miércoles, 18 de abril de 2018

Guia para Padres: ¿Cómo Ayudar a su Hijo ante la Separación o Divorcio?

Se recomienda a los padres a que afronten la separación con la madurez suficiente, de manera pacífica y respetuosa, asumiendo que la estabilidad de sus hijos depende en gran medida de ellos.
Algunas pautas de actuación para padres que se separan:

1. Los padres deben ayudar a los hijos a que entiendan que sus hábitos de vida van a cambiar y que tendrán que construir sus nuevas rutinas. Los niños deben acostumbrarse a disponer de uno u otro, en casas y ocasiones distintas. La normalidad en la vida de los padres provoca normalidad en la vida de los hijos.

2. No se puede ignorar de que las emociones suelen estar revueltas en la familia cuando hay una separación de la pareja. Los padres deben ayudar a sus hijos a que comprendan que sentimientos como la inseguridad, el miedo o el desánimo pueden aparecer y cómo pueden controlarlos. Los padres deben encauzar sus propios sentimientos para así poder ayudar luego a sus hijos a hacer lo mismo.

3. Los padres deben dejar claro a sus hijos de que los padres se divorcian, los hijos no.

4. Los padres deben evitar llevarse por sentimientos negativos, de comentarios despreciativos hacia su ex-pareja. Eso puede causar mucho daño y malestares a los niños, pudiendo alterar su conducta, alimentación o sueño.

5. Los progenitores que tras la separación se ven obligados a asumir tareas y responsabilidades que antes nunca habían tenido, e incluso limitaciones económicas, deben estar conscientes de que lo que sus hijos más necesitan es de atención, de apoyo, de su presencia, afecto, amor… Hay que aceptar y asumir la nueva realidad en lugar de rumiar lo que ya no podrán cambiar. Los niños saben leer el rostro, los silencios y los sentimientos de sus padres.

6. Los padres deben hablar a los hijos sobre su separación sin dar demasiadas explicaciones y sin atribuir culpables. No se puede subestimar la capacidad de sus hijos para entender lo que está ocurriendo. Lo importante es que los niños sepan que sus padres seguirán a su lado y que podrán disponer de ellos cuando lo necesiten.

7. Los hijos no son la terapia de los padres, ni tan siquiera el bastón en el que se apoyen. Cuándo más cueste a los padres superar la ruptura, más le va a costar a su hijo asumirla.

8. Los padres deben estar al tanto de los cambios de conducta de los hijos. Observar si algo ha cambiado en sus hábitos de alimentación, sueño, de estudio. No hay razón para alarmarse. Si los padres se mantienen firmes en su educación y cuidado, todo volverá a la normalidad en muy poco tiempo. No se puede volcarse en exceso en los hijos ni tampoco dejarles hacer lo que quieran.

9. No es lo mismo la separación de los padres para los hijos menores o mayores de tres años de edad. A los más pequeños les cuesta comprender qué ocurre entre sus padres. Por eso es muy importante reiterarles su presencia y no sentirse incapaces de atenderles. De los 3 a los 7 años, los niños ya entienden lo que es la separación y pueden manifestar su dolor con dolores de barriga o cabeza, rabietas, etc. A partir de los siete años y hasta la adolescencia los niños suelen mostrarse indignados, molestos y rabiosos por la separación de sus padres. Los padres deben detener estas conductas para que no se conviertan más severas, imponiendo sus criterios y no desautorizando entre sí mismos.

10. Los padres deben evitar enfrentamientos entre ellos mismos. Vivir enfrentado obliga a odiar y el odio no aporta nada a los niños. Deben evitar ejercer demasiada presión a los hijos, impidiéndoles, por ejemplo, que tengan algún tipo de relación con la nueva pareja de su ex pareja o hablarle mal del otro cónyuge.

Sugerencias para la mejor adaptación:
  1. Como toda adaptación, debe ser lo más gradual posible, por lo que lo más recomendable es tratar de no cambiar radicalmente la forma habitual de vida del niño.
  2. Ayudará comprender los trastornos temporales emocionales del niño, porque tiene que adaptarse a la nueva situación. Explicar al niño los cambios por los que atraviesa, y  tratar de fomentar mucho diálogo.
  3. Los niños pueden hacer algunas de las siguientes acciones para superar los sentimientos de tristeza y/o rabia: gritar, golpear una almohada, dibujar, escribir una historia, escribir un diario, escuchar música, etc.
  4. También resulta muy conveniente que el niño pueda hablar con personas que le puedan ayudar: un profesor, algún familiar, un niño mayor que haya pasado por lo mismo, un psicólogo…
  5. Los padres deben demostrar su amor de muy diversas maneras: estando físicamente cuando el niño lo necesita, escuchando sus preocupaciones, dando besos y abrazos, ayudando y comprendiendo la situación por la que está pasando el niño…
  6. Evitar tipos de educación distintos con cada progenitor. La educación debe ser coherente, consistente y rígida por parte de ambos, es lo más beneficioso para el buen desarrollo del menor.
  7. No es aconsejable que los niños comparen las normas de los padres: “Papá me deja hacer esto…”, “Mamá siempre me da…” pues es muy probable que así no se consiga ningún beneficio.
  8. No permitamos que los niños nos utilicen para poner a un padre en contra del otro y así obtener beneficios de ambos.
  9. Facilitar al niño los encuentros con el otro padre. Tratar de distanciarnos de las dificultades o enfados como pareja y tratar de ser padres que tratan de favorecer el bienestar y buen desarrollo evolutivo de nuestros hijos.
  10. Lo más beneficioso será pactar las visitas, sin horarios rígidos, escuchando la opinión del niño.
  11. Para que las visitas de fin de semana al padre o madre divorciado sean más divertidas y provechosas los niños pueden: hacer una lista de las cosas que les ha pasado desde la última visita; llevarse algún juguete y/o música para estar más a gusto; invitar a algún amigo para que les visite algún rato, etc.
  12. No hablar mal del otro padre. Ser neutral, ellos no tienen por qué ser conocedores de los problemas de nuestra pareja. No forzar al niño a que repudie al otro progenitor o a su familia, aunque nosotros estemos muy enfadados con ellos, esto no beneficia a nuestro hijo, sino lo perjudica.
  13. Hacer que el niño tenga la seguridad de que las personas que le rodean lo quieren, es una función nuestra como padres, pese a que la pareja se haya roto.
  14. Ayudar a establecer una red de apoyo alrededor del niño, es necesario y adecuado que el niño tenga un entorno social en ambos ambientes paternos.
Importante: Puntos claves

