No hay necesidad tan fuerte en la infancia como la protección de un padre
El papel del padre y de
la madre es clave en un niño o niña. Son dos figuras que le acompañarán toda su
vida y que puede acabar de darnos algunas peculiaridades que, sin duda alguna,
acabarán marcando una diferencia importante. Una novedad clave en el momento en
el que empezamos a generar algunos elementos que acabarán siendo esenciales.
En la infancia no hay
necesidad tan fuerte como la protección de un padre, una frase que Sigmund
Freud pronunció como psicoanalista y tiene su razón de ser. Sin duda alguna,
estaremos ante una serie de cambios que pueden convertirse en la antesala de
algo más. La mente de cada persona puede acabar siendo una puerta de entrada de
una serie de comportamientos o de actitudes que son difíciles de cambiar y
tienen, mucho, que ver con el entorno en el que se cría.
La influencia del padre y
de la madre es clave para tener una infancia feliz y repleta de salud o de
buenas sensaciones. Hay veces que las circunstancias son las que son, pero
siempre desde el punto de vista de una serie de detalles que, pueden acabar
generando más de una sorpresa. En estos días en los que cada elemento de los
que nos rodean puede acabar marcando una diferencia importante. Un giro radical
en la manera de hacer crecer una serie de peculiaridades que, sin duda alguna,
acabarán siendo esenciales. Sigmund Freud pone en dedo en la llaga ante una
necesidad que puede ser más fuerte de lo esperado.
No hay necesidad tan
fuerte en la infancia como la protección de un padre
El papel del padre y de
la madre es clave en un niño o niña. Son dos figuras que le acompañarán toda su
vida y que puede acabar de darnos algunas peculiaridades que, sin duda alguna,
acabarán marcando una diferencia importante. Una novedad clave en el momento en
el que empezamos a generar algunos elementos que acabarán siendo esenciales.
Este tipo de detalles que
pueden acabar siendo los que nos afectarán en unas jornadas en las que cada
elemento puede acabar generando más de una sorpresa inesperada. Estos días en
los que necesitamos descubrir la esencia de unos vínculos que son imposibles de
romper.
El padre tiene una misión
importante que debemos respetar y que, sin duda alguna, podremos empezar a
descubrir en breve. Un cambio de tendencia que podría acabar siendo el que nos
dará alguna que otra alegría en estos días que hasta la fecha nadie hubiera
imaginado.
El padre del
psicoanálisis sabe muy bien qué se esconde detrás de un padre que es
determinante que aporte una serie de cualidades para un elemento esencial en
una infancia que debe ser lo más feliz posible.
El psicoanalista Sigmund
Freud explica la importancia de esta figura
«Desde el psicoanálisis
freudiano, el padre es la figura que introduce la Ley (ley que ordena),
separando simbólicamente al niño de la fusión con la madre y permitiéndole la
entrada al orden social y cultural. Freud lo conceptualizó a través del
Complejo de Edipo, donde el padre representa la autoridad y la norma,
estableciendo límites y estructurando el psiquismo del niño. Por su parte,
Jacques Lacan profundiza en la noción del Nombre-del-Padre, refiriéndose a la
función simbólica del padre en la estructura del lenguaje y la subjetividad.
Según Lacan, un padre que cumple su función es aquel que introduce la metáfora
paterna, es decir, que permite la separación o diferenciación del niño respecto
a la madre y lo inscribe en la dimensión simbólica del deseo y la ley. Un
déficit en la función paterna, ya sea por ausencia física o emocional, puede
derivar en estructuras psíquicas frágiles, dificultades en la regulación del
deseo y problemas en la construcción de la identidad».
Un elemento que cobra un
papel clave y se enlaza con las frases célebres que este experto no duda en
poner sobre la mesa. Es hora de apostar claramente por un cambio de tendencia
que puede ser esencial en estos días en los que realmente cada detalle cuenta.
Sería muy simpático que
existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente
providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura;
pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que
nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.
No, nuestra ciencia no es
una ilusión. Pero sería una ilusión suponer que lo que la ciencia no nos puede
dar lo que podemos conseguir en cualquier otra parte.
En mayor o menor grado,
el contenido de los sueños queda siempre determinado por la personalidad
individual, por la edad, el sexo, la posición, el grado de cultura y el género
de vida habitual del sujeto, y por los sucesos y enseñanzas de su pasado
individual.
Bien ordenadas y en
sucesión lógica, se ayudan unas palabras a otras, y la totalidad plena de
sentido es fácilmente recordada durante largo tiempo. Lo desprovisto de sentido
nos es tan difícil de retener como lo confuso o desordenado.
El que tiene ojos para
ver y oídos para escuchar puede convencerse a sí mismo que ningún mortal puede
mantener un secreto. Si sus labios son silenciosos, parlotean con sus dedos; la
traición rezuma de ellos a través de todos sus poros.
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