La
educación es un reto apasionante para padres, madres, profesionales y lectores,
los cuales podrán saborear en los apartados siguientes pequeños entresijos de
la gran aventura que es educar.
¿Cómo
podemos mejorarla?
Cada
caso es un mundo, y cada casa también. Existen infinidad de estrategias para
llevar a cabo una mejor educación y su eficacia dependerá de cada familia. Sin
embargo, aquí le doy dos claves fundamentales para comenzar a educar sin
gritar:
- Empatía: La empatía es esencial en las relaciones interpersonales, y qué mejor momento para desarrollarla que en la infancia. En esta edad, los niños son como esponjas con capacidad de absorber tanto lo bueno como lo malo. Basar nuestra crianza en valores éticos y morales les permitirá desarrollarse bajo un estado emocionalmente estable. Los padres son quienes mejor conocen a sus hijos, y también quienes más les quieren. Sería impensable para un padre o madre permitir que su hijo fuese humillado, insultado, amenazado, etc. por otra persona. ¿No es eso exactamente lo que siente cuándo algún familiar le golpea o le grita? Los niños tienen derecho a ser educados sin violencia y ese es también el deber de un padre. Será sencillo trabajar la empatía siempre que seamos capaces de proporcionar un entorno con facilidad para la comunicación, el entendimiento y el apoyo.
- La inteligencia emocional: aquellas personas que han sido educadas en hogares donde la comunicación y expresión de emociones se realizaba de forma saludable, presentan mejores actitudes personales y laborales. Los colegios e institutos están comenzando ya a desarrollar técnicas para trabajar esta habilidad, ¿por qué no hacerlo también desde casa? Es imprescindible que un hogar esté habilitado para la expresión de emociones y sentimientos, ya que está es la única forma de que los más pequeños sean capaces de reconocerlas y afrontarlas y que aprendan a regular sus propias emociones, tarea imprescindible en contextos que tendrá que hacer frente en el futuro. Una conversación fluida, libre y basada en la igualdad entre los habitantes de una casa tiene como consecuencia un mayor crecimiento personal.
Consecuencias
de gritar a los niños
El
constante empleo del grito puede conllevar al deterioro de la autoestima del
niño. No se sentirá valorado o querido por sus padres o, por el contrario,
puede convertirse en un rebelde, desafiando la autoridad constantemente. Al ser
los padres ejemplo para los hijos, una conducta agresiva será adoptada por el
pequeño y se acostumbrará a gritar y tener dichos comportamientos violentos.
Luego las empleará con los amigos, conocidos o incluso contra los padres.
Los
gritos solo causarán estrés en el niño que no será beneficioso para su
desarrollo.
“si
habláramos a nuestros amigos como hablamos a nuestros hijos, ¿cuántos amigos
tendríamos?”
Qué
hacer para no utilizar gritos ni amenazas
Como
adultos, tenemos que aprender a controlar la ira y poner el freno cuando
perdemos el control y gritamos.
- Mantén la calma cuando se trata de dar una orden, pues tu niño escucha bien, por eso no debes alzar la voz ni mucho menos gritar. Habla tranquilamente con tu hijo.
- Intenta generar respeto. Es probable que el niño obedezca cuando le levantas la voz o gritas. Sin embargo, esto desparece cuando llega la adolescencia porque desaparece el miedo y, entonces, se pierde el respeto. Por ello, es necesario que tu pequeño sepa que eres una autoridad y debe obedecer cuando le ordenes algo tranquilamente.
- Habla de manera positiva. En vez de decirle: "no te voy a dejar hacer esto", debes hablar positivo: "eres un buen niño y sé que no te gustaría estar haciendo lo que haces". Cambia el contexto de tus palabras.
- Da una explicación válida. Muchos padres cometen el error de decirles a sus hijos: aquí mando yo. Esto no es un argumento, por lo cual es importante dar una buena razón clara y precisa para que tu hijo comprenda y repare lo que está haciendo.
- Ponte en el lugar de tu hijo. No te olvides que los niños son niños adultos. Hay que intentar ver las cosas desde el punto de vista del pequeño.
Extras: En
tu casa hay reglas
La
comunicación es indispensable. Hazle saber a tu hijo que en casa se cumplen
reglas y si no lo hace, el castigo aparecerá. La alianza y unión entre la
pareja es fundamental.
