sábado, 5 de noviembre de 2016

Los Limites del Silencio: Abusos en el Diván

Se entiende que la relación médico-paciente es, por definición, una relación fiduciaria. Esto significa que el paciente, en estado de necesidad y para ser ayudado, entrega su confianza al profesional. Este tiene entonces la obligación de responder a tal donación con corrección técnica y ética, evitando abusar del poder que en él ha sido delegado.
En los últimos años, en el ámbito de la psicología clínica se está produciendo un notable aumento de la conciencia pública respecto a los derechos de los usuarios, exigiéndose cada vez más una práctica profesional de calidad en la que confluya un comportamiento ético y una actuación eficiente. Sin embargo, no se ha producido un desarrollo paralelo de normas y directrices que orienten a los psicólogos en su práctica profesional y tampoco en los actuales planes de estudio de la licenciatura de Psicología se han abordado estos temas con la suficiente profundidad.

Ante el psiquiatra/psicólogo clínico, la paciente solo debería desnudar su mente... Pero las recientes denuncias han desvelado casos de abusos de poder y mala praxis.

“la transgresión es fugaz: tan pronto como se realiza, expira y nos enfrenta con una frontera vedada y destruida”

Freud decía que los psicoterapeutas son como químicos que trabajan con sustancias altamente inflamables Ese material explosivo es la psique de la persona con fragilidad emocional que llega pidiendo ayuda a una consulta. "El paciente convierte a su terapeuta en una figura de autoridad y conocimiento -dice mi colega Mariela Michelena y se coloca a sí mismo en una posición infantil y regresiva. Por ello, cualquier abuso por parte del terapeuta se puede considerar al nivel de la pederastia, ya que no es una relación entre adultos, sino jerárquica. Constituye un auténtico abuso de poder".

La comparación entre pederastia y violación de los límites en la relación entre terapeuta y paciente no es exagerada.

Algunos psiquiatras dicen que "los casos de transgresión relacionados con conductas eróticas suceden, pero no son abundantes".  Asegura que el que un paciente acuse a su psicoterapeuta ocurre en todas las sociedades psicoanalíticas del mundo.

Los límites en psicoterapia incluyen varias áreas críticas, que el profesional debe constantemente vigilar: Roles, horarios, lugar del tratamiento, honorarios, recepción de regalos y solicitud de servicios, vestuario, lenguaje verbal y no verbal, revelaciones personales del terapeuta y contacto físico.

Breves ejemplos de transgresión en terapia:
  • Erosión gradual de la neutralidad terapéutica.
  • Violación de límites "entre la silla y la puerta".
  • Socialización de la terapia.
  • El paciente es tratado como "especial".
  • Revelación de información confidencial acerca de otros pacientes.
  • Contacto físico (tocar, abrazar, besar).
  • El terapeuta asume control sobre el paciente.
  • Contactos extra terapéuticos.
  • Sesiones terapéuticas prolongadas.
  • Sesiones terapéuticas programadas al final del día.
  • El terapeuta libera al paciente del pago de honorarios.
  • Citas.
  • Relación sexual.
Las estadísticas actuales (según una encuesta que realiza la revista Medscape sobre ética (Medscape Ethics Survey) nos dice que: La mayoría de los médicos, el 68%, se posicionaron totalmente en contra de mantener una relación con un paciente actual, catalogándolo como una práctica sin ética, y muchos se opusieron a las relaciones íntimas de un médico con su ex-paciente sin importar cuánto tiempo haya pasado, una postura que refleja la opinión de un servidor y de la mayoría de las sociedades de especialidades. Y sin embargo, la encuesta revela que el número de médicos que piensa lo contrario está en aumento, ya que en la misma encuesta, realizada en 2010, el número de médicos en contra ascendía a 83%. Mientras que sólo el 1% de los médicos, en ambas encuestas, cree que mantener relaciones sexuales con un paciente es algo permisible, sólo el 12% de los participantes en la encuesta de 2010 le parecía correcto salir con un paciente actual; en la encuesta más reciente, hasta un 22% de los participantes cree que este tema ya no es tabú.

