miércoles, 9 de abril de 2014

Crisis de la Mediana Edad

El término crisis de la mediana edad o crisis de los 40 se usa para describir un período de cuestionamiento personal, que comúnmente ocurren al alcanzar la mitad de la edad que se tiene como expectativa de vida.

Alrededor de los 40-50 años, suelen ser también frecuentes. Puede ocurrirle a uno o a ambos miembros de la pareja. Se trata de una edad en la que se suele hacer balance de lo que uno ha hecho en la vida, y en ocasiones no resulta agradable lo que se ve desde esa perspectiva. La persona siente que ha pasado la etapa de su juventud y la entrada a la madurez. En ocasiones, las transiciones que se experimentan en estos años, como el envejecimiento en general, la menopausia, el fallecimiento de los padres o el abandono del hogar por parte de los hijos pueden, por sí solas, disparar tal crisis. El resultado puede reflejarse en el deseo de hacer cambios significativos en aspectos clave de la vida diaria o situación, tales como la carrera, el matrimonio o las relaciones románticas.

En cualquier caso, no es una enfermedad; sino una fase de transición personal, que se puede vivir con mayor o menor intensidad.

En las generaciones actuales, que no en las más jóvenes, para los hombres de esta edad suele vivirse como un gran fracaso el no haber alcanzado los objetivos profesionales que incluyen aspectos laborales, económicos y sociales que se habían propuesto. A veces este fracaso no se ve compensado ni siquiera por una pareja duradera y estable, o una familia sin problemas. El malestar es tan profundo que puede llevar, si no se pone freno, a situaciones verdaderamente irracionales, como gritos, voces y malhumor a destiempo, que poco contribuyen a que mejore la situación laboral y terminan con el reducto de equilibrio familiar.

Las mujeres de esta generación suelen vivir como un fracaso lo relacionado con su vida afectiva, o los problemas que puedan tener con los hijos. En ambos casos, la situación externa suele ir acompañada de pensamientos e interpretaciones irracionales que suponen un distanciamiento excesivo de la realidad, de manera que impiden una valoración objetiva de los aspectos positivos que uno ha logrado o disfruta en su vida, que podrían muy bien contrarrestar o equilibrar la situación de crisis. Una pequeña parada serviría para rediseñar o reorientar la propia vida y dejar atrás el fantasma del derrotismo o el dolor.

Las personas que experimentan una crisis de la mediana edad presentan una o más de las siguientes tendencias:
  • búsqueda de un sueño o meta indefinido
  • un profundo remordimiento por las metas no alcanzadas
  • deseo de lograr la sensación de juventud
  • necesidad de pasar más tiempo solo o con ciertas compañías 

Se ha señalado también que pueden exhibir algunos de estos comportamientos:
  • abuso en el consumo de alcohol
  • consumismo o adquisición de artículos caros o extraños, como prendas de vestir, autos deportivos, joyas, motocicletas, aparatos electrónicos, teléfonos costosos, tatuajes, etc.
  • demasiada atención a su apariencia física

El enfoque que cada persona le de a este período de crisis podrá resultar positivo o no de acuerdo a los cambios que decida realizar sobre sí mismo. El solo hecho de realizar una auto-evaluación de todo lo vivido hasta el momento no tiene porqué ser algo preocupante, de hecho, tal vez sería sano realizarlo en las distintas edades y etapas de la vida.

Se cree que por el tipo de personalidad y tener un historial de crisis psicológicas anteriores predispone a algunas personas a experimentar esta "tradicional" crisis de la mediana edad.

Conclusión

Al llegar a los 40, nos acercamos al punto medio de la vida. Sentimos con inquietud que hemos llegado al final del crecimiento y al inicio del envejecimiento. Miramos hacia atrás y sentimos la fuerza y vitalidad de la juventud y ¿qué vemos hacia delante? Un camino con pocas posibilidades y todas conocidas y gastadas.

La mayoría de los hombres en la crisis de la mediana edad no enfocan su miedo en una idea específica, sino que se sienten en unas vidas vacías y aburridas. En realidad tienen dos grandes miedos: miedo a la vida y miedo a la muerte.


Hay que sentir que la madurez va a ser la etapa más intensa de sus vidas y que tienen los recursos para reinventarse. Comprobarán que la mediana edad está repleta de oportunidades en todos los campos vitales en que se enfoquen: trabajo, sexo, amor, aventura, experiencia, sabiduría, espiritualidad. Y descubrirán la clave para vivir intensamente este periodo: conservar y potenciar lo juvenil que hay en ellos y al mismo tiempo, aceptar el paso del tiempo y la vejez.

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