jueves, 22 de diciembre de 2016

Depresión Decembrina

Aunque diciembre es una época de celebración, alegría y bienestar, sin embargo, para muchas personas la época navideña es el peor momento del año, que incluso llegan a desarrollar lo que algunos han denominado “Depresión Navideña”.

Este trastorno se definió en la década de los 80 por la Asociación Americana de Psiquiatría y desde entonces, se le llama Trastorno Afectivo Estacional. Y precisamente se da más frecuentemente en el invierno por la disminución de luz solar.

La depresión es uno de los principales problemas de salud en época decembrina y con mayor incidencia en mujeres. Los más vulnerables en esta época del año son las personas de la tercera edad.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este desequilibrio es una de las principales causas de discapacidad en el mundo, mientras que el Instituto Nacional de Salud destaca que México ocupa el primer lugar de discapacidad para las mujeres y el noveno para los hombres. Y pese al impacto de trastorno en la conducta habitual, las personas no acuden con un especialista y muchas veces no se percatan a tiempo del problema.

Depresión decembrina: Es importante que no se dejen engañar por su nombre, puesto que no significa que, al terminar diciembre, más allá del TAE, el estado de tristeza desaparezca y vuelva a presentarse el próximo año. La depresión, en realidad, es algo que se puede experimentar todo el año, pero que permanece silencioso hasta que se acercan fechas como las festividades navideñas. Si pasado el fin de año, cuando se acaben las reuniones, las cenas y los festejos, la persona sigue en el mismo estado de tristeza y desilusión, puede tratarse de una depresión crónica/persistente.

En esta temporada la enfermedad es consecuencia de una dinámica social en donde los individuos son influidos por comprar regalos, asistir a fiestas, comer compulsivamente o competir en las tiendas con otros compradores por objetos específicos. Esta dinámica puede causar inestabilidad emocional en algunas personas, en navidad este padecimiento se vincula con expectativas económicas o de convivencia familiar y se presenta en los diversos sectores de la población. "al ser el final de un año, se tiende a enumerar los fracasos y no los logros. Esto tiene relación con metas personales no cumplidas, situación económica complicada (deudas), desempleo o pérdida del poder adquisitivo.

Los síntomas para poder detectar si atraviesas una depresión decembrina, consisten en  pérdida de interés por realizar actividades que, normalmente, son placenteras para ti, aislarte y no querer salir con amigos, problemas de concentración, apatía, un constante estado de ánimo de tristeza o vacío, nostalgia, melancolía, falta de energía, irritabilidad, ansiedad y dificultades para dormir y comer. También las ideas suicidas son más comunes durante el invierno. Es importante tener en consideraciones si presentas estos síntomas también como un repentino cambio de conducta, aislamiento, irritabilidad, no cambiar de rutina o pérdida de peso, miedo al cambio y al futuro, apatía a celebrar y excusas para pasar solo las fiestas, pensamientos negativos respecto al año que viene, etc.

