martes, 9 de enero de 2024

Trauma No Superado

Cómo reconocer los síntomas de un trauma no superado.

¿Alguna vez has sentido que hay algo que te impide avanzar en la vida? ¿Has tenido una experiencia que te ha dejado marcado emocionalmente y que no has sido capaz de superar por ti mismo? Puede ser que estés sufriendo las consecuencias de un trauma no superado.

Los traumas son experiencias impactantes que pueden tener consecuencias significativas en la vida de una persona. Un trauma puede definirse como cualquier suceso que amenaza la integridad física o emocional de un individuo y que lo hace sentir indefenso, desamparado o en peligro. Algunos ejemplos de traumas pueden incluir: accidentes, desastres naturales, agresiones sexuales, violencia doméstica, abusos infantiles. Incluso eventos más pequeños, como la intimidación o el rechazo en la infancia, pueden tener un impacto significativo en nuestro bienestar emocional a largo plazo.

Es importante señalar que cada persona reacciona de manera diferente ante un trauma y que no todas las personas experimentan las mismas secuelas. Sin embargo, cuando un trauma no se aborda adecuadamente, puede generar síntomas físicos y emocionales que pueden perdurar en el tiempo y afectar negativamente la calidad de vida de una persona.

En este artículo, nos enfocaremos en las características de un trauma no superado. Reconocer y abordar estas características es fundamental para poder iniciar un proceso de recuperación y sanación.

¿Qué es un trauma?

El trauma se refiere a una experiencia emocionalmente abrumadora o impactante que desafía nuestra capacidad para procesarla y recuperarnos de ella. Puede ser el resultado de eventos únicos y catastróficos, como un accidente automovilístico, un desastre natural o un acto de violencia, o puede ser el resultado de una serie de experiencias más pequeñas pero igualmente dañinas, como la negligencia emocional o la exposición a diferentes tipos de violencias.

La respuesta al trauma varía de persona a persona, y no todas las personas que experimentan eventos traumáticos desarrollarán síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT) o tendrán dificultades para recuperarse. Sin embargo, cuando el trauma no se procesa adecuadamente, puede tener un impacto duradero en nuestra vida y en nuestro bienestar emocional y psicológico.

Recordemos que cada persona experimenta el trauma de manera diferente, y lo que puede ser traumático para una persona puede no serlo para otra. Además, la definición de trauma puede variar según el contexto cultural y social. Por ejemplo, lo que puede considerarse un trauma en una cultura puede no serlo en otra.

Tipos de traumas

El trauma no es una experiencia única sino que existen diferentes tipos de traumas. Algunos de los tipos de trauma más comunes incluyen:

  • Trauma agudo: Este tipo de trauma ocurre como resultado de un evento único y catastrófico, como un accidente automovilístico, un desastre natural o un acto de violencia. Puede desencadenar una respuesta emocional inmediata, como miedo intenso, shock o negación.
  • Trauma complejo: Este tipo de trauma se refiere a la exposición a experiencias traumáticas repetidas o prolongadas, como abuso emocional o físico, negligencia o violencia. Puede tener un impacto duradero en la capacidad de la persona para regular sus emociones y relaciones interpersonales.
  • Trauma intergeneracional: Este tipo de trauma se transmite de una generación a otra a través de patrones de comportamiento, creencias y valores familiares. Puede ser el resultado de eventos traumáticos en el pasado de la familia, como la guerra o el abuso, y puede manifestarse en dificultades emocionales y relacionales en la generación actual.
  • Trauma vicario: Este tipo de trauma se refiere a la exposición indirecta a la experiencia traumática de otra persona, como los testigos de accidentes o de violencia ejercida contra otros. Puede desencadenar síntomas similares a los del trauma directo, como ansiedad, depresión y estrés postraumático.

Características de un trauma no superado

Un trauma no superado puede afectar a una persona de muchas maneras diferentes, dependiendo del tipo de trauma que haya experimentado. Sin embargo, hay algunas características comunes que pueden indicar que alguien está lidiando con un trauma no superado.

Síntomas físicos y emocionales

Los traumas no superados pueden manifestarse en una amplia variedad de síntomas físicos y emocionales.

  1. Ansiedad: La ansiedad es una respuesta natural al estrés, pero las personas con traumas no superados pueden experimentar una ansiedad constante o excesiva que interfiere en su vida diaria.
  2. Depresión: La depresión es otro síntoma común de un trauma no superado. Las personas pueden sentirse tristes, sin esperanza o sin interés en las actividades que antes disfrutaban.
  3. Dolores físicos: Los traumas también pueden manifestarse en forma de dolores físicos inexplicables, como dolores de cabeza, dolor de espalda o dolores de estómago.
  4. Hipervigilancia: Las personas pueden sentirse constantemente en alerta y tener dificultades para relajarse.
  5. Reexperimentación: Las personas pueden tener flashbacks, pesadillas o recuerdos intrusivos del trauma.

