya simplemente una incapacidad o bloqueo expresivo. En el caso de la depresión o la manía, sin embargo, hay suficiente evidencia que el déficit es real. En estos casos la depresión debe tratarse enérgicamente con terapia electroconvulsiva.

Demencias irreversibles. La demencia cortical más común es la de Alzheimer; menos comunes son las de Pick y las formas virales-espongiformes lentas, tales como la de Creutzfeld-Jakob. Cuando la enfermedad de Alzheimer se presenta antes de la edad de 60, el cuadro es más típico, más maligno y frecuentemente de origen genético; la de presentación más tardía es de curso lento y se confunde a veces con la vejez. Ambas presentaciones estan acompañadas por atrofia del núcleo basal de Meynert y disfunción colinérgica. A veces hay también cuerpos de Lewy y, en estos casos, se dice que hay más tendencia a las alucinaciones, a la fluctuación de síntomas y al parkinsonismo. Esfuerzos para mejorar la enfermedad a través de un aumento de la función colinérgica han fallado, incluyendo el uso de tacrina, la substancia que inhibe la colinesterasa y así aumenta la biodisponibilidad de la acetilcolina al nivel del receptor muscarínico M4; la mejoría producida por esta droga, aunque estadísticamente significativa, no se traduce en cambios clínicos útiles.

Enfermedad de Alzheimer. Muestra un primer período de demencia temprana, con cambios en la personalidad y déficit cognoscitivos leves; un segundo período con clara disfunción de la memoria de retención y el comienzo de la discapacidad social; y, un tercero con desintegración total de las funciones intelectuales. Durante el estadio terminal el enfermo muestra desnutrición, dificultades motoras, atrofias musculares, y gatismo. Se han descrito como subtipos de la enfermedad de Alzheimer la llamada de cuerpo de Lewy, las afasias progresivas, y las demencias semánticas, etc. No está claro aún si estos cuadros tienen nosología propia o son variantes aleatorias en el curso de una misma enfermedad.

Enfermedad de Pick. Consiste en atrofias localizadas, ya sea del lóbulo frontal o temporal, que llevan a cambios tempranos en la personalidad y, más tarde, a problemas cognoscitivos. Es un cuadro raro y no tiene tratamiento conocido.

La enfermedad de Creutzfeld-Jakob tiene hasta tres formas: una fulminante, otra subaguda y la crónica. La primera desarrolla en semanas, produce cambios cognoscitivos catastróficos y se acompaña de mioclono, síntomas motores y cerebelosos y acaba con el enfermo en menos de seis meses. La forma subaguda puede demorar más de un año; y, la crónica, hasta diez años y se puede confundir con otras formas de demencia. Los tres cuadros son causados por un virus lento y transmisible. No hay tratamiento conocido aun cuando agentes anti-virales se han usado ocasionalmente.

Demencia multiinfarto es una complicación de accidentes cerebrovasculares escalonados; se ha sugerido que aparece cuando la cantidad de masa cerebral destruida sobrepasa los 100 cc; este umbral teórico, sin embargo, está influenciado por factores tales como nivel intelectual premórbido, localización de los infartos y respuesta afectiva del paciente. En general, estos enfermos muestran signos de lateralización neurológica y, por lo tanto, el diagnóstico es obvio; pero ocasionalmente los infartos ocurren en áreas silenciosas y no dan signos periféricos. La demencia vascular tiende a estar acompañada de conciencia de enfermedad, se complica frecuentemente con síntomas de depresión (particularmente cuando afectan el polo frontal izquierdo) y responde a la nortriptilina. En un buen número de enfermos hay antecedentes de hipertensión arterial. Los llamados dilatadores vasculares son inútiles en el tratamiento de estas formas de demencia, porque no hay evidencia de que mejoren el consumo neuronal de oxígeno. A veces, los vasos comprometidos no son las grandes arterias de la corteza, sino las arteriolas penetrantes de la base del cerebro y, como resultado, el enfermo muestra una destrucción lacunar y reblandecimiento de la substancia blanca. Las características clínicas de este cuadro son típicas en lo que se ha llamado demencia subcortical, e incluyen retardo psicomotor, apatía, falta de iniciativa, dificultades con la organización cronológica de la memoria, incapacidad de planear rutinas psicomotoras y ausencia de afasia, apraxia y agnosia.

CONCLUSIONES

La psiquiatría geriátrica se ha convertido ya en una sub-especialidad separada. En el anciano, los cuadros psiquiátricos toman formas atípicas y el tratamiento de los mismos debe tomar en cuenta las mermas metabólicas y las enfermedades sistémicas de la vejez. En los países con alto nivel económico ha habido una prolongación de la sobrevivencia y una acumulación de sujetos de tercera edad. Los cuadros clínicos más comunes son los orgánicos; pero patologías cerebrales también complican los cuadros funcionales. Las variables psicosociales afectan marcadamente la expresión y el manejo de la enfermedad psiquiátrica en el anciano, pero es erróneo exagerar los aspectos psicodinámicos de la vejez a expensas de la dimensión orgánica. El pesimismo terapéutico de antaño hay que abandonarlo. El diagnóstico diferencial de la demencia es esencial en el anciano, ya que permite identificar cuadros curables. Los tratamientos psiquiátricos, particularmente los farmacológicos, tienden a causar efectos colaterales específicos y hay que ganar experiencia en su uso; la terapia electroconvulsiva es siempre más segura. En general, el médico debe recordar en todo momento que, alguna vez, él también será un anciano y, entonces, querrá ser tratado con la seriedad y pericia científica que su edad y enfermedad se merecen.


Fuentes: Manual de Psiquiatria "Humberto Rotondo" Perales, Alberto, ed.

Sugerencias:

1. BERRÍOS, G. E. "The nosology of the dementias". In: PITT, B. (Ed). Dementia. London, Churchill Livingstone, 1987, pp. 19-51.
2. Berríos, G. E. "Psychotic symptoms in the elderly: concepts and models". In: KATONA, C. & LEVY, R. (Eds.). Psychotic symptoms in the elderly. London, Gaskell, 1992, pp. 3-14.