Causas de la depresión en Navidad y Año Nuevo

Existen varias razones por las que la Navidad y Año nuevo son una época poco deseada para algunos, además de temida y evitada.
  • La depresión en esta temporada del año ocurre por no saber cómo expresar afecto, lo que conlleva a querer demostrarlo haciendo gastos innecesarios que en muchas ocasiones acarrean más problemas, sobre todo ante problemas económicos, o bien porque las personas se crean altas expectativas en lo que se les va a regalar y al no cumplirse se sienten tristes y decepcionadas.
  • En algunos casos puede ser porque las personas tuvieron en su infancia malas experiencias antes y/o durante las fiestas, así que se encuentran predispuestos a pasarla mal.
  • Otra razón es que los recuerdos de navidades y años nuevos anteriores se apoderan de nuestra mente, recuerdos que fueron muy dolorosos para nosotros: una enfermedad, el rompimiento de relaciones amorosas o amistosas, la lejanía de un ser querido, cambios de localidad, pérdida de trabajo, etc.
  • El hecho de revivir esos recuerdos hace que volvamos a experimentar las mismas emociones que sufrimos en su momento, provocando que en algunos casos sobrevengan las depresiones.
  • En especial durante Navidad y Año Nuevo que recordamos con más anhelo a los seres queridos que en su momento estuvieron con nosotros, su ausencia se nota más, y por consiguiente el vacío que se sentimos es mucho mayor.
  • Otro componente que en esta temporada puede conducir a la tristeza es el hecho de pensar que los tiempos de antaño siempre fueron mejores.
  • El estrés navideño en los últimos años tiende a ser también bastante común. Las prisas por encontrar el regalo perfecto o incluso dejarlo todo para el último momento pueden causar tensión y ansiedad fácilmente evitables.
  • Si una persona tiene conflictos para relacionarse con su familia o con amistades, esta incapacidad suele profundizarse durante esta época.
  • Para otros quizás son fechas que nostálgicamente los remontan a otras pasadas en las que no tenían grandes problemas y en cambio ahora se sienten tan abrumados y decepcionados.
  • El alcohol es otro agravante en la depresión de fin de año, y en muchos de los casos estos síntomas desaparecen al acabar las festividades. Muchas personas se refugian en las bebidas alcohólicas para tratar de pasarla bien con sus seres queridos y no preocuparlos, o para olvidar los problemas que tienen en el momento, pero eso no soluciona nada, porque el problema seguirá ahí al llegar el primero de enero. Por esto, es importante rodearnos de personas positivas y que se preocupen por nuestro bienestar.
  • La gente que se deprime en la temporada navideña y que coincide con el fin de año, se pone a evaluar los logros y fracasos del año fijándose solamente en aquello que no pudieron lograr.
  • Se cree también que otro factor que contribuye a la depresión decembrina es un desorden estacional conocido como SAD (Desorden Afectivo de Temporada), éste lo sufren algunas personas cuando experimentan una reducción en la exposición a la luz del día, así que los días cortos de invierno contribuyen a que la persona se sienta desanimada. Hay otra teoría que dice que hay personas que tienen una secreción anormal de la hormona melatonina. Esta hormona se “activa” durante el atardecer provocando sueño y se “desactiva” en la mañana. Y como ya sabemos se ha hablado de alteraciones en la secreción de la hormona serotonina, que puedan ser los causantes de este trastorno.
  • Corte de caja: es decir, hacer el recuento y el balance, ensalzar los logros, rehacer la agenda pendiente, pero que al hacer en inventario las metas no alcanzadas, los objetivos aplazados, las carencia pueden conducir a una tristeza que si no se maneja bien puede encausar hacia excesos.
  • Son muchos los que llegan a casos extremos en que prefieren endeudarse antes que no celebrar la navidad. El problema recae en el enorme estrés que involucra pagar después todo lo que se ha comprado para la ocasión.
  • Personas más vulnerables a padecer son aquellas que padecen fobia social, personas con problemas para empatizar con los demás e integrarse y que tienden a evitar los encuentros navideños, así como las que tienen agorafobia o miedo a los espacios abiertos y a las multitudes. En estos casos, los síntomas más comunes son sudoración de manos, taquicardias, ataques de pánico, ansiedad y mareos.
Este trastorno no discrimina edades y puede afectar tanto a adultos, como a adolescentes y niño. Por lo que ante esta situación, existen algunas consideraciones que se pueden tomar en cuenta, como:
  • Lo primero de todo es identificar la causa real que nos provoca la sensación de tristeza y bajo estado de ánimo.
  • Mantener una vida saludable.
  • Asistir al médico.
  • Externar sentimientos.
  • Buscar terapia psicológica.
  • Ocúpate.
  • Cero expectativas. (Vivir el aquí y el ahora)
  • Agradece.
  • Construye nuevas relaciones interpersonales.
  • No compares.
  • Tratar de ver el lado positivo de todo.
  • Es importante hablar, ser escuchado y saber que se cuenta con el apoyo de los familiares y amigos más cercanos.
  • Olvida la billetera y el cinturón por unos días J
Se sugiere
  • Evitar la tristeza navideña integrándose en los arreglos y preparación de los festejos.
  • Estar siempre acompañado. Lo peor es aislarse.
  • Se les recomienda también hacer ejercicio y, si es al aire libre, mejor.
  • Medicamentos específicos para regular la serotonina. (Estos deben de ser indicados por un psiquiatra y regular las dosis cuidadosamente).
  • Deje a un lado la actitud de Grinch: Usted también podría, sin darse cuenta, hacerle pasar un mal rato a sus amigos y familiares con su actitud.
Por esta razón, es necesario que a pesar de los problemas, se concentre en las cosas positivas en su vida como: disfrutar a la familia, personas queridas, trazar metas para realizar y conseguir sus propósitos en el año venidero son buenas formas de organizarse, sin intimidarse por lo que traerá el futuro.

En términos coloquiales se habla de depresión navideña, aunque hay que subrayar que no es la navidad en sí la que provoca estos sentimientos negativos, más allá del TAE, sino la interpretación que hacemos cada uno sobre lo que deberíamos hacer, tener o sentir en estas fechas. Hay que atender este tipo de depresión, pues puede irse agravando año con año. Si detectas este tipo de síntomas en ti, es importante que acudas conmigo o un colega experto en salud mental. De esta forma, te será más sencillo disfrutar de este tipo de celebraciones y convivir mejor cada año con tus seres queridos.

Como todas las estaciones, el invierno también hay que disfrutarlo, y si estás sano, lo disfrutarás aún más.

“La época decembrina se ha convertido paulatinamente más en una consecuencia de la vida que vivimos que una causa y esto sí puede cambiar, mediante una reflexión profunda y comprometida”

martes, 20 de diciembre de 2016

El Miedo al Abandono, un Obstáculo en las Relaciones

Amar implica el riesgo de perder al otro, pero hay personas que temen tanto al abandono que envenenan sus relaciones. Ciertas personas viven sus relaciones afectivas bajo la sombra del miedo al abandono.

Estas personas ya no se centran en lo que desean, sino en lo que demandan. Piden pruebas de lo que se siente por ellas porque tienen la certeza de que no van a recibir del otro lo suficiente ya que no son merecedoras de amor. Tienen miedo a amar y a correr los riesgos que el amor trae consigo, lo que imposibilita una relación gratificante que se alargue en el tiempo.

Para amar hay que soportar el riesgo de perder. Dejar atrás la omnipotencia de seguir creyendo que el otro estará ahí siempre, de que tiene que cubrir todos nuestros deseos. También se puede tener miedo a no estar a la altura del otro y a que deje de querernos. Podemos, asimismo, idealizarlo y no soportar la dependencia excesiva que tenemos de él.

Dichos vínculos se mantienen dentro de este influjo, y la persona llega a soportar “cualquier cosa” para no ser abandonada. El abandono es un temor que impide a una persona establecer relaciones en especial de pareja, en confianza, respeto, adecuada comunicación y amor, el individuo con este miedo adquiere diversos comportamientos inconscientes. Veamos dos, los cuales considero, causan mayor daño emocional: uno es alejarse de las personas que la pueden llegar a amar y el otro es atraer justo a las que no la van a amar. Por lo general, dichas personas desarrollan correspondientemente, la actitud de indiferencia o victimismo. La primera es una actitud que se caracteriza por la evasión y la segunda por el sufrimiento, ambos esconden el miedo al abandono.

Empecemos por la persona que presenta la actitud de víctima: se trata de alguien que atrae como pareja a quien la va hacer sufrir; se encuentra con sujetos discapacitados para intimar, inmaduros, promiscuos, casados o simplemente que discrepan del compromiso y hacer pareja; por lo tanto, frecuentemente el individuo con esta actitud queda con el nido vacío o atrapado en una unión con conflicto permanente. Se cumple justo lo que teme: el abandono. Situación que suele agravarse cuando la víctima se obsesiona con él y le hostiga, persigue o acosa, buscando de manera enfermiza que regrese (que no la abandone). Ahora, la otra actitud, la de indiferencia, se caracteriza por la huida; la persona corre cuando siente que puede llegar a enamorarse, buscando barreras físicas o emocionales infranqueables para terminar su relación; de acuerdo a la pareja. El individuo puede inventarse un viaje, ser infiel o cambiar a una conducta que desilusione. Simplemente genera motivos para desenamorar o desenamorarse. Como se puede observar, las dos actitudes son opuestas y complementarias; es decir, se atraen y tienen grandes posibilidades de establecer una relación, unidos por un factor común: miedo al abandono.

Las personas que ostentan el miedo al abandono son personas que provienen de una herencia emocional, también de abandono. Es posible que algún o algunos de sus antepasados hayan vivido episodios de abandono en contexto de vida o muerte, o el hecho de haberse sentido soló. En los mencionados casos, el miedo se impregna en cada célula del cuerpo del antepasado y luego es transmitida a través de sus genes, a la espera de que un descendiente sane la información. Dicha experiencia es la que promueve la repetición de los sucesos en el clan familiar, para que alguien los trascienda y libere.

Cegados por ese temor, actúan de forma lineal: Generan vínculos en los que se ponen al servicio del otro, hacen todo lo que el otro quiere y lo convierten en un amo al que asisten. El vínculo se caracteriza en poner todo el esfuerzo en no ser abandonados. Incluso hay quienes se quedan al lado de alguien que los maltrata, emocional o físicamente, pero les dan la garantía de que siempre van a estar ahí. En muchos casos se termina generando una dependencia emocional. Se trata de personas que vivieron abandonos primarios  y para eso basta con que sus padres no hayan comprendido sus necesidades afectivas y  cuando crecen, construyen vínculos en los que vuelve a estar presente la amenaza de abandono. El paso que sigue frente al profundo sentimiento de indefensión y el pánico a que lo dejen, son las situaciones explosiva , a veces con desenlaces violentos.

Sin embargo, los miedos suelen tener otras máscaras: Para la psiquis es más doloroso ser abandonado que abandonar, entonces también están los que empiezan a boicotear las relaciones con excusas. Sucede que ese miedo inconsciente es tan grande que, aunque encuentre a una persona fantástica, en el momento en que el vínculo crece y demanda mayor intimidad, se desconecta, se anestesia y cierra el corazón. Todo eso por temor a lo que pueda pasar después. Es doloroso sí, pero menos que ser abandonado.

Entrega sí, pero sólo del cuerpo: Estas personas pueden mantener relaciones con cierto nivel lúdico, desde el lugar del placer, de la sexualidad. Pero, muchas veces, cuando empiezan a sentir un pedido de afecto, lo viven como una invasión. Para ellos, uno de los momentos trágicos de la relación es cuando el otro le pregunta ¿en qué estás pensando? La sensación es que el otro se le puede meter dentro de la cabeza. Y en este micromundo blindado a la posibilidad de entregarse y luego sufrir, todo lo que no sea cuerpo resulta impenetrable.

El miedo a que nos abandonen puede estar motivado por evitar la angustia de compartir una intimidad afectiva que se vive muy intensamente, con el sentimiento de perder los límites con el otro. También puede obedecer a una desvalorización profunda donde se supone que la pareja, cuando conozca nuestras carencias, va a dejar de estimarnos. Otro factor que influye es sufrir una intolerancia alta a la frustración cuando el otro no responde siempre a todo lo que se le pide. La clave de la crisis de pareja es que ahora las parejas no se piensan “para toda la vida”.

El mundo emocional en el ámbito de la pareja es muy complejo, y si este está basado sobre todo en el miedo al abandono, la problemática es aún mayor. Pero hemos de tener claro que la base de esta sensación radica en la duda sobre la propia valía.  En el auto-concepto y la autoestima de uno mismo/a.

Es difícil que un amor dure mucho en condiciones saludables si no se tiene confianza en lo que el otro siente por nosotros, o si, de manera inconsciente, no nos sentimos con derecho a ser amados. Renunciar al fantasma del amor idealizado, ese que lo colma todo y tiene que resolver nuestros conflictos. No es el miedo al abandono lo que sabotea nuestras relaciones, es cómo lo manejamos.

Transformar el miedo al abandono en auto-dependencia emocional involucra una aceptación radical de que no eres una extensión de  tu pareja, eres un ser individual capaz de tomar responsabilidad de tus propias necesidades emocionales.


Puedes lograr ser segura(o) de ti misma y aumentar tu amor propio.

Compilador

lunes, 5 de diciembre de 2016

Mi Hijo me Pega: Violencia Filio-Parental

Una preocupación frecuente de los padres y que muchas veces llevan a la consulta, se refiere a si es normal que los niños peguen a otros niños o a los adultos que conviven con ellos. Para responder ésta pregunta primero hay que tener en cuenta algunos factores como la edad del niño y el contexto en el que éste comportamiento ocurre.
Algunos padres viven la pesadilla del maltrato físico y psicológico de sus hijos, aunque no muchos se atreven a contarlo. Se suele hablar mucho del maltrato de padres hacia los hijos, pero en menos ocasiones, se trata el tema cuando ocurre a la inversa, cuando son los hijos quienes agreden física o verbalmente a los padres. Esto ha hecho que nosotros psicólogos clínicos y sociólogos concentremos miradas en un fenómeno que no es nuevo, pero ha aumentado su recurrencia en las últimas décadas: la violencia filio-parental. Es la forma más oculta, incomprendida y estigmatizada de violencia familiar. Miles de padres viven con temor pero aún es un tema tabú. Se trata de una forma de violencia intrafamiliar en la que los hijos abusan verbal, emocional, económica y físicamente de sus padres o cuidadores para tener el control. 