1.- Ante culpablizaciones del menor a sí mismo recordarle que:
  • La decisión de separarse es exclusivamente de los padres. Ellos han tomado esta decisión porque creen que es lo mejor para todos los componentes de la familia. Los hijos no han tenido nada que ver en esta decisión.
  • Los padres no se han separado porque el niño se haya portado mal, pues otras veces lo ha hecho y no ha ocurrido así. Esto no tiene nada que ver con la ruptura.
2.- Ante los miedos de sentirse abandonados o no querido:
  • Hacer ver al niño que seguirá disponiendo y contando con los dos padres, en todos los aspectos que precise y necesite aunque ya no vivan juntos.
  • Siempre que tenga un problema o algo le preocupe, podrá hablar con los padres porque ello le hará sentirse mucho mejor y no le reñirán por ello. Es importante que el niño se desahogue y cuente y exprese lo que siente.
  • Aunque los padres se hayan separado, el niño puede igualmente amar y ser amado; no tiene por qué repetirse siempre esa situación.
  • Resaltar al niño cuántas personas se preocupan por él (abuelos, demás familia, amigos, profesores…). Esto es para que borren el miedo a ser abandonados y a quedarse solos porque tienen que darse cuenta que tienen mucha más gente a su alrededor.
3.- Ante la negativa de aceptación de la separación:
  • Vivir con unos padres que están continuamente peleándose es peor que vivir con un padre o madre divorciado.
  • Que los padres se divorcien es un hecho muy triste, pero lo hijos lo superan finalmente.
  • Es normal, que los hijos de padres divorciados echan de menos al padre o a la madre ausentes, pero poco a poco se van acostumbrando.
En la difícil situación de una ruptura es importante recordar como padres ciertos mensajes claves para favorecer la mejor adaptación:
  • No caer en la sobreprotección del hijo por pena, se le ha de seguir tratando como a un niño “normal” de su edad. Si no, no le ayudaremos a crecer, acabará comportándose de forma inmadura y más infantil.
  • Todas las personas tienen virtudes y defectos, los padres también. Hablar del otro padre con argumentos reales, sin enjuiciar por lo que ha hecho.
  • Los puntos más conflictivos de los padres tras la separación son los hijos, el dinero y las nuevas relaciones. Hay que intentar ser objetivo y no poner al niño de su parte. Esto hace que el niño tenga una lucha por no saber ni querer ponerse de parte de ninguno. Todas estas cuestiones deben solucionarse sin involucrar a los niños.
  • No es bueno que los hijos se pongan de parte del padre o de la madre, ya que el divorcio es asunto de los padres.
  • Es preferible que en los días de encuentro no se realicen demasiadas actividades porque si se ocupa todo el tiempo en hacer demasiadas cosas, no quedará tiempo para hablar, comunicarse y decirse cómo se encuentran.
  • No es perjudicial, sino bueno para los niños que vuelva a constituirse una nueva familia, compuesta por una nueva pareja, aunque uno de los dos no sea el verdadero progenitor. Esto reparará los vínculos dañados, aunque requerirá tiempo la aceptación de esa nueva situación por parte de todos.
Recuerda…Nuestros hijos no son un arma contra nuestra expareja, sino son lo que más queremos. Los mayores perjudicados de nuestra falta de entendimiento en los trámites de nuestra separación son nuestros hijos, si nosotros favorecemos su adaptación a la nueva situación será la mayor ayuda que les podemos brindar en ese cambio tan importante y difícil en sus vidas. Distanciate de tu enfado o tristeza por el fracaso de la pareja y continúa adecuadamente la gran labor de educar a tu hijo.



Fuente: Compilador

martes, 17 de abril de 2018

Distorsiones Cognitivas


Las distorsiones cognitivas son también conocidas como pensamientos distorsionados, disfuncionales, negativos, irracionales. Se llaman así porque provocan interpretaciones erróneas del mundo, de uno mismo o de las relaciones, lo cual a su vez puede generar comportamientos auto frustrantes (perfeccionismos, necesidades de aprobación, victimismo) emociones negativas desproporcionadas (ansiedad, ira, depresión) y finalmente mucha infelicidad. Son como una especie de fallos informáticos en nuestro software que provoca que no interpretemos de manera objetiva y efectiva nuestra realidad. Sabemos desde hace tiempo que no son los acontecimientos en sí mismos los que desencadenan nuestras emociones sino la interpretación que hacemos sobre ellos. Es decir, cómo los percibimos y de qué modo los interpretamos.
Las dc son esquemas equivocados de interpretar los hechos que generan múltiples consecuencias negativas: alteraciones emocionales y conflictos en las relaciones con los demás. Detrás de cada sentimiento de tristeza, rabia, miedo o angustia puede haber un pensamiento que está ocultando o disfrazando la realidad. Es por ello que en ciertos trastornos como la depresión, la ansiedad o las fobias, las distorsiones cognitivas juegan un papel principal.

En ocasiones, sin saberlo, las personas cometemos errores con respecto a la evaluación de una situación (distorsión cognitiva) y esta nos lleva a realizar juicios distorsionados sobre la misma. Estos pensamientos distorsionados pueden desarrollar estados de ánimo disfuncionales, generando un gran malestar en la persona. Conocer los errores cognitivos más frecuentes que cometemos nos ayudará a comprender que no siempre la realidad es como uno la cree. Esto nos permitirá desarrollar pensamientos más objetivos, racionales y positivos.

