miércoles, 2 de mayo de 2012

Divorcio Psicologico

Causantes del divorcio: La disolución de un matrimonio, no se da en el momento de la firma del acta administrativa, sino se gesta, desde las etapas más tempranas del compromiso de la pareja.

Las cosas no se descomponen de la noche a la mañana, sufren un deterioro paulatino e inconsciente que va desgastando la relación, inclusive antes de iniciar. A este desgaste inicial sin soluciones le denomino “divorcio psicológico”.

Algunos indicadores de “divorcio psicológico” y que deberíamos tomar en consideración son: indicios de infidelidad o hechos consumados anteriores a la relación actual, las diferencias en el terreno de los sexual (disfunción, frecuencia incompatibles, el nivel del grado de satisfacción con la pareja, etc.),enfrentarse a los problemas económicos cotidianos relacionados con la distribución del ingreso, la percepción o ilusión de escapar de la vida actual o la posibilidad de rehacer una nueva vida, sin haber solucionado problemas personales anteriores, la diferencia entre los valores sociales de la pareja, tales como; la educación, los ideales o proyectos de vida, etc.
Algunas causas del Divorcio. Estas se pueden dar tanto en el hombre como en la mujer.
    1. Falta de conocimiento de nosotros mismos.
    2. Expectativas personales, no cumplidas.
    3. Intolerancia ante las diferencias de la pareja.
    4. Inmadurez.
    5. Desinterés en mejorar la relación.
    6. Insatisfacción personal.
    7. Celos injustificados.
    8. Baja autoestima.
    9. Una idea equivocada del amor.
    10. Falta de reconocimiento y aceptación de las crisis normales de la pareja.
    11. Dejamos de amar a nuestra pareja.
    12. Falta de compromiso emocional.
    13. Por aprendizaje de experiencias previas, sobre todo durante la niñez.
    14. Situaciones críticas o problemáticas del matrimonio y de la vida.
    15. Problemas importantes de comunicación.
    16. Rutina y aburrimiento.
    17. Violencia intrafamiliar de parte de cualquiera de las dos personas, hacia la pareja o hacia los hijos.
    18. Alcoholismo o drogadicción.
    19. Situaciones críticas. Por ejemplo
    • Un embarazo no deseado.
    • Enfermedades importantes en un miembro de la familia.
    • Problemas sexuales.
    • Infidelidad.
    • Problemas económicos.
    • Intervención constante de la familia de cualquiera de los dos.

    La intensidad de las emociones, el dolor, las ofensas, el rencor y otros sentimientos provocan un daño profundo en la pareja difícil de recuperar. Por otro lado, la victimización de los hijos atrapados en la "batalla conyugal", produce deterioros psicológicos irreparables en la psiquis de los menores. La mayoría de los divorcios están precedidos por meses o años de disputas, ofensas, desamor, peleas, desilusiones y frustraciones.

    En un primer lugar, las parejas comienzan con provocaciones mutuas, con trato y vocabulario hostil y episodios de gritos y de abuso físico verbal.



    Si la pareja no logra manejar los conflictos y comienzan un proceso de divorcio, inician un período de enfrentamiento por distintas razones, sean por rencor, rabia o por la división del patrimonio conyugal. En esta fase se intensifica la hostilidad, el deseo de daño de uno al otro. Surge el odio, la amargura y a veces hasta el deseo de venganza.


    En esta etapa, la mayoría de las parejas piensa que quitándole los hijos el uno al otro ganan la pelea, sin darse cuenta que le están haciendo un gran mal a la psiquis de los muchachos. De manera que, cuando la pareja se plantea un divorcio y no hay más remedio, hay que tomar en cuenta todo lo expresado y procurar el mayor esfuerzo en que no se generen tantos problemas. Aunque parezca difícil, el divorcio o la separación debe ser acordada hasta donde se pueda y negociada.

    ¿Seguimos juntos o nos separamos?.



     El compromiso inicial (Algunos componentes del compromiso)

    Todo buen principio, tiene la probabilidad de tener un buen fin.  Sin embargo, cuando se convierte en el factor más importante, los preparativos para la boda, que el conocimiento personal, un poco del otro y de las familias de origen, la cosa podría ser muy diferente. Lo accesorio se convierte en lo importante, aunque el análisis de los miembros de la pareja podría evitar muchos conflictos seguros hacia delante.