En el abordaje familiar de este tipo de patologías, asociadas a problemas de hiperactividad o impulsividad y que desembocan, si no se interviene a tiempo, en trastornos de conducta desafiante y, lo que es peor, en la agresión a padres, hermanos, compañeros o profesores. Se trata de patologías que muchas veces quedan sin diagnóstico y cuyas consecuencias van más allá del ámbito doméstico: el fracaso escolar, rechazo social, la comisión de delitos y la falta de perspectivas laborales.

¡Mi hijo pega mucho! ¿Qué hago?

Entre el año y los dos o hasta los 4 años máximo, puede aparecer el gesto de pegar o el hábito de morder a sus padres, hermanos y/o compañeritos del jardín maternal como una necesidad del niño de comunicar sus sentimientos y de no encontrar otra manera para hacerlo. Puede que tu hijo pegue porque no sabe expresar con palabras su frustración o puede que tenga un problema de agresividad. Es necesario enseñarle a actuar de otra manera.

Un niño enfadado es un niño que bajo esa apariencia de dureza está bastante asustado y triste. Por muy pequeño que sea el problema, siente que algo de vital importancia para él está siendo amenazado, y que no tiene otra posibilidad más que la lucha. También se siente solo. Hasta donde él puede ver, nadie le entiende, nadie viene a su rescate, y todo el mundo intenta hacerle daño. Los niños se inclinan con naturalidad hacia el cariño y la compañía.

En caso de agresión hacia la madre hay una regla básica y no negociable "No se pega a mamá".

Un niño no pega porque sí. El pegar suele responder al enfado, pero debajo del enfado hay otras cosas: resentimiento, frustración, miedo, tristeza…

Después de que pegue a alguien, y cuando tu hijo se haya calmado, ayúdale a identificar lo que ha pasado. No lo juzgues, solo escucha lo que tenga que decir. Intenta no perder la calma ni los nervios cuando pegue, dile que estás ahí para ayudarla a encontrar otra manera distinta de mostrar su tristeza/rabia/miedo/frustración…Siempre y cuando tú/tu marido no recurran a pegar cuando su  hijo(a) les saque de quicio, de lo contrario, el mensaje sería cero coherente.

No hay maldad en la rabieta. No lo tomemos como algo personal. El niño ni siquiera tiene intención de hacer daño cuando pega. La rabieta es su forma de expresar el enfado y la frustración. Hay que diferenciar el comportamiento (pegar) que no es aceptable bajo ningún concepto, y el sentimiento que ha provocado que tu hijo pegue (que es totalmente válido sea el que sea, y es incuestionable). “Entiendo que te hayas sentido triste/avergonzada/frustrada/dejada de lado. Probablemente a mí me habría pasado lo mismo, pero la manera de expresarlo no es pegando. Te voy a ayudar a encontrar una manera sana para ti y para los demás”. Que tu hijo decida qué le sirve a ella para expresar su enfado.

"Enfócate en enseñarle a gestionar su enojo y no en resaltar sus errores"

La falta de comunicación y de atención de alguno de los padres al hijo durante su niñez, y la ausencia de uno de los progenitores, bien por una separación matrimonial o por el fallecimiento de este, son desencadenantes que hacen sentir al menor falta de cariño y provoca esta conducta violenta. En muchas situaciones, la exposición a la violencia en la vida diaria de la familia hace que los adolescentes repitan esta acción. Los niños que pegan, son niños que no se sienten amados.

"La agresión es un elemento más de disfuncionalidad o hay problema de salud mental, drogadicción o violencia entre sus miembros"

El principal problema es la falta de normas y límites en la educación. Son niños que reciben una educación demasiado permisiva en la que mantienen una jerarquía de igual a igual con sus padres. Son niños tiranos y mandones, con una baja tolerancia a la frustración, no aceptan un no por respuesta, son impulsivos y manifiestan poco apego hacia los demás. Al margen de aquellos casos en que la razón es biológica y está asociada a algún trastorno, las estadísticas muestran que estos niños no tienen unos padres muy autoritarios, tampoco provienen de familias separadas o de aquellas con un nivel socioeconómico bajo. Asimismo, parte del problema suele ser que la familia no tiene claro el concepto de autoridad y su sistema educativo es permisivo. Son más amigos que padres y crean adolescentes caprichosos que no toleran la frustración.