¿Qué son las distorsiones cognitivas y de qué manera nos afectan?

Las distorsiones cognitivas son interpretaciones erróneas de la realidad que llevan al individuo a percibir el mundo de manera poco objetiva, además de disfuncional. Se presentan en forma de pensamientos automáticos y desencadenan emociones negativas que dan lugar a conductas no deseadas o desadaptativas. De este modo se genera un bucle, porque estas conductas disfuncionales acaban reforzando los esquemas cognitivos que las generaron, de manera que la dinámica se mantiene o incluso intensifica.

Existen un gran número de errores cognitivos en los que las personas caemos una y otra vez. A continuación describiré algunos de los más frecuentes, con un ejemplo para que sea más sencillo comprenderlos.

Estos son los tipos de distorsiones cognitivas.

1. Sobregeneralización
A raíz de un caso aislado generalizar una conclusión válida para todo. Ejemplo: “Juan no me ha escrito, la gente siempre se olvida de mí”.

2. Abstracción selectiva
Enfocarse en modo “visión de túnel” únicamente en ciertos aspectos, normalmente negativos y perturbadores, de una circunstancia o persona, excluyendo el resto de sus características y pasando por alto lo positivo de las mismas. Ejemplo: “me he pasado con la sal en los macarrones, soy una cocinera horrible”. “Soy lo peor, he perdido la goma de borrar”, “Seguro que suspendo, se me ha olvidado el bolígrafo de la suerte”.

3. Inferencia arbitraria
Emitir juicios o extraer conclusiones de manera rápida o impulsiva, basándonos en una información incompleta o errónea. Ejemplo: “me dice que no para hacerse la dura, las mujeres son así”.

4. Sesgo confirmatorio
Tendencia a interpretar la realidad de manera que confirme nuestras creencias previas. Ejemplo: “me he equivocado, si es que ya sabía que yo no sirvo para esto”.

5. Falacia de la recompensa divina
Pensar que en un futuro los problemas mejorarán por sí mismos sin tomar una actitud proactiva. Ejemplo: “mi jefe me está explotando, pero estoy tranquilo porque el tiempo pone a cada uno en su sitio”.

6. Lectura de pensamiento
Presuponer las intenciones o cogniciones de los demás. Ejemplo: “me miran porque estoy haciendo el ridículo”.

7. Error del adivino
Creer saber cómo será el futuro y actuar conforme a ello. Ejemplo: “no voy a ir a esa entrevista de trabajo porque sé que no me van a contratar”.

8. Personalización
Suponer que todo lo que la gente hace o dice tiene que ver directamente con uno mismo. Ejemplo: “Marta tiene mala cara, debe de estar enfadada conmigo”.

9. Pensamiento polarizado o dicotómico (todo o nada)
Interpretar los eventos y personas en términos absolutos, sin tener en cuenta los grados intermedios, evidenciado en el uso de términos como «siempre», «nunca», «todos», cuando su uso no está justificado por los acontecimientos propiamente. Ejemplo: “Si no saco un 10 en el examen seré un perdedor”.

10. Descalificar lo positivo
Continuamente desconsiderar experiencias positivas, por razones arbitrarias. Cuando se descalifican las experiencias o rasgos positivos de la persona. Ejemplo: “Aprobé el examen, pero fue de suerte.”

11. Magnificación y Minimización
Subestimar y sobreestimar la manera de ser de eventos o personas. Ejemplo: “He fallado el penalti decisivo, se acabó mi carrera deportiva.” o “No le ha gustado el regalo sorpresa, seguro que me deja”. Ejemplo: “Me ha dado un beso de buenas noches pero podría haberme dado más”, “me han llamado tres veces para salir pero podrían haberme llamado más veces”, “Solo me ha regalado una flor, no me quiere”.

Los subtipos identificados son:

11.1 Catastrofización o Visión catastrófica
Imaginar, especular y rumiar el peor resultado posible, sin importar lo improbable de su ocurrencia, o pensar que la situación es insoportable o imposible de tolerar. Se da lugar cuando se evalúa una situación con el peor resultado posible, tanto de lo vivido como de lo futuro. Ejemplo: “Es mejor que no haga el examen porque lo suspenderé y seré lo peor”.

11.2  Negación
Tendencia a negar problemas, debilidades o errores; es la distorsión opuesta al catastrofismo.

11.3 Negativismo
 Se magnifican los sucesos o aspectos negativos, y son obviados o desvalorizados los positivos, es una forma de abstracción selectiva; es característico del negativismo la realización de presagios catastrofistas.

12. Razonamiento emocional
Formular argumentos basados en cómo se «siente» en lugar de la realidad objetiva

13. Afirmaciones con “Debería”
Son las expectativas o demandas internas sobre las capacidades o habilidades personales o de otros, pero sin analizar si son razonables en el contexto en el que se dicen. Ejemplo: “Debería haberse dado cuenta de que estaba mal y no seguir preguntándome”.

14. Etiquetado
Relacionada con la Sobregeneralización, consiste en asignar etiquetas globales a algo o alguien en vez de describir la conducta observada objetivamente. La etiqueta asignada por lo común es en términos absolutos, inalterables o bien con fuertes connotaciones prejuiciosas.

15. Culpabilidad
Culpabilizar a los demás de los problemas propios, o por el contrario culparse a sí mismo de los problemas ajenos.