Elogia
a tu hijo
Reconoce
cuando actúa bien y corrige con diálogo lo que necesita reforzar. Será menos
cansado que pegar cuatro gritos. Canaliza su frustración, ira y rabia con otra
actividad. Por ejemplo: salir a jugar al patio, ir por un helado, ayudarte en
la cocina con su receta favorita.
Nota:
Refuerza de forma positiva aquellas acciones que sean satisfactorias. En muchas
familias solo las conductas negativas son señaladas con castigos. Si no se
premian a los niños bajo situaciones positivas, creerán que el único modo de
tener la atención de sus padres es mediante la realización de un comportamiento
negativo. El refuerzo positivo aumenta la autoestima, el auto concepto y las
ganas de mejorar, al contrario de los castigos que pueden minar el estado de
ánimo de un niño si se dan con demasiada regularidad. Los premios deben
ajustarse a la edad y se recomienda que no sean materiales.
Claves
de una comunicación positiva con nuestros hijos
- Mensajes claros y breves.
- Dirigir las críticas al comportamiento, expresando confianza y amor incondicional hacia la persona.
- Sustituir los reproches o los juicios demoledores.
- Enfocarse juntos en soluciones a los conflictos.
Límites
del derecho de corrección
El
derecho a educar con disciplina a los hijos, sin embargo, tiene sus límites. El
uso de la violencia nunca puede tener fines educativos. Hay que respetar la
integridad física y psíquica de los menores de edad, así como el desarrollo de
su personalidad y su dignidad.
La
salud no puede quedar comprometida y el castigo corporal no entra dentro de las
facultades de un derecho de corrección. Hay
que respetar la integridad física y psíquica de los hijos menores de edad, así
como el desarrollo de su personalidad y su dignidad
Nota: Los tribunales
han negado a los padres la facultad de corregir a sus hijos con actos físicos.
Aunque hay matices, estos no cambian el hecho de que los padres no están nunca
autorizados a utilizar el castigo corporal. Pero
si hay que educar, hay que disciplinar y corregir. Y si la acción es
insignificante, el Derecho Penal no intervendría, por aplicación del principio
de intervención mínima. Queda permitido un azote como conducta correctiva
física de muy leve intensidad, sin lesión alguna y sin utilizar ningún tipo de
instrumento. Pero, para los Tribunales, un golpe con algún objeto, si causa
lesiones, no puede considerarse insignificante.
¿Verdad
que nadie se siente mejor consigo mismo después de levantar la voz? cuando se
grita, normalmente nos sentimos más tensionados y enfadados. “le estoy
enseñando a mi hijo que para las cosas importantes tiene que gritar y que no
podemos comunicarnos de otra forma que no sea desde la falta de respeto. No
solo somos su ejemplo, somos su faro y su guía”. Comunicarnos en su mismo
plano, fomentar que tomen decisiones y sean responsables, dar pocas órdenes,
claras, cara a cara y con voz bajita, tratar de relajarnos cuando nos vemos
tensos y recordar que somos los adultos y no podemos culpar a nuestros hijos de
que gritemos son algunas claves. La disciplina es, en sentido más positivo, un
requisito inolvidable para asegurar un crecimiento equilibrado para un niño
sano y preparado.
“si
logramos gritar menos nos sentiremos mejor y podremos disfrutar más de nuestra
familia y de nuestros hijos. Para eso los tuvimos, para crecer a su lado y ser
felices juntos”
Otro
motivo importantísimo para intentar educar sin gritar: nuestra propia
tranquilidad, nuestra felicidad y nuestro bienestar.
En
resumen, debemos basar nuestra técnica educativa en un modelo democrático, libre
de antiguas técnicas basadas en el miedo y en la ciega autoridad. No debemos
ser tampoco permisivos, es decir, debemos encontrar un equilibrio en el cual
seamos representados como padres con capacidad disciplinaria a través de
técnicas de escucha, diálogo y apoyo. La educación es un reto apasionante lleno
de dudas y, aunque los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el
brazo, nadie nos juzgará si echamos una ojeada a libros o artículos como este.
Todos
estos consejos antes mencionados no quieren decir que haya que ser permisivo,
que sería lo contrario a autoritario. Lo mejor es mantener un estilo
democrático.
“la
base y el truco siempre está en tratar a los hijos como nos gusta ser tratados
por cualquier persona”
¿Cuál
va a ser la primera técnica que emplees para mejorar el clima de tu hogar y el
futuro de tu hijo?
Fuente: Compilador
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