¿Quién es el culpable? No lo son hijos ni padres, hay un conflicto. Son dos imanes mal colocados que se repelen pero si se colocan bien se atraerán. Es una patología del amor.

Esta problemática tiene solución. Siguiendo unas pautas educativas, las familias pueden llegar a una convivencia razonable. El tratamiento de la conducta agresiva en un niño, en los casos que sea persistente su conducta debe estar sometido a un profesional especializado en salud mental.

Qué hacer si el niño agrede e insulta a los padres

Los estudios revelan que los niños que desarrollan conductas agresivas a temprana edad tienen la tendencia de continuar este comportamiento cuando son mayores, para frenarlo los padres podemos:
  • Establecer normas y límites: dejar el consabido 'pórtate bien' y explicarles qué esperamos de ellos y cómo se han de comportar. No hace falta inundarles de normas, pero sí establecer unas básicas que comprendan y que respeten.
  • No razones cuando está en plena explosión: el momento de la rabieta no es el más adecuado para dialogar. En esos momentos intentaremos que no se hagan daño a ellos mismos, a otros niños o a nosotros y esperaremos a que haya pasado la pataleta para hacerles comprender por qué no está bien lo que hicieron.
  • No reaccionar con violencia: si gritamos, pegamos o insultamos a nuestros hijos, ellos imitarán esas conductas violentas. Asumirán el maltrato como algo normal.
  • Estimular el vínculo: hacerles saber cuánto les queremos, participar de sus aficiones, hablar con ellos, mostrarles afecto, en definitiva, fomentar también la inteligencia emocional en nuestros hijos y el apego es fundamental.
  • Controlar su impulsividad: debemos ser un ejemplo en ese sentido, además hemos de establecer consecuencias para que ellos entiendan cuándo no actuaron bien o incluso podemos enseñarles a seguir instrucciones paso a paso, haciendo juegos o recetas de cocina, para que ellos aprendan a autocontrolarse.
  • Educar en la empatía: enseñarles a ponerse en el lugar del otro es básico para que controlen esa agresividad y persistan en su actitud hiriente hacia los demás.
  • La opción es la de hacerle lo mismo que el niño está haciendo para que vea que está haciendo daño. No aplica. Ej."para que no toque la caja de los hilos, donde hay agujas, le pinchas con una aguja en la mano... así nunca más querrá tocarla"  es igual a "te pego, que es lo mismo que tú haces" y si es capaz de pensar "me duele, no se lo haré a nadie más". El problema es que podría no entenderlo o incluso entenderlo al revés "mis padres me pegan, yo también puedo pegar", o que piense si "mis padres se relacionan conmigo haciéndome daño, yo también podré hacerlo".
En breve, que hacer si tu hijo pega: Actúa de inmediato, responde con consecuencias lógicas, mantén la calma, disciplinarlo con constancia, enséñale alternativas, enséñale a ofrecer disculpas, recompénsalo por su buen comportamiento, limita su tiempo frente a la televisión/tablet/móvil, proporciónale mucha actividad física, no temas buscar ayuda. 

Si la agresividad del niño no coincide con las edades esperables para éste comportamiento ni con los contextos esperables (situaciones de cambio) es conveniente consultar a un profesional que les pueda aclarar la situación y orientar para resolverla.

Modelo de intervención por los padres: Cuando esté determinado el procedimiento que utilizará, poner en práctica el plan.

Identificar el tipo de conducta, cuantas veces el niño aplica la conducta de agresividad, elegir dos objetivos para modificar la conducta: debilitar la conducta agresiva y reforzar respuestas alternativas deseables,  reducir el contacto del niño con los modelos agresivos. Muéstrele a su hijo otras vías para solucionar los conflictos, enseñar al niño a permanecer en calma ante una provocación, recompense a su hijo cuando éste lleve a cabo un juego cooperativo y asertivo. 

"Mantenga una actitud relajada y positiva y notarás los progresos. Al final, todos se sentirán mejor".

Recuerda que tu hijo es todavía muy pequeño. Si procuras ayudarlo con paciencia y creatividad, es probable que pronto lo único que quede de sus tendencias combativas sea el recuerdo.