16. Falacias
  • Falacia de control: presuponer que se tiene que tener un control y una responsabilidad excesiva sobre lo que ocurre a su alrededor, con cierto sentimiento de omnipotencia; o por el contrario puede verse como incompetente e impotente en grado extremo para manejar los propios problemas, o sentirse externamente controlada por otros o por las circunstancias.
  • Falacia de justicia: enjuiciar como injusto aquello no coincidente con los deseos, necesidades, creencias y expectativas personales. Consiste en una visión de la vida con normas y criterios estrictos donde otras opiniones o alternativas se descartan. Hans Kelsen decía: «La Justicia es un mero ideal irracional».
  • Falacia de cambio: presuponer que la felicidad de uno depende exclusivamente de los actos y conductas de los demás o de las circunstancias externas; exige cierta condicionalidad; se espera que la actitud de cambio venga de los demás, en vez de responsabilizarse de sí mismos.
  • Falacia de razón: presuponer ser poseedores de la verdad absoluta obviando opiniones ajenas; creen que sus opiniones y acciones son las correctas y válidas e intentaran continuamente demostrarlo así mismos o a los demás con argumentos elaborados pero falaces; no toleran equivocarse y harán todo lo posible para evitarlo.
  • Falacia de recompensa divina: se espera que en un futuro los problemas mejoren por sí solos sin tomar una actitud proactiva; o que seremos recompensados de alguna forma.
17. Construcción de la valía personal en base a opiniones externas
 Cuando mantenemos una valía personal en función de terceros. Ejemplo: “Mi entrenador me dice que son muy malo con el balón, seguro que tiene razón” (espero que ningún entrenador le diga eso a un niño) o “Mi novio dice que soy tonta, seguro que tiene razón”.

18. Perfeccionismo
Cuando se realiza un esfuerzo constante porque una representación interna o externa de perfección se cumpla sin examinar si es razonable, muchas veces por evitar una experiencia subjetiva de fracaso. Ejemplo: “Para no marcar gol, mejor ni juego”,  “Soy lo peor, he perdido la goma de borrar”, “Seguro que suspendo, se me ha olvidado el bolígrafo de la suerte”.

¿Cómo acabar con las distorsiones cognitivas?

Las distorsiones cognitivas pueden modificarse una vez se hayan detectado.

Existen técnicas en psicoterapia que inciden directamente en este tipo de distorsiones, y son las técnicas de reestructuración cognitiva. En ellas, nosotros ayudamos al individuo a identificar las creencias erróneas que ha desarrollado hacia el mundo, y posteriormente ambos trabajan juntos para desarrollar pensamientos y formas alternativas de interpretación de las situaciones. Así, nosotros (psicólogos) ayudamos a que la persona aprenda a cuestionar la validez de sus propios esquemas cognitivos y a sustituirlos por pensamientos alternativos más realistas, que le harán sentir emociones más positivas y por tanto que serán favorables a la hora de tener conductas más útiles para vivir en mayor armonía con su entorno.

viernes, 13 de abril de 2018

Cómo Afrontar un Ataque de Pánico

Qué hacer ante un ataque de pánico (superarlo) 
  • Primero de todo recordar que las sensaciones no son más que una exageración de las re­acciones corporales normales al estrés.
  • Estas sensaciones no son, en absoluto, perjudiciales ni peligrosas; solamente desagrada­bles. No sucederá nada peor, no hay ningún peligro. Por ejemplo, puede ayudar recordar el dato de que el ejercicio físico moderado produce prácticamente las mismas reacciones corporales (palpitaciones, sudoración, entumecimiento, etc.)
  • Es importante intentar sacar de la cabeza los pensamientos atemorizadores sobre lo que está ocurriendo y lo que podría ocurrir. Estas ideas solo aumentan el pánico y la ansiedad y, a su vez, las respuestas corporales. Los pensamientos de “me voy a ahogar”, “me va a dar un infarto” o “me voy a volver loco” no ayudan para nada en esta situación, aparte de ser fundados solamente por el miedo.
  • Se puede observar lo que está sucediendo realmente en el cuerpo en el momento justo del ataque de ansiedad, no centrarse en lo que de tema que pueda Por ejemplo “tengo el pulso algo acelerado pero es una respuesta normal de ansiedad” en lugar de pensar en posibles infartos.
  • Hay que esperar y dejar tiempo al miedo para que se pase o disminuya. No hay que luchar en contra ni huir de él. Simplemente aceptarlo y acompañarlo. Un ejemplo de esta regla seria repetirse “Estoy teniendo un ataque de pánico, ahora lo pasaré mal pero se pasará en unos minutos, no va a pasarme nada”.
  • Pronto se podrá observar que cuando se apartan los pensamientos atemorizadores, la angustia no aumenta y el miedo comienza a disminuir por sí mismo.
  • Es primordial recordar que el objetivo principal de esta práctica es aprender cómo afrontar el miedo, sin evitarlo. Por tanto, esta es una oportunidad para uno mismo de pro­gresar y de aprender.
  • Es positivo pensar en el avance que uno ha conseguido hasta ahora, a pesar de todas las dificultades. Pensar en lo satisfecho que se estará cuando lo consiga esta vez.
  • Cuando uno comienza a sentirse mejor, puede mirar a su alrededor y empezar a pla­near qué va a hacer a continuación.
  • Y cuando uno se sienta preparado para continuar, puede comenzar de forma tranquila, re­laja­da. No hay necesidad de esfuerzo ni prisas.
Puedes controlarte, haciendo:

1. Haz respiraciones profundas, llenando completamente tus pulmones de aire (empezando por el abdomen) y expulsándolo lentamente.

2. Vigila tus pensamientos. En vez de comenzar a pensar en terribles catástrofes piensa cosas como las siguientes:
  • No me pasa nada malo, es solo ansiedad e hiperventilación, no me voy a morir ni me va a dar un ataque, ni me estoy volviendo loco.
  • Si creo que me voy a desmayar puedo buscar un sitio para sentarme, respirar y esperar a que se me pase.
  • Ahora voy a relajarme, no pensar en lo que me está pasando y concentrarme en cosas positivas o en lo que veo por la calle, para desviar mi atención.
  • Cálmate, respira, no pasa nada, enseguida se te pasa (o cualquier otra frase tranquilizadora que te sirva de ayuda).
  • No voy a perder el control, aunque una persona sienta mucha ansiedad puede seguir haciendo lo que está haciendo, incluso conducir y yo también puedo hacerlo.
  • No voy a ser catastrofista, no es una catástrofe, solo un momento desagradable. Puedo soportarlo.
Además, puedes hacer lo siguiente:

1.Si fumas habitualmente, es aconsejable que dejes el tabaco, pues aumenta la hiperventilación y favorece los ataques de pánico.
2. Analiza si hay en tu vida importantes fuentes de estrés y trata de buscar el modo de reducir el nivel de estrés en tu vida.
3.Haz ejercicio de forma habitual y ejercicios respiratorios para asegurarte de que tu respiración deja de ser superficial. Practica ejercicios respiratorios a lo largo del día, cada vez que puedas, sobre todo en los momentos más tensos.
4. Aprende técnicas de relajación y practícalas habitualmente.