Y es que en el ámbito del diván se puede colar el deseo sexual en ambos sentidos. Según los estudios de López Gómez, no es raro que el paciente manifieste deseos o fantasías eróticas durante una terapia. La película de David Cronenberg 'Un método peligroso' tiene como protagonista a Carl Jung, discípulo de Freud. El psicoanalista practica su primera terapia a una mujer, Sabina Spielrein, internada en su hospital por desequilibrios psíquicos, en 1904. Spielrein, que se acaba convirtiendo, a su vez, en psicoanalista, no es solo su paciente sino también su amante.

La observación de estas incursiones eróticas, de hecho, llevó a Freud a describir los conceptos de transferencia y contratransferencia [la transferencia es el traslado a la situación presente de afectos u hostilidades que corresponden a vivencias del pasado, con lo que la persona revive, en sus vínculos nuevos, sus antiguos sentimientos o deseos infantiles reprimidos. Mientras la contratransferencia es el conjunto de las reacciones inconscientes del analista frente a su paciente].

No hay duda es de que la psicosexualidad está presente en cualquier consulta porque suele ser una de las mayores fuentes de angustia para los pacientes. No obstante, como advierte López Gómez esta atención es siempre desde la palabra y "no pone en peligro los límites de la relación terapeuta-paciente". Como decía el sonado Psiquiatra sevillano acusado de veintiséis mujeres y 2 hombres que denuncian agresiones y abusos sexuales “¿El sexo es más fuente de placer, estrés o de melancolía? “Permite vivir, sobrevivir y pervivir. La humanidad existe gracias al sexo. De no ser por el sexo esta entrevista no se habría celebrado”. A continuación, negó que hubiera recetado sexo como medicina.

En un tratamiento todo pasa por la palabra,  no existe ninguna psicoterapia que permita tocar a los pacientes. Eso sería un aprovechamiento perverso de la situación de poder. Y lo mismo sucede en otros enfoques. La mayoría de los psiquiatras o colegas míos crean una distancia física necesaria para la profesionalidad y la escucha. Como también no se niegan la existencia de esos oscuros pseudo-profesionista aplicando mala praxis.

En efecto, todo profesional de la salud mental sabe o supone que una vez que haya un "amor" contacto más allá entre un médico/psicoterapeuta y una paciente, a partir de ese momento, tiene que dejar de ser su psiquiatra o psicólogo. Sera esta una relación afectivamente saludable y consiente? Más allá de los riesgos psíquicos y legales que con lleva si se continua con el tratamiento.

Se debe entender y llevar acabo que la relación es terapéutica y esta es una relación profesional, no una relación de amistad. Dicho de otra manera, es la relación entre un profesional de la Salud Mental y una persona que, en un momento dado de su vida, busca ayuda, para solucionar un problema en concreto, un conflicto familiar o, únicamente, aumentar su bienestar emocional.

Por tanto, delimitar correctamente el rol del terapeuta y el del paciente a lo largo de la relación terapéutica, permitirá eliminar futuros problemas y malentendidos. Por tanto, y en todo momento, aun habiendo finalizado la terapia, nuestro rol siempre será el mismo, el de profesional centrado en el trabajo y la cooperación, nunca el de amigo, amante, pareja ni familiar. Como psicólogos profesionales debemos actuar de forma que seamos percibidos por los pacientes como fiables, de confianza y consistentes. Aunque aveces pasa que después de un tiempo y por situaciones diferentes, se establezca una cierta “amistad” con un ex paciente.

La actividad sexual con un paciente actual o con un ex paciente es antiética. También se considera antiético el establecimiento de relaciones románticas y sexuales entre el médico y los familiares de sus pacientes, habitualmente con sus padres o cónyuges. Estas relaciones interfieren o interrumpen el tratamiento, traicionan y hacen perder la confianza del paciente, crean problemas con el respeto a la confidencialidad y han mostrado traer muy negativas consecuencias para el profesional, el paciente y la familia.

El rol del terapeuta incluye los aspectos estructurales de la terapia además del contenido, y es responsabilidad del psiquiatra/psicólogo clínico mantener la distancia profesional en la relación. Es inevitable que el paciente resienta los límites impuestos y precisamente, las conductas y emociones que revelan esa protesta son un contenido de análisis importante en las terapias dinámicas. Pero la transgresión es sólo responsabilidad culpable del terapeuta.

Se sugiere revisar la guía ética profesional del psicólogo clínico.

Nuestra finalidad es “curar cuando se puede, aliviar casi siempre, un campo complejo, una ética común”.

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