Nota: En los adolescentes violentos/agresivos las conductas más habituales son las amenazas, el maltrato psicológico, insultos y humillaciones, lesiones leves como arañazos o bofetadas, empujones, golpes y roturas de mobiliario. Cuando no haya control «Llamar a la Policía para denunciar a tu propio hijo es muy duro pero hay que hacerlo si queremos solucionar el problema». Las intervenciones comienzan, según el grado de violencia, con mediaciones para que el joven sepa que lo está haciendo mal. Si persiste en su comportamiento se puede llegar a sanciones que pasan por terapias, privación de libertad y órdenes de alejamiento en última instancia.

Conclusión

Se reclaman protocolos de intervención social para detectar y saber cómo actuar a nivel familiar. Una labor también pendiente en América Latina, donde además en muchos países no se diferencia estadísticamente los casos de violencia filio-parental de otras agresiones familiares. Hay cierto desfase en la atención a este problema, aunque cada vez se tiene más en cuenta. Dicen que "Sí existe, pero la prioridad allí es frenar el maltrato infantil y la violencia de género, las otras dos formas de violencia intrafamiliar"…

No todo termina en el dictamen del Juez en culpabilizar a los padres o como profesionales de la salud mental, al no apreciar signos de patología severa y concluir que son unos padres "inadecuados". Se requiere una re-estructuración al actual sistema educativo, instituciones de AP y servicio social, también al fortalecimiento de los vínculos paterno-filial como a la prevención de malos manejos. Que la sociedad ofrezca más recursos alternativos.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Trastorno de Personalidad Antisocial

Es una afección de salud mental por la cual una persona tiene un patrón prolongado de manipulación, explotación o violación de los derechos de otros.

 DSM4-TR

A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:

1.- Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como  lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención
2.- Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para  obtener un beneficio personal o por placer
3.- Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
4.- Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones
5.- Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
6.- Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas
7.- Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.

B. El sujeto tiene al menos 18 años.
C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.
D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.

DSM5

A. patrón dominante de inatención y vulneración de los derechos de los demás, que se produce desde los 15 años de edad, y que se manifiesta por tres (o más) de los hechos siguientes:

1. Incumplimiento de las normas  sociales respecto a los comportamientos legales, que se manifiestan por acusaciones repetidas que son motivo de detención.
2. Engaño, que se manifiesta por mentiras repetidas, utilización  de alias o estafas para provecho o placer personal.
3.  Impulsividad o fracaso para platear con antelación.
4.  Irritabilidad y agresividad, que se manifiesta por peleas o agresiones físicas repetidas.
5.  Desatención imprudente de la seguridad propia o de los demás.
6. Irresponsabilidad constante, que se manifiesta por la incapacidad repetida de mantener un comportamiento laboral coherente o cumplir con las obligaciones económicas.
7. Ausencia de remordimiento, que se manifiesta con indiferencia o racionalización del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien.

B. El individuo tiene como mínimo 18 años.
C.  Existen evidencias de la presencia de un trastorno de la conducta con inicio de los 15 años.
D. El comportamiento antisocial no se produce exclusivamente en el curso de la esquizofrenia o de un trastorno bipolar.

Si bien la sociopatía es más común entre los hombres que en las mujeres, no existen barreras de ninguna clase para padecerlo. Pero para ser diagnosticado, la persona debe tener al menos 18 años de edad, aunque por lo menos desde los 15 años ya puede presentar algunos síntomas para que el trastorno sea dictaminado con precisión.

Entre las características más comunes del TPA se encuentran la ausencia de empatía y remordimiento, también una visión de la autoestima distorsionada, una constante búsqueda de nuevas sensaciones (que pueden llegar a extremos insólitos), la deshumanización de la víctima o la falta de preocupación a las consecuencias. El egocentrismo, la megalomanía, la falta de responsabilidad, la extroversión, el exceso de hedonismo, altos niveles de impulsividad, o la motivación por experimentar sensaciones de control y poder también son muy comunes. Este tipo de trastorno no se relaciona con ataques de pánico o con esquizofrenia.3