Problemas de sueño y alimentación

Cuando una persona ha experimentado un trauma y este no ha sido superado, es común que sufra problemas de sueño y alimentación. El insomnio, el sueño interrumpido o demasiado ligero y las pesadillas son algunos de los trastornos del sueño que pueden aparecer. Además, las personas que han sufrido traumas también pueden experimentar cambios en sus patrones de alimentación, como la pérdida de apetito o el aumento en el consumo de alimentos poco saludables.

Estos síntomas se deben a que los traumas pueden afectar a la regulación del sistema nervioso autónomo, lo que a su vez afecta la producción de hormonas y neurotransmisores relacionados con el sueño y la alimentación. El estrés crónico también puede afectar la producción de hormonas del sueño, como la melatonina, y puede aumentar la producción de cortisol, una hormona del estrés que afecta la regulación del apetito.

Dificultades en las relaciones interpersonales

Otra característica común de un trauma no superado son las dificultades en las relaciones interpersonales. Después de un trauma, la confianza y la capacidad de establecer vínculos pueden verse seriamente afectadas. Puede ser difícil confiar en los demás y puede haber una tendencia a aislarse socialmente.

Además, el individuo puede tener dificultades para establecer límites saludables en sus relaciones, ya sea permitiendo que otros los crucen o estableciéndolos de manera demasiado rígida. También pueden tener dificultades para expresar sus sentimientos y necesidades, lo que puede llevar a conflictos y malentendidos.

Por otro lado, algunas personas pueden experimentar una necesidad excesiva de control en sus relaciones interpersonales. Esto puede ser una forma de protegerse del dolor emocional o de la posibilidad de sufrir otro trauma, pero puede resultar en relaciones poco saludables y poco satisfactorias.

Sentimientos de culpa y vergüenza

Los traumas no superados también pueden provocar sentimientos intensos de culpa y vergüenza. Las personas que han experimentado un trauma pueden sentirse culpables por lo que sucedió, incluso si no tuvieron control sobre la situación. También pueden experimentar vergüenza por no haber podido evitar el trauma o por las consecuencias que ha tenido en su vida.

Estos sentimientos pueden ser especialmente intensos si el trauma involucró algún tipo de abuso o violencia. Las personas pueden sentir que de alguna manera fueron responsables de lo que sucedió, incluso si esto no es cierto. La vergüenza puede llevar a las personas a sentirse aisladas y desconectadas de los demás, lo que puede empeorar los síntomas del trauma.

Es importante recordar que la culpa y la vergüenza no son necesarias ni útiles para la recuperación del trauma. Es importante trabajar para superar estos sentimientos y comprender que el trauma no fue culpa de la persona afectada.

Evitación y aislamiento social

La evitación y el aislamiento social son dos de las características más comunes en las personas que sufren de traumas no superados. Es común que estas personas eviten ciertas situaciones, personas o lugares que puedan desencadenar recuerdos dolorosos del trauma.

Además, el aislamiento social también es común en aquellos que han sufrido traumas no superados. Pueden sentir que nadie puede entender lo que han pasado y se sienten solos en su sufrimiento. También pueden tener dificultades para confiar en los demás y temer ser rechazados o juzgados.

Es importante señalar que el aislamiento social puede empeorar los síntomas del trauma y hacer más difícil su recuperación. A menudo, las personas que han sufrido traumas no superados necesitan apoyo y ayuda para superar el aislamiento y volver a conectarse con los demás.

Problemas en el desempeño laboral o académico

Cuando una persona ha experimentado un trauma no resuelto, puede resultarle difícil concentrarse y desempeñarse de manera efectiva en el trabajo o en los estudios. La intrusión de pensamientos y recuerdos traumáticos puede afectar la capacidad de la persona para procesar información y tomar decisiones. Además, la fatiga y el agotamiento emocional pueden hacer que la persona pierda interés en sus actividades y disminuya su rendimiento en el trabajo o en la escuela.

En algunos casos, las personas pueden sentirse tan abrumadas por los síntomas de su trauma no resuelto que se ven obligadas a abandonar sus estudios o su trabajo. Esto puede aumentar la sensación de aislamiento y la dificultad para recuperar la confianza en sí mismos. Además, la pérdida económica y la incertidumbre sobre el futuro pueden generar aún más estrés y ansiedad.

Comportamientos adictivos

Cuando una persona experimenta un trauma no resuelto, también puede recurrir a comportamientos adictivos para lidiar con su dolor emocional. Los comportamientos adictivos pueden incluir el consumo de drogas, el alcoholismo, la adicción al juego, el sexