miércoles, 2 de octubre de 2013

Trastorno Bipolar y Sexualidad

La sexualidad es una fuente de placer y bienestar y permite una comunicación de sentimientos y sensaciones con la otra persona. Muchas personas con trastorno bipolar se quejan en la consulta de problemas en sus relaciones sexuales.
La bipolaridad una enfermedad mental con dos fases características: la maniática y la depresiva. En la primera se experimenta euforia e hiperactividad, que influyen en el aumento del deseo sexual; en la segunda, el deseo sexual disminuye. Por ello la vida sexual de quienes padecen este desorden puede ser complicada; además de afectar la libido puede provocar impotencia, anorgasmia y retraso en la eyaculación.

El deseo sexual va fluctuando en función de la fase de la enfermedad. Por un lado, durante la fase depresiva se produce una disminución del deseo sexual.

En las fases hipomaníacas y maníacas se produce un aumento del apetito sexual (hipersexualidad) que puede llevar a la persona a conductas que no le son propias como cometer infidelidades o cambiar sus gustos sexuales. En esta fase se pueden producir conductas sexuales de riesgo que pueden tener como consecuencias infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados. Las relaciones sexuales pueden disminuir de forma completa durante el último episodio o disminuir sucesivamente tras múltiples episodios.

En la fase de eutimia, la enfermedad no tiene por qué afectar a la sexualidad. 

“Durante las fases maniacas se produce un aumento de la producción de una sustancia cerebral denominada dopamina que es el neurotransmisor de la motivación, el que nos impulsa a hacer cosas nuevas, y es también fundamental en la excitación sexual. La fase maniaca por tanto, aumenta la excitabilidad sexual, mientras que la depresión la disminuye”.

La promiscuidad e hipersexualidad que ocurren en las fases maníacas de un bipolar, afectan la vida social de éste; complican las relaciones de pareja, incluso las amistosas y familiares. Por otra parte, la disminución del impulso sexual durante las fases depresivas provoca baja autoestima y reducen la calidad de vida. "por mucho que se explique a los pacientes que se trata de un problema transitorio asociado a la fase depresiva o al tratamiento"

Por tanto, los problemas principales que una persona con trastorno bipolar puede tener son los cambios del deseo sexual en un sentido u otro, pero también "pueden darse retraso en la eyaculación, impotencia y anorgasmia,

Por otro lado, y mirando hacia la esfera más psicológica y social de esta enfermedad, éstas también se ven claramente afectadas. "Muchas personas con trastorno bipolar tienen dificultades para mantener una pareja estable, a veces la falta de habilidades sociales o el aislamiento complica la posibilidad de tener una pareja estable y esto hace que tengan menos posibilidades de tener relaciones sexuales".

El aumento libido suele conllevar conductas promiscuas, y existe riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.

Existe un alto riesgo de suicidio con el trastorno bipolar y tanto en la fase maníaca como en la fase depresiva el paciente puede abusar del alcohol u otras sustancias, lo cual puede empeorar sus síntomas.

Los fármacos son un capítulo aparte, que también puede influir en las relaciones sexuales de pacientes con trastorno bipolar y otras enfermedades mentales. "En ocasiones, consumen psicofármacos que producen alteraciones en su actividad sexual, el problema puede ser que abandonen la medicación, con el consiguiente riesgo de recaídas".

Los fármacos son necesarios para controlar la bipolaridad y en ocasiones también afectan la vida sexual debido a sus efectos secundarios, como impotencia, anorgasmia, o retraso de la eyaculación; pero es posible evitar estas molestias cambiando el tratamiento que se dan sólo en ocasiones.

El trastorno bipolar es una patología común cuyos efectos deben ser tratados. La Psiquiatría ha avanzado mucho los últimos años para combatirla y es tratada desde una perspectiva multidisciplinaria, involucrando a psiquiatras, psicólogos, enfermeros, médicos de familia. Todos aquellos que lo sufren, deben saber que si han percibido cambios indeseados en su capacidad de disfrute de una vida sexual sana y plena, existen soluciones; el primer paso es comunicarlo a los responsables de su tratamiento.


La psicoeducación y la rehabilitación cognitiva son clave para tratar el transcurso de la enfermedad.

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