Uno de los abordajes terapéuticos para el ataque de pánico son las técnicas de entrenamiento respiratorio que mostramos a continuación: 

Entrenamiento en respiraciones lentas y profundas: Cuando una persona percibe los primeros signos de hiperventilación involuntaria, deben darse los siguientes pasos:

Interrumpir lo que uno está haciendo y sentarse o, al menos, concentrarse en los siguientes pasos. 
  • Retener la respiración, sin hacer inhalaciones profundas, y contar hasta diez.
  • Al llegar a diez, espirar y decirse a sí mismo de una forma suave la palabra “tranquilo”.
  • Inspirar y espirar en ciclos de seis segundos (tres para la inspiración y tres para la espiración), diciéndose a sí mismo la palabra “tranquilo” cada vez que espira. Habrá, por tanto, diez ciclos de respiración por minuto.
  • Al final de cada minuto (después de diez ciclos de respiración), retener de nuevo la respiración durante diez segundos. A continuación, reanudar los ciclos de respiración de seis segundos.
  • Continuar respirando de este modo hasta que hayan desaparecido todos los síntomas de la hiperventilación involuntaria.
Cuatro sencillos pasos:
  • Relájese
  • Pare Los Pensamientos Negativos
  • Use Frases Tranquilizadoras
  • Acepte Sus Emociones
Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen este ideario:

1. Las sensaciones no son más que una exageración de las reacciones corporales normales al estrés.
2. No son, en absoluto, perjudiciales ni peligrosas; solamente desagradables. No sucederá nada peor.
3. Deje de aumentar el pánico con pensamientos atemorizadores.
4. Observe lo que está sucediendo realmente en su cuerpo, no lo que temía que pudiera pasar.
5. Espere y deje tiempo al miedo para que se pase. No luche en contra ni huya de él. Simplemente acéptelo.
6. Cuando deja de aumentar, el miedo comienza a desaparecer.
7. Objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo. Una oportunidad de progresar.
8. Piense en el avance que ha conseguido y lo satisfecho que estará cuando lo consiga.
9. Cuando se sienta mejor, mire a su alrededor y planee qué va a hacer a continuación.
10. Comience de forma tranquila, relajada. No hay necesidad de esfuerzo ni prisas.

Te daré cinco consejos para que controles tu ansiedad, angustia y pánico:
  1. Relájate: Toda emoción está conectada con el cuerpo, así que trata de identificar las sensaciones que se generan en tu organismo y trata de eliminar la tensión.
  2. Respira: Inhala de una forma pausada, para que recrees una sensación de tranquilidad. Incluso, una bolsa de plástico o de papel puede ayudarte.
  3. Calma tu voz interior: Identifica qué es lo que te inquieta o te preocupa y trata de olvidar. Piensa en algo positivo y que te ayude a mejorar tu estado de ánimo.
  4. Recupera la conexión con el presente: Párate firmemente contra el suelo, mueve tus piernas y concéntrate en lo que está pasando a tu alrededor. Puedes dar algunas palmadas rítmicas en las piernas, alternando las manos.
  5. Fija algunas metas: Tener objetivos por cumplir ayudarán a eliminar la incertidumbre y a olvidar la presión.

Compilador.

jueves, 5 de abril de 2018

Hipocondriasis: Sugerencias

Obsesión con la idea de tener una enfermedad grave no diagnosticada.
Los síntomas incluyen miedo intenso y prolongado a sufrir una enfermedad grave, y preocupación porque los síntomas menores indiquen algo grave. Quienes padecen este trastorno suelen visitar al médico con frecuencia o cambiar de médico. La hipocondría generalmente aparece durante la edad adulta.

Tratar la hipocondría es posible. En estos trastornos aparece a menudo un comportamiento de demanda de atención de tipo histriónico por intentar convencer a quienes rodean al paciente de sus enfermedades y dolencias.

Mi experiencia en la consulta privada pone de manifiesto que la hipocondriasis es un cuadro clínico que tiene su origen en aspectos emocionales profundos. Así, los síntomas dan  expresión a una angustia provocada por situaciones del recorrido vital del paciente que no pudieron ser asimiladas correctamente. Cuando se reactivan los recuerdos asociados a esa angustia, el hipocondríaco experimenta los síntomas de la enfermedad con mayor intensidad. Paciente y terapeuta revisarán en las sesiones tales experiencias que no pudieron ser asimiladas de forma adecuada en su momento, e irán comprendiendo cuáles son las situaciones actuales del día a día del paciente que activan esos recuerdos angustiosos involuntariamente. Ayudar al paciente hipocondríaco en la resignificación de los síntomas, en la integración de recuerdos dolorosos y en la búsqueda de sus propios recursos personales, al objeto de que la persona pueda experimentar un sentimiento de mayor seguridad frente a la vida y no quede detenida en preocupaciones angustiosas acerca de la enfermedad.

¿Qué podría hacerse para tratar la hipocondriasis?

Podría ser necesario que usted vaya a consulta con el médico/psicólogo varias veces al mes. Muchas personas con hipocondriasis también tienen otra patología. A usted podrían administrarle medicamentos para ayudarle a controlar la ansiedad y la depresión. Algunos tipos especiales de terapias también podrían ayudar a tratar la hipocondriasis.

¿Cuáles son los riesgos de la hipocondriasis?