    En ocasiones un simple o intrascendente desacuerdo con el otro, hace pensar en la posibilidad de disolver el vínculo.  De hecho existen parejas psicológicamente divorciadas y que aún no lo saben.  Este es uno de los más fuertes indicadores.  Difícilmente, la pareja analiza los motivos inconscientes que podrían fortalecer o debilitar el compromiso de crecer y vivir juntos.
    Existen diferentes formas de presión personal o social para establecer un compromiso
    El haber invertido una cierta cantidad de tiempo en la relación, el hecho de que ambas familias conocen y en ocasiones aceptan socialmente al otro, certificándolo como un buen candidato a incorporarse a la familia, otro puede ser la presión ejercida veladamente por la familia para que los futuros consortes formalicen su situación, otro más es el sentimiento de agrado que los futuros cónyuges podrían tener para comprometerse en la relación . En este último punto, resulta  frecuente en las parejas desavenidas y que solicitan apoyo terapéutico el encontrar que desde el inicio era más fuerte el deseo de alguno de los dos el casarse, estableciendo una relación desigual o desbalanceada de compromiso desde el principio, con las consecuencias que ello con lleva.

    ¿Por qué y para qué seguimos juntos?

    Generalmente cuando una pareja está en la disyuntiva de saber sí vale la pena seguir juntos, dentro de la terapia es importante conocer ¿por qué? y ¿para qué? continuar con una relación de pareja.  Si la pareja ha llegado a este punto es probable que la esencia del convivir se haya desviado o simplemente nunca la hayan considerado.