Dentro de los síntomas comunes que pueden prevalecer en la conducta antisocial, se encuentra el síndrome de aislamiento. Este síndrome es también nombrado como huida o evitación, este síndrome es caracterizado por su peculiaridad de aislamiento, pero se manifiesta como una tendencia a evadir o evitar relaciones y/o contacto con las exigencias sociales; esta conducta consta de lo reservado y lo introvertido que puede ser un individuo dentro de la misma sociedad y quienes les rodean. Según los estudios realizados, estos individuos sufren la crítica, el rechazo, o desprecio de la sociedad, por tanto por medio de esa incomodidad utilizan un método de defensa para evitar esas dificultades, precisamente enfrentan problemas para las relaciones interpersonales. Como es descrito en estos estudios de la conducta, estos individuos enfrentan una lucha constante para salir de sí mismos y expandirse a las relaciones sociales. Esta conducta no solamente se caracteriza de una negación total a las relaciones interpersonales de los individuos, sino que por su constante lucha de salir de sí mismos, ellos realmente tienen un deseo de poder lograr dichas relaciones, estas relaciones solo se dan con personas con las que ellos sientan empatía. Esta lucha entre el deseo y el temor ocasionan en estos individuos una frustración hasta sentirse fracasados. Por tanto, esta frustración puede traer consigo el refugio en la fantasía como la introversión. 

Tratamiento

El trastorno de personalidad antisocial se considera uno de los más difíciles de tratar, ya que las personas con esta afección rara vez buscan tratamiento por su cuenta y existen pocos estudios controlados acerca de la eficacia de las intervenciones con estos pacientes. En general, se recomiendan las intervenciones cognitivo-conductuales, así como evitar el uso excesivo de fármacos, debido a los problemas de abuso de sustancias que habitualmente presentan estos pacientes.

Es imprescindible que exista un estímulo externo lo suficientemente fuerte o importante que les ayude a aceptar dicha condición. Esto puede venir de la propia familia o incluso de la justicia, que le ordene tomar tratamiento. 

En terapia, el manejo de estos casos exige que se le plantee al paciente no solo lo que se pretende conseguir y cómo hacerlo, sino especialmente hacerle consciente de la necesidad de cambio y las ventajas y desventajas que éste le supondría en su vida. Es frecuente la aplicación de terapia cognitiva (concretamente la terapia cognitiva breve con orientación dialéctica, basada en la terapia dialéctica de Linehan), en las que se emplean sesiones de entrenamiento en las cuales se tratan habilidades de consciencia, de efectividad interpersonal, de regulación emocional y de tolerancia a la frustración. Otros elementos útiles pasan por hacer narrar al paciente su historia vital, pues esto puede ayudar en gran medida a ayudarle a observar los sucesos que le han acontecido de forma distinta y a reflexionar sobre su vida. El trabajo en la capacidad de empatía, si bien complicado para este tipo de pacientes, puede ser incrementado mediante ejercicios como la inversión de roles. También resulta de ayuda la psicoeducación al entorno cercano del sujeto, de cara a ayudar a establecer límites en el comportamiento y de tener mayor capacidad de afrontamiento de la situación.

No es extraño que este trastorno se agrave debido al consumo de drogas, algo relativamente habitual en estos individuos. Por este motivo en muchas ocasiones la terapia debe abordar ambos problemas. La terapia grupal puede ser clave para hacer entender a la persona que puede interactuar con los demás sin necesidad de violencia o desprecio. La terapia de cognitivo-conductual ayuda a modificar los patrones disfuncionales de pensamiento y a estimular los comportamientos positivos en sociedad.

En psiquiatría se utilizan medicamentos para combatir síntomas específicos, como la agresividad y la irritabilidad. Los fármacos antidepresivos (ISRS) y “antipsicóticos” han demostrado tener éxito en el tratamiento de este trastorno. Si bien se presupone que el TPA es una enfermedad crónica, algunos síntomas -especialmente el comportamiento criminal- pueden ir disminuyendo poco a poco con el paso del tiempo y un tratamiento adecuado. Coordinación entre los diferentes agentes implicados en el tratamiento.

Expectativas (pronóstico)

Los síntomas tienden a alcanzar su punto máximo durante los últimos años de la adolescencia y comienzos de los 20. Algunas veces mejoran por sí solos cuando la persona llega a los 40 años.

Complicaciones

Entre las complicaciones se pueden mencionar encarcelamiento, drogadicción, violencia y suicidio.

Solicite una cita con un profesional en salud mental si:
  • Tiene síntomas del trastorno de personalidad antisocial
  • Su hijo muestra comportamientos de este trastorno