La hipocondriasis puede provocar mucho estrés y preocupación. También podrían realizarle exámenes o recibir tratamientos que no necesita.

¿Cuál es el tratamiento más eficaz para la hipocondría?

Requiere diagnóstico médico/psicológico. No se requieren análisis de laboratorio o estudios de diagnóstico por imágenes.

El tratamiento psicológico considerado más eficaz para tratar la hipocondría es la terapia cognitivo-conductual. De hecho, se trata de una terapia ideal porque ayuda a la persona a reconocer lo que parece empeorar los síntomas, a desarrollar estrategias y métodos para manejarlos y a mantenerse más activos. Por otro lado, es recomendable iniciar un tratamiento farmacológico que ayude a reducir la depresión y/o los síntomas ansiosos.

Nota: Se debe asegurar que el paciente no tenga verdaderamente ninguna enfermedad física. Una vez que se ha descartado, si el paciente sigue con angustia, preocupación y dudas acerca de su estado de salud, es conveniente estudiar la posibilidad de que se trate de un trastorno psicológico.

Algunos ejemplos de las técnicas más utilizadas por su efectividad son:
  • Reconstrucción cognitiva: Cambiar estructuras internas de personalidad relacionadas con la angustia y el miedo a las enfermedades que el hipocondríaco teme. Esto incluye un trabajo de aprendizaje en cuanto a la interpretación de los hechos y de constructos personales. También se puede utilizar cualquier tipo de desensibilización en relación a las situaciones temidas y evitadas para que el paciente las confronte sin miedo ni angustia.
  • Técnicas de relajación: (control de estrés) La hipocondría es un trastorno totalmente relacionado con la ansiedad. Este tipo de técnicas pueden ayudar al paciente a relajarse cambiando el foco de atención hacia temas menos dañinos.
  • Indicaciones paradójicas: Se le indica al paciente hipocondríaco que se exponga a los síntomas y sensaciones que teme de manera que descubra cierta posibilidad de gestión sobre sobre estos hechos que consideraba como señales de peligro. De esta forma, puede normalizar estos miedos.
Como también:
  • Orientación
  • Psicoeducación
  • Exposición con prevención de respuesta.
  • Psicoterapia.
Mejorar la autoestima a través de la asertividad o la eliminación de distorsiones cognitivas: La persona podrá ser más positiva y tomar mayor gestión de sus opiniones, deseos y pensamientos. Aprenderá a relacionarse de forma más adaptativa con su entorno y así mejorar su auto concepto.

Usando estas herramientas, los pacientes aprenden a retar sus miedos hipocondríacos, así como las conductas compulsivas y de evitación que usan para enfrentar sus preocupaciones sobre su salud.

Especialistas para el control e intervención: Médico de atención primaria, psicólogo clinico, psiquiatra  y urgenciólogo.

El inicio de cualquier tratamiento requiere:
  • Una valoración diagnóstica precisa
  • Un conocimiento exhaustivo de los factores implicados en el origen y desarrollo del problema: antecedentes, factores desencadenasteis, factores predisposicionales, factores de mantenimiento, soluciones intentadas, etc.
  • Un conocimiento suficiente del paciente y sus circunstancias: grado de deterioro de la salud y el bienestar, incapacitación e interferencias en planes de acción o estatus significativos para la persona, recursos personales, atribución de capacidad y eficacia, rasgos destacados de la personalidad y del sistema de valores, estado emocional general, etc.
  • La formulación de un esquema explicativo que identifique las variables más relevantes del caso, las relaciones críticas entre ellas, y el proceso que han ido siguiendo a lo largo del tiempo.
  • El establecimiento de una relación adecuada entre el paciente y el especialista que les permita trabajar juntos de manera eficiente: reconocimiento mutua, comunicación eficaz, confidencialidad, seguimiento de prescripciones etc.
  • Finalmente, en función de todo lo anterior, el establecimiento de unos objetivos evaluables y unos medios convenientemente ordenados y secuenciados. Estos últimos, los medios y su despliegue, en función de la demanda formulada por el paciente, son los que constituyen el tratamiento propiamente dicho.
Habitualmente, los tratamientos incluyen aspectos relacionados con la recuperación de la salud. Las primeras intervenciones van encaminadas a reducir los síntomas de ansiedad y la incapacitación que producen. Posteriormente se analizan y tratan los factores que originan y/o mantienen la ansiedad y otras alteraciones que puedan acompañarla. Normalmente, al inicio del tratamiento, se acude a consulta una vez por semana. Cuando el tratamiento está mínimamente encauzado, se espacian las visitas, efectuándose habitualmente a razón de una visita cada 15 días y posiblemente 1 de revisión mensual o cada 3 meses hasta la remisión total.