    Crecer, junto con  el ser amado, respetar las diferencias, continuar con una relación de compromiso, evolucionar hacia el mismo objetivo, simplemente no existe.  Ello por supuesto no niega ni elimina la presencia del conflicto en la relación, el cuál es inevitable.  Sin embargo, estos son parte de los obstáculos por los que vale la pena “penar” o luchar por la relación de pareja.
    Por otro lado, en ocasiones, la convivencia con el otro, mete a la pareja en un círculo vicioso en donde convivir, se vuelve costumbre o dependencia.
    El convivir juntos en la habitación y separados en lo emocional es otro indicador del divorcio psicológico, en donde lo intrascendente de lo cotidiano, se vuelve el tema de conversación.  En los casos más graves, vivir bajo el mismo techo separados en diferentes habitaciones, pero juntos aún en lo emocional, deja más abierta la posibilidad de buscar fuera de la relación una tercera persona.
    La codependencia, la costumbre o la separación física o emocional con el otro, puede durar toda la vida.
    ¿Nos separamos?
    En las parejas desavenidas, los sentimientos hacia el otro van en proporción a los motivos que les llevaron a separarse.  Cuando el evento ha sido de mucho desgaste, la separación puede ser un elemento liberador.  Sin embargo, cuando ambos miembros suponen estar más o menos bien y se presenta algún evento desencadenante de la separación, el hecho resulta más traumático y doloroso, por lo inesperado del acontecimiento El apoyo terapéutico en estos casos puede ser de gran ayuda, pues implica entre la revisión de la historia personal del paciente y el análisis de los motivos de separación, hacer conscientes aquellos elementos disparadores del divorcio.
    La firma del acta administrativa, es de hecho una fase más del divorcio. Sin embargo, el hecho empezó con el divorcio psicológico, manifiesto a través de los indicadores antes mencionados.
    Durante la fase posterior al hecho legal-administrativo, el estado psicológico del paciente, pasa por varias etapas, reunidas en una sola, a la cual se le denomina “duelo”.
    En el duelo la primera fase es la “negación”, la cual consiste en no creer la consumación del evento (divorcio), sobretodo, porque no se encuentran razones que expliquen cómo la inversión positiva emocional con la pareja haya finalizado.   En ocasiones se confunde con un mal sueño o una pesadilla, con la ilusión de que las cosas son temporales y van a mejorar.
    Posteriormente, se presenta un estado de “frustración” acompañado de sentimientos o acciones agresivas hacia el otro, o hacia uno mismo, o hacia quién perceptualmente propicio la disolución del vínculo.  Este estado sentimental, en ocasiones va acompañado de la pérdida del sentido espiritual o la “fe”, del propio sistema de creencias.
    En seguida, el paciente pasa por la “sustitución”, en esta etapa es capaz de ir adquiriendo nuevas habilidades sociales y ello le prepara para la fase de “aceptación o resolución del conflicto”, en esta última etapa, el paciente es capaz de re-interpretar el pasado y puede adaptarse a vivir una nueva realidad de su situación de pareja.  En ocasiones se plantea de una forma más sana el darse la posibilidad de establecer una nueva relación.
    Todas las rupturas precisan pasar por el proceso antes citado. Y éste tiene una duración que oscila entre los 6 meses y los 2 años, aproximadamente, dependiendo de varios factores:
    • De la personalidad. El rasgo de personalidad (tendencia a comportarse de una manera particular a lo largo de una serie de situaciones) influye enormemente.
    • Sensibilidad. En el aspecto emocional hay personas que sienten las cosas, tanto las alegrías como las tristezas de forma muy profunda, mientras que otras tienen vivencias más superficiales.
    • En el aspecto cognitivo, hay personalidades que entran en una espiral de pensamientos catastróficos que les inmovilizan y no pueden ver con claridad, mientras que otros con más conocimiento de sí mismos y del proceso por el que están pasando saben darse tiempo.
    • Recursos propios. El nivel alto de autoestima o confianza en sí mismo ayudará a no tener pensamientos autodestructivos ni de acontecimientos catastróficos.
    La visión hacia el futuro
    Cuando un paciente has superado la etapa del duelo, es capaz de aceptar la propia responsabilidad en el conflicto de forma sana, pues como en todo compuesto químico, es un elemento de la fórmula con el otro, y es capaz de entenderlo. 
    Lo más importante, es el considerar el acontecimiento como una conducta que trajo sus consecuencias y aprendizajes.  A pesar de todo, brinda la posibilidad de evolucionar y crecer.  De revertir y aprovechar las consecuencias para crecer y adaptarse al cambio de vida.
    Aprender del pasado, es la estrategia para construir nuevas redes sociales (hacer nuevos amigos), o recuperar las más cercanas (amigos anteriores), o plantear la posibilidad de re-organizar nuevamente el entorno familiar. 
    El proceso de recuperación incluye; plantearse nuevos proyectos de vida. A manera de estrategias para el cambio, vale la pena tomar en cuenta lo siguiente:
    • Para reconstruir nuevamente una relación de pareja, “el borrón y cuenta nueva, nunca funciona”, es cómo esperar un arreglo mágico de las cosas, sin haber hecho nada.
    • Mejorar y entender las diferentes formas de comunicación: brinda la posibilidad de ser más concretos y específicos para transmitir una idea y crecer en pareja a pesar de las diferencias.
    • Analizar la forma cómo se originó una pareja, da cuenta de la probabilidad de su posible futuro.  “El origen influye fuertemente en el destino”.
    • Tomar en serio el compromiso inicial de la pareja, puede fortalecer los lazos de unión entre los futuros consortes.
    • Nunca, nunca, pero nunca, suponer que la relación de pareja está bien, solo por el hecho de que “yo me siento bien en la relación".
    • Resolver los problemas cotidianos, es una gran tabla de salvación,  pues cuando se acumulan, de montoncito en montoncito, se crea una enorme montaña de conflictos
    • Analiza cuáles pudieron ser las causas de tu divorcio.Recuerda que generalmente son más de una.
    • Enfócate en ti. En lo que crees que está relacionado con tu actitud de vida, pensamientos, sentimientos y conducta.
    • No busques culpables.
      Responsabilízate por lo que tiene que ver contigo.
    • Recuerda que un matrimonio es de dos y un divorcio también es de dos.Lo importante no es que te sientas culpable o enojado contigo mismo por lo que hiciste o dejaste de hacer, sino que aprendas de tus errores.
    • Aunque en estos momentos no lo veas así, la vida sigue y tienes por delante muchas oportunidades de ser feliz.
    • Pero para ello tenemos que aprender de nuestros errores, corregirlos cuando es posible o evitar volverlos a cometer.
    En lo inevitable.
    El en el peor de los casos, cuando la disolución del vínculo está decidida y es inevitable, más vale llegar a un buen arreglo que a un mal pleito.  Es conveniente pensar con la cabeza y no dejar que las resuelva el corazón o una conducta visceral.
    Cuando los pleitos se alargan, además de perder los consortes, los hijos son los más perjudicados y los abogados los únicos beneficiados.
    Recuerda que tu hijo aprende lo que ve.  Una máxima de los abogados es: “hijos de padres divorciados, divorciados serán en la edad adulta”.

    Palabras Finales
    “El matrimonio es como un pequeño jardín que tienes que cuidar constantemente". Es la única forma de crecer, evolucionar y seguir juntos.


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