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Cayo Julio César Augusto Germánico, o “Gaius Julius Caesar Augustus Germanicus”. Nació el 31 de agosto del año 12 d.C. Caligula, el tercer emperador romano del
Imperium, es conocido por ser uno de los mas despiadados y locos emperadores,
por su excéntrica personalidad. Era un hombre alto, de
piel muy blanca, grueso aunque de piernas y cuello delgados, con abundante
bello corporal, ojos hundidos, frente ancha y abultada, poco pelo y calvicie en
la parte superior de la cabeza. Con un rostro y semblante soberbio y amenazador, que él mismo potenciaba
ensayando gestos frente al espejo, Calígula inspiraba temor a donde quiera que
fuese. Sabía que lo odiaban, pero admitía con actitud maquiavélica: “Que me
odian, con tal de que me teman”.
Calígula fue un
psicópata y antisocial, un megalómano, paranoico, envidioso patológico,
depravado sexual (incestuoso, enormemente promiscuo, bisexual, sádico,
exhibicionista), hábil manipulador, ladrón y farsante. Se cree que en su
juventud sufrió de epilepsia, y se sabe que padecía de insomnio y casi nunca
dormía más de tres horas.
La ciencia moderna
plantea que, además de algunas experiencias de vida, comportamientos aprendidos
y una cierta predisposición genética al mal, el alcohol de aquellos días, que
él bebía con una desmesura que hasta para el bebedor promedio de aquel entonces
era demasiado, tenía una cantidad tal de plomo que resultaba tóxica para el
cerebro humano, causando, en casos extremos como el de Calígula, un deterioro
en los lóbulos frontales, volviendo así más impulsiva y violenta a la persona.
Sin embargo el plomo no explicaba todo en Calígula, ya que éste conservó
siempre una gran capacidad de planificación, lo cual no habría sucedido si el
plomo fuese lo único detrás de su transformación en monstruo, algunos meses
después de que tomara el poder. En otras palabras, Calígula había nacido con
tendencias psicópatas, pero ciertas experiencias primeramente, y más adelante
el plomo, llevaron su oscuridad innata hasta esa cima de locura y maldad que lo
inmortalizó como uno de los más terribles emperadores romanos.
Ya con siete años,
Calígula acompañó a su padre en un viaje a Siria, donde éste moriría, un 10 de
octubre del año 19, envenenado por un agente del emperador Tiberio, quien lo
veía como un peligroso adversario político, al menos según el historiador
Suetonio. Así, al perder a su padre, Calígula empezó a proyectar gran parte de
sus necesidades afectivas sobre Incitatus, un caballo al cual endiosaría al
llegar a asumir el poder del Imperio Romano. Por otro lado los análisis
psicológicos, en base a las evidencias históricas, dicen que, ya que durante su
niñez Calígula no tuvo una buena guía moral en su padre y casi todos los
adultos lo trataban como alguien a quien tenían que servir y cuyos caprichos
debían satisfacer, Calígula se volvió consentido, inmaduro, egocéntrico y
narcisista. Pero además la muerte de su padre significó algo terrible en sí
mismo para su desarrollo psicológico: lo vio morir joven, pese a que era grande
y poderoso, de modo que, en cierta forma y a partir de un sentimiento de
identificación con su padre, creyó (aunque fuese inconscientemente) que tendría
el mismo destino, y esto detonó en él una actitud nihilista y fatalista.
Ahora, y puesto que no
podía ya seguir con su padre pues éste no vivía más, Calígula tuvo que ir a
vivir a Roma con su madre y permaneció allí hasta que se deterioraron las
relaciones de su progenitora con el emperador Tiberio, quien no quería que ésta
se casara porque, en su paranoia, temía que el esposo se convirtiera en enemigo
político, así que en el año 29, bajo falsos cargos de traición, la exilió a
ella y a Nerón César, y Calígula pasó a vivir con Livia, bisabuela suya y madre
del emperador Tiberio.
Cuando la vieja Livia
murió, Calígula pasó a vivir con su abuela Antonia, junto con sus hermanas
Agripina la Menor, Drusila y Lívila. Según se sabe, Calígula mantuvo relaciones
incestuosas con sus tres hermanas, aunque su favorita, y de la cual realmente
se enamoró, fue Drusila, a la cual tomó cuando ésta todavía era virgen. Lejos
de ser algo esporádico, esas relaciones incestuosas eran tan frecuentes que una
vez Antonia encontró a Calígula y Drusila haciendo el amor. Paralelamente, en
el año 30 Druso César fue encarcelado, y Nerón César, hermano de Calígula,
murió un año después en el exilio.
