martes, 19 de febrero de 2013

Didascaleinofobia: Miedo a la Escuela


La fobia Escolar se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a ir a la escuela. Se suele utilizar más comúnmente la expresión fobia escolar en lugar Didascaleinofobia.

El miedo a la escuela es uno de esos problemas que muchos niños enfrentan más tarde o más temprano. No obstante, no todos llegan a desarrollar una verdadera fobia escolar. Se cree que la incidencia de este trastorno oscila entre el 0,4 y el 1,7 por cada 100 niños en edad escolar. Sin embargo, el miedo a la escuela y las repercusiones que esto trae consigo lo convierten en uno de los problemas más comunes en las consultas de Psicología. Es poco común y tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años y afecta a más niños que niñas. Su comienzo en los más pequeños es repentino, mientras que en mayores y adolescentes es más gradual, de carácter más intenso y grave y con peor pronóstico.

A grosso modo, la fobia escolar se puede definir como un patrón desadaptativo de respuestas de ansiedad a situaciones escolares.

Este período en la vida del niño no es solamente perturbador y aterrador para el niño sino también motivo de frustración y preocupación para sus padres. La Didascaleinofobia se desarrolla de manera muy parecida a cualquier desorden de ansiedad en el adulto. Siempre es difícil para un niño alejarse de su casa luego de un período extendido de permanecer en ella (por haber estado ausentes por enfermedad, el fin de semana o las vacaciones). Factores como mudarse de vecindario, un divorcio o un fallecimiento pueden causar en el niño un inmenso estrés y detonar un comportamiento ansioso que puede escalar hasta una fobia. Adicionalmente, la familia del niño a menudo refuerza los síntomas sin quererlo. De hecho, muchas veces los niños reciben atención extra de sus padres al manifestar la fobia, de esta manera el niño no tiene la oportunidad de desarrollar maneras de lidiar con la separación.

Es muy importante ayudar a los niños a superar esta fobia antes de dejar la adolescencia, ya que si no se la trata correctamente, la fobia a la escuela puede ser de largo alcance, llegando a producir ansiedad y ataques de pánico en la adultez.

Los niños que desarrollan una fobia a la escuela, sin embargo, se tornan aterrorizados, tratando por cualquier método o táctica poder quedarse en casa o alejarse de la escuela.

Los padres deberán estar alertas si su hijo regularmente dice que se siente muy mal como para ir a clase, ya que podrían estar haciendo esto como mecanismo para evitar sentimientos de ansiedad.

Esta fobia puede presentarse de distintas maneras:

- Pensamientos constantes sobre la seguridad propia o de los padres.
- Rehusarse a ir a la escuela.
- Frecuentes dolores de estómago u otras quejas de malestar físico.
- Preocupación extrema acerca de dormir fuera de su casa.
- Estar muy pegado a su familia.
- Pánico al momento de separarse de los padres.
- Sentimientos de inseguridad al permanecer solos en una habitación.
- Seguir al padre o a la madre por toda la casa.
- Dificultad para irse a dormir y pesadillas frecuentes.
- Miedo exagerado e infundado a los animales, los monstruos o los ladrones.
- Miedo a estar solo en la oscuridad.
- Rabietas severas cuando se lo fuerza a ir a clases.

En la fobia escolar, como en cualquier otra psicopatología similar, debemos tener en cuenta los tres sistemas de respuesta:

Sistema motor: El niño evita ir a la escuela a todo costo o se escapa de la misma. Entonces suelen aparecer las quejas de dolores y las enfermedades fingidas. El pequeño muestra una conducta negativista: no se viste, no quiere desayunar, no encuentra o mancha la ropa... Obviamente, si los padres deciden llevarle a la escuela usando la fuerza, el niño llorará, gritará e incluso temblará.

Debido a la presión que normalmente ejercen los padres y los profesores, el niño finalmente permanece en la escuela pero su comportamiento es muy disruptivo y se manifiesta a través de las consabidas rabietas. En otros casos, el pequeño opta por la pasividad, entonces se encierra en sí mismo y ni habla ni juega.

Sistema fisiológico: Suelen aparecer respuestas como la sudoración, la tensión muscular elevada, la taquicardia, las sensaciones de mareo o incluso el desmayo. También es común el malestar estomacal, los vómitos, la diarrea y la urgencia urinaria. Además, el niño también puede sufrir dolores de cabeza y trastornos de la alimentación o del sueño.

Sistema cognitivo: El pequeño comienza a tener pensamientos o imágenes negativas sobre diferentes situaciones escolares. Normalmente, anticipa todo tipo de consecuencias desfavorables (que se rían de él, que el profesor le reprenda, que evalúen negativamente sus capacidades porque no va a saber responder a las preguntas adecuadamente, que el examen será muy difícil...).

Como se puede presuponer, estas preocupaciones provocan una serie de reacciones somáticas como pueden ser los vómitos o las ganas frecuentes de orinar (que en este caso se puede comprender como la somatización de un deseo de huir).

La fobia escolar suele desarrollarse como consecuencia de experiencias negativas vividas en el contexto escolar o por eventos aversivos de los cuales el niño ha sido testigo. Obviamente, los sucesos estresantes como el cambio de escuela, una mudanza, una enfermedad prolongada o problemas entre los padres pueden ser la gota que colme el vaso y desate el problema.

En este punto es importante distinguir entre la "fobia escolar" y el “trastorno de ansiedad por separación”. En el primer caso las dificultades para ir a la escuela están producidas por el miedo intenso a algún aspecto de la situación escolar mientras que en el segundo el miedo se origina en la posibilidad de separarse de los padres.

De la misma forma, debemos deslindar la "fobia escolar" a el “rechazo escolar no prolongado” que suele deberse a dificultades en el rendimiento escolar, problemas con la disciplina que impone la escuela o el simple hecho de que se ha perdido la motivación por la misma.

El tratamiento depende de las causas, las cuales pueden ser difíciles de determinar. Muchos niños pueden haber comenzado a evitar la escuela por una razón es especifica.

Antes de cualquier tratamiento psicológico, es recomendable acudir al pediatra para que descarte que dichos síntomas no estén relacionados con algún problema fisiológico. Cuando se ha descartado la existencia de problemas de salud, será el psicólogo el encargado de diagnosticar y tratar la fobia escolar.

Es importante para superar la fobia ponerse en manos de un profesional en psicología clínica y o psicopedagogo lo más rápido posible una vez que sean detectados algunos de los síntomas, ya que cuanto antes se traten, antes desaparecen.

Técnicas más frecuentes son las siguientes:

Ds, Técnicas de exposición gradual, o inundación (rápida-prolongada y forzada) Relajación, Técnicas de modelado, de reforzamiento, Escenificaciones emotivas, Técnicas cognitivas como la terapia racional emotiva o pbiu. Tratamientos psicofarmacológicos como inhibidores de la ansiedad.

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