Algunas sugerencias a tener en cuenta (14 ideas)
  1. La salud no es la ausencia de molestias o dolores, es un estado de bienestar físico y psicológico con o sin molestias o dolores.
  2. No todas las sensaciones de nuestro cuerpo tienen explicación.
  3. En la hipocondría LA PREOCUPACIÓN ES EL PROBLEMA. De manera que trate de detectar y cambiar esos pensamientos angustiantes sobre padecer una enfermedad o morir, que tanto le están atormentando.
  4. Deje de hacer visitas continuamente a médicos u otros especialistas, y de solicitar pruebas y analíticas. No van por ahí los tiros.
  5. Con los amigos, familiares u otros pacientes, hable de temas de interés general (política, deportes, el tiempo). Si sigue hablando sobre problemas de salud, conseguirá que no le escuchen.
  6. Interesarse tanto por la salud y las enfermedades (preguntas a especialistas, ver ciertos programas, consultar a enciclopedias médicas) hará que tienda a malinterpretar sus propias sensaciones de manera catastrofista. Esto no le beneficia, será mejor que lo evite.
  7. Si está usted continuamente autoexaminándose sólo conseguirá hacerse daño o ver dolores o enfermedades donde no hay.
  8. Usted no es médico, por tanto, no se medique según sus propios criterios.
  9. Si está usted excesivamente atento a su propio cuerpo amplificará las sensaciones. Si además interpreta estas sensaciones como señal de peligro, se angustiará más, con lo que sentirá nuevas y peores sensaciones a las que dará nuevas y peores interpretaciones, y así sucesivamente. Mejor cortar de raíz este círculo vicioso.
  10. El estar distraído (salir con los amigos, pasear por la plaza, leer, ordenar la casa, etc…) le ayudará a no estar en todo momento pendiente a el más leve cambio en su organismo. Como decía Jaspers “…la atención puede aumentar el dolor por la preocupación, aliviarlo por la observación objetiva, o hacerlo olvidar por la distracción”.
  11. Y, en todo caso, si se centra en ud mismo, vea que también hay sensaciones positivas. El agradable tacto de una prenda de seda, o el bienestar de la espalda sobre el mullido sillón, son ejemplos de ello.
  12. El estrés hará que esté más ansioso y la ansiedad tiene una serie de manifestaciones físicas y psicológicas. Por tanto mientras más sosegada sea su vida, menos síntomas tendrá para que le generen preocupaciones.
  13. Llevar una vida lo más natural posible (sin forzar a nuestro cuerpo más allá de sus límites físicos y psicológicos) y hacer deporte periódicamente le ayudará a disminuir el estrés y a mejorar su estado de ánimo.
  14. ¿Para qué renunciar a esas actividades que tanto le llenaban por una enfermedad que aún no se ha diagnosticado? Aunque finalmente padezca la enfermedad que cree, disfrute de la vida. Si renuncia a esas cosas agradables se sentirá usted muchísimo peor.
Usted tiene el derecho de participar en la planificación de su cuidado. Aprenda todo lo que pueda sobre su condición y como darle tratamiento.



Fuente: Compilador/Red

miércoles, 28 de marzo de 2018

TDAH en los Adolescentes

La adolescencia es un momento de transición complicado, en el que el niño empieza a funcionar de forma más autónoma y en el que se debe tomar decisiones importantes respecto al futuro. Se reduce el control externo tanto por parte de sus padres como de sus profesores, para dar paso a una forma de vida más independiente.
Los padres con frecuencia quieren saber si la pubertad llevará a cambios emocionales y físicos específicos en los adolescentes con TDAH. Durante la adolescencia, los jóvenes con TDAH tienen varios cambios. Mientras que a un pequeño grupo de niños aparentemente se les quita el TDAH, la mayoría de ellos continúa teniendo problemas con la atención, la concentración y el control de sus impulsos. Estos problemas posiblemente continuarán perjudicándoles su funcionamiento en la escuela y en casa, e impactándoles negativamente su autoestima y su habilidad de completar varios de los procesos del desarrollo necesarios en la adolescencia. Algunos de los síntomas del TDAH pueden surgir o incrementarse en adolescentes aunque no se hubieran manifestado durante la infancia. El incremento de las exigencias del entorno puede hacer que el TDAH interfiera de forma más importante en la vida del adolescente.

Dificultades a las que se enfrenta el adolescente con TDAH

Este incremento en el nivel de exigencia puede generar dificultades añadidas a las propias del TDAH (déficit de atención, hiperactividad e impulsividad), como una mayor ansiedad social, preocupación por la autoimagen, experimentación con las drogas y otras conductas de riesgo. Además, los conflictos que generalmente se generan en el entorno familiar y las dificultades que pueden tener para mantener relaciones satisfactorias con otros adolescentes, conllevan en muchas ocasiones el desarrollo de una baja autoestima y otros problemas emocionales.

Una persona "impulsiva" tiene más probabilidades de implicarse en "conductas de riesgo".  Adicciones, embarazos no deseados, múltiples parejas, sexo casual, accidentes de cualquier tipo, peleas, entre otras. Hay que considerar en la preparación que debe tener el adolescente con TDAH para ejercer su sexualidad mediante respecto, responsabilidad y sensibilidad.

Un grupo pequeño de adolescentes con TDAH podrá desarrollar patrones de comportamiento antisociales, y empezará a abusar drogas incluyendo el alcohol. Los adolescentes con el mayor riesgo de abuso de drogas son aquellos cuyo TDAH no ha sido tratado adecuadamente. (El tratamiento tempranero de los niños con TDAH puede tener un efecto directo en el rebajar la posibilidad de que ellos abusen las drogas cuando sean adolescentes). El "párate y piensa", sin un entrenamiento adecuado, es francamente difícil para un adolescente con TDAH.

Un adolescente con dificultades para mantener la atención, si no ha seguido tratamiento, con mucha probabilidad habrá fracasado en los estudios aun siendo notablemente inteligente.

Otro problemas que puede surgir está relacionado con el déficit de autorregulación emocional (capacidad de gestionar y reaccionas antes las emociones) pueden acentuarse en la adolescencia. Se puede manifestar como sobrerreactividad, baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, dificultad para manejar la rabia o dificultad para regular la motivación.

Síntomas del TDAH en la adolescencia

Inatención: Pueden presentar dificultad para estar concentrados ya sea una conversación larga, una clase, una película o un examen. Este síntoma tiene un importante impacto en el rendimiento académico ya que se distraen con frecuencia, no acaban lo que empiezan y se desmotivan en el transcurso de la tarea o actividad. Suelen evitar realizar tareas que requieran un esfuerzo mental prolongado.

Hiperactividad: La hiperactividad en la adolescencia, como en la edad adulta, no es tanto una hiperactividad motora, como una sensación inquietud interior, impaciencia interior, desasosiego. Se puede manifestar en una incapacidad para permanecer quietos durante un largo tiempo, dar golpecitos con los dedos o los pies, morderse las uñas, darse vueltas en el pelo o juguetear con el bolígrafo. En estos casos la "hiperactividad", entendida como exceso de movimiento, no suele ser muy evidente, de ahí que se crea que desaparece, sin embargo los síntomas relacionados con la impulsividad y el déficit de atención persisten.

Impulsividad: Suelen entrometerse en conversaciones ajenas e interrumpir con frecuencia, ofendiendo o invadiendo el espacio de los demás. Por lo que se les puede percibir como “maleducados”. Pueden ser impacientes, sintiéndose incapaces de hacer una cola.

Impacto del TDAH en la adolescencia
  • Mal desarrollo de la autonomía.
  • Dificultades para identificar sus necesidades.
  • Indefensión aprendida.
  • Alta frustración.
  • Miedo al futuro.
  • Problemas afectivos.
  • Impacto académico.
  • Baja autoestima y auto concepto negativo.
  • Sentimiento de baja autoeficacia y competencia personal.
  • Escasas o malas relaciones con iguales.
  • Malas relaciones en el núcleo familiar.
Nota: La falta de comunicación puede retrasar el diagnóstico al no contar las dificultades que detectan en sí mismos.

Repercusión de los síntomas del TDAH en la vida del adolescente

Déficit de habilidades sociales: El manejo de habilidades es indispensable para poder establecer una relación satisfactoria con otras personas. Sin embargo, los adolescentes con TDAH pueden presentar un déficit en este aspecto como consecuencia de los síntomas nucleares del TDAH. Falta de empatía, de asertividad, dificultad en la comunicación verbal y no verbal.

Falta de organización y planificación: Los adolescentes con TDAH suelen olvidarse de los planes y los horarios, y presentan dificultades a la hora de gestionar el tiempo para realizar tareas. Al tener un problema de atención pueden necesitar un mayor tiempo para finalizar las tareas y por lo tanto requieren una mayor planificación para conseguir llegar a sus objetivos. Suelen dejar todo para el último momento, evitando tareas que les requieren un mayor esfuerzo mental.

Poca integración en el grupo y pocos amigos: El déficit que presentan en habilidades sociales tiene un impacto directo en su capacidad de establecer relaciones con otros adolescentes y de mantener esas relaciones. Por lo tanto es posible que se vean aislados de los grupos y que no tengan muchas amistades. Acarreando consecuencias negativas en su estado de ánimo y su autoestima.

Frecuentes cambios de humor e irritabilidad: En la adolescencia tienen especial relevancia los problemas de regulación emocional, que tienden a acentuarse. Esto lleva a constantes conflictos y enfrentamientos con familiares, profesores y compañeros. Les cuesta manejar la rabia y pueden tener baja tolerancia a la frustración, lo cual no ayuda a que sean socialmente aceptados.

La apatía, la desmotivación, los problemas conductuales, la aversión hacia el estudio, las conductas impulsivas, la falta de esfuerzo, la ausencia de planes de futuro...impactan de forma negativa no sólo en la propia percepción autoestima del adolescente, sino también en sus resultados y funcionalidad. Estos comportamientos también impactan en su entorno más cercano, manifestando a través de reacciones desproporcionadas, sus dificultades, sus necesidades no expresadas o su problemática diaria.

Comorbilidad del TDAH en la adolescencia

Según un estudio realizado, cerca del 70-90% de los adolescentes con TDAH puede padecer un trastorno asociado (es lo que se conoce como comorbilidad). Dentro de los trastornos comórbidos más frecuentes en la adolescencia están el Trastorno Negativista Desafiante (TND), depresión y Trastorno por Uso de Sustancias (TUS).

Tratamiento TDAH en los adolescentes (similar en niños)

En cuanto a los tratamientos, la mayoría de ellos muestran un perfil de eficacia similar en niños y adolescentes. “El tratamiento debe seguir el modelo multimodal (al igual que en niños), y llevarse a cabo con participación de diferentes especialistas y profesionales (psiquiatras, psicólogos, neuropediatras, psicopedagogos, etc.)

En la mayoría de los casos será necesario el tratamiento farmacológico. Como en algunos casos los síntomas de trastorno por déficit de atención tienden a desaparecer con la adolescencia, es a veces preciso valorar una retirada de los medicamentos para observar si existe una remisión de los síntomas. Por último, la importancia de tener una estrecha relación con el colegio y la familia.

Conclusión

Dado que el Trastorno por Déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno crónico de curso evolutivo, la sintomatología, a medida que los niños crecen también evoluciona debido a factores internos y externos. Los síntomas se mitigan en algunos aspectos (hiperactividad motriz) y tienden a incrementarse en otros (impulsividad), debido al efecto de la propia adolescencia. Es por ello, que el joven con TDAH presenta un espectro sintomatológico distinto al que se observa en los niños con hiperactividad.

En la adolescencia, más especialmente que en la infancia, es sumamente importante el abordaje multidisciplinar. Siempre insisto en que la coordinación padres, educadores, pediatra, psiquiatra y psicoterapeuta es fundamental para el buen manejo. Es en esta etapa de la vida donde estos pacientes son más proclives a adoptar conductas potencialmente peligrosas. Sus ansias de experimentación unidas a que muchos presentan frustraciones subyacentes, inseguridades y necesidad de ser aceptados les lleva a intentar destacar por ser los más temerarios. Así tenemos que estar al tanto de conductas sexuales irresponsables, abuso de sustancias o actividades que implican riesgo físico. Aunque el manejo depende de muchos factores como el momento del diagnóstico, si están o no tratados, si asisten a terapia, el nivel educacional de los padres o si los pacientes tienen otras enfermedades psiquiátricas o psicológicas asociadas. Incluso hay familias en las que influye el hecho de que uno de los padres también padezca TDAH, en muchos casos sin diagnosticar. Eso hace que el abordaje de cada caso sea diferente.

Los adolescentes son, en general, más rebeldes y reacios a la cooperación o al reconocimiento de síntomas. Viven el proceso diagnóstico como una forma más de intento de control externo. Por todo ello, recomienda que en todo momento se le dé al adolescente toda la información sobre el trastorno que padece y se respondan todas sus dudas. Asimismo, se deben explicar los beneficios y posibles efectos adversos de los fármacos utilizados.

Fuentes: Compilador