Si a nivel de
experiencias algo fue tremendamente decisivo en la conversión de Calígula en un
monstruo, eso fue el hecho de ser llamado a Capri por Tiberio (Su gran maestro
de la depreavacion), cuando tenía 19 años, en el año 31. Allí, en la isla de
Capri, por seis años Calígula tuvo que esconder el resentimiento que tenía
hacia Tiberio a fin de sobrevivir. “Nunca hubo aquí un mejor sirviente o un
peor maestro”, dijo un testigo sobre Calígula y Tiberio, ya que en esos seis
años Calígula presenció todas las crueldades y depravaciones que Tiberio
cometía, pues el “viejo granuja” hizo cosas como: empujar cotidianamente a
personas del acantilado, principalmente criminales, pero a veces también
mujeres y niños inocentes; realizar orgías con niños, niñas, mujeres, hombres y
adolescentes; ordenar y presenciar torturas; cometer violaciones; nadar desnudo
en una piscina, junto a niños vestidos de peces que le hacían felaciones bajo
el agua. Según el análisis de los
expertos, Calígula, siendo una versión temprana del Síndrome de Estocolmo,
terminó queriendo ser como Tiberio, y aprendió de él una filosofía hedonista y
amoral en que la finalidad de la existencia era el placer, en que la vida de
los demás no valía nada, y en que la violencia y el placer podían combinarse perfectamente
bajo el más cruel y depravado sadismo. Si bien en esos años con Tiberio también
Calígula se entregó a cosas como las artes escénicas, la danza, el mimo y otras
actividades consideradas inconvenientes para los nobles pero buenas en sí
mismas, también aprendió a disfrutar de las orgías y el desenfreno, y hasta se
hizo el hábito de asistir disfrazado (con peluca y manto para que no lo
reconozcan) a torturas y ejecuciones. “Cayo vive para su propia perdición y
para la de todos”, había dicho Tiberio sobre Calígula, no sospechando de que el
joven, aparentemente inofensivo, acabaría asesinándolo tiempo después.
En el año 35, Calígula
y Tiberio Gemelo fueron nombrados como herederos del trono. Calígula asesinó a
Tiberio, lógicamente sin que nadie se percatara. En todo caso y con el
importante respaldo pretoriano de Macrón, Calígula fue nombrado emperador. Calígula
entró en Roma, vestido de luto, con un aspecto que transmitía fragilidad,
bondad y falso pesar por la muerte del malvado Tiberio. Cientos de teas
brillaban, hombres, mujeres, ancianos y niños estaban en las calles para
recibir con entusiasmo al hijo del insigne Germánico.
Durante los primeros
siete meses del reinado de Calígula, hubo una felicidad general que no se había
experimentado durante mucho tiempo en el Imperio Romano. Se mostró inicialmente
como un ser piadoso, generoso y bienintencionado: puso las cenizas de Tiberio
en el Mausoleo de Augusto, pese a que muchos lo odiaban y querían que sus
despreciables despojos fuesen lanzados al Tíber decretó una amnistía para
exiliados y condenados, desterró a los delincuentes sexuales, rehabilitó a su
tío Claudio en la vida política, adoptó como sucesor a Tiberio Gemelo y lo nombró
Príncipe de la Juventud, hizo rendir honores a su difunta abuela Antonia, viajó
a las islas de Pandataria y Pontia para recuperar los restos de su madre y de
su hermano; concedió al pueblo el derecho a votar por magistrados, aumentó las
obras de teatro y los combates de gladiadores, a fin de entretener a las masas, donó a cada ciudadano romano trescientos denarios, repartió alimentos y
regalos, dio generosas compensaciones económicas a la Guardia Pretoriana y a
las tropas urbanas y fronterizas, realizó abundantes banquetes a los cuales
invitó a senadores y caballeros, etcétera.
Calígula no tenía en
mente convertirse en el monstruo que fue de la noche a la mañana. En octubre
del año 37 sufrió una enfermedad con crisis epiléptica. Se
cree que el plomo, presente en el vino que tomaba con sorprendente desmesura,
le causó una intoxicación que le produjo daños cerebrales irreversibles que
posteriormente se manifestaron en trastornos de psicológicos, como la paranoia
y la extrema crueldad, algo que realmente lo trastornó y sobre la naturaleza de
esa enfermedad se han esbozado algunas teorías, pero los planteamientos más
confiables indican que sintomáticamente presentó epilepsia, y que a nivel de
causas el plomo pudo haber desatado la crisis, ya que Calígula empezó a beber
demasiado cuando ascendió al poder, pero si el plomo estuvo en el origen de su
locura, parecería claro que dicho metal se fue acumulando en su cerebro, hasta
que cierto día, abruptamente, se desató una crisis epiléptica, que conllevó
daños cerebrales irreparables que posteriormente se manifestaron como profundos
trastornos conductuales.
Calígula ejecutó y
torturó senadores en base a meras sospechas o por pura ambición, y prostituyó a
las hijas, esposas y hermanas de los senadores. Cualquier cosa bastaba para ser
acusado por delitos de lesa majestad, y así muchos senadores fueron marcados
con fuego, enviados a trabajar a minas o a reparar carreteras, encerrados en
jaulas (en cuatro patas, para humillarlos más), lanzados a los feroces leones,
abiertos en canal con sierras o, si tenían suerte, simplemente enviados a
correr detrás de su carroza, u obligados a permanecer de pie mientras él comía
deliciosos manjares y se reía viéndolos sufrir hambre y sed.
Una especie de signo
viviente de la locura de Calígula fue su caballo Incitatus, al cual lo hizo
nombrar sacerdote y cónsul de Bitania (territorio al norte de Turquía), además
de que le mandó a construir una enorme caballeriza de mármol con pesebres de
marfil, una estatua de mármol, y una villa con 16 jardines y 18 sirvientes. Comía
copos de avena mezclados con suaves y delgadísimas escamas de oro, tomaba el
mejor vino en copas de oro, devoraba ratones, calamares, mejillones y pollo;
vestía púrpuras de la mejor calidad y usaba collares con piedras preciosas; no
copulaba con yeguas, sino con una bella mujer llamada Penélope, que pertenecía
a la alta sociedad y había sido elegida por Calígula como esposa de su amado
caballo.
En el año 40, Calígula mostró un narcisismo colosal, se autodivinizó:
se autoproclamó un dios-sol; aparecía vestido como Hércules, Venus, Mercurio y
Apolo; firmaba documentos públicos con el nombre de Júpiter, se erigió dos
templos en Roma y otro en la provincia asiática de Mileto, usó el Templo de
Cástor y Pólux como pórtico para su propio palacio imperial, destruyó las estatuas
de hombres ilustres que Augusto había colocado en el Campo de Marte, desenterró
al gran Alejandro Magno para quitarle la coraza y usarla regularmente; prohibió
toda estatua que no fuera la suya, decapitó estatuas de dioses importantes y
les reemplazó las cabezas con su cabeza.
Una lista de
atrocidades y locuras:
- Comía o fornicaba mientras se realizaban ejecuciones o torturas.
- Bebía perlas disueltas en vinagre y ofrecía, en los banquetes, comida mezclada con oro.
- En los banquetes, solía levantarles el vestido a las esposas de los invitados, y cuando le gustaba mucho alguna, se la llevaba a un cuarto, tenía sexo con ella (lo quisiera o no la mujer) y después regresaba a la mesa y criticaba o elogiaba sexualmente a la dama abusada, contando todos los pormenores. También, cuando estaba con las esposas de sus invitados, solía deleitarse de la sumisión que le mostraban por temor, y besándoles o lamiéndoles el cuello les decía mientras las tomaba del cabello: “Una cabeza tan bella sería arrancada en cuanto yo lo ordenara”.
- A su última esposa, la paseaba desnuda en caballo, con escudo y espada, frente a los soldados.
- Algunas veces, tomó a las esposas de distinguidos miembros de la alta sociedad, gozándolas antes de que el marido lo hiciera.
- Abusó de hombres además de mujeres: por ejemplo, a Valerio Catulo le lastimó las costillas en una salvaje violación.
- Cuando inauguró el puente de Puzzoles, invitó a los que estaban en la orilla a reunirse con él, y después mandó a tirarlos al agua, haciéndoles dar golpes de remo a los que sobrevivían.
- Hico castrar al gladiador Longino como castigo por tener un pene más grande que el suyo
- A veces, en vez de gladiadores, elegía padres de familia viejos o con deformidades, y los mandaba a combatir contra las fieras.
- Hizo cerrar graneros públicos para que el pueblo tenga hambre.
- Hacía quitar los toldos del Anfiteatro de Tauro para que a los espectadores les diera insolación.
- Alimentó a las fieras con criminales vivos para ahorrar dinero y divertirse.
- Por varios días, hizo azotar con cadenas a un encargado de los juegos y cacerías del circo, hasta que lo hizo ejecutar porque no soportaba el hedor de su cerebro podrido, puesto que el pobre hombre seguía vivo con el cerebro expuesto y parcialmente descompuesto.
- Cuando mandaba a ejecutar, pedía al verdugo que hiciese sentir la muerte al ejecutado: “Hiérelo de tal modo que él sienta morir”, dijo en cierta ocasión a un verdugo.
Calígula, después de la
muerte de Drusila, su hermana y su mujer, advierte que el mundo no es
satisfactorio. Desde entonces, obsesionado con lo imposible y envenenado por el
desprecio y el horror, trata a través del asesinato y la perversión sistemática
de todos los valores, de ejercer la libertad, una libertad que finalmente
descubrirá equivocada “la verdadera libertad consiste en no
tenerla”. Desafía a la amistad y
el amor, la solidaridad del hombre común, lo bueno y lo malo. Compromete a quienes
lo rodean y les exige que sean lógicos, nivela todo lo que está a su alrededor
por la fuerza de su desprecio y furia destructiva a las que lo conduce su
pasión por la vida.
wtf
ResponderEliminarCaligula sos un loquillo
ResponderEliminarbuena información
ResponderEliminarExcelente información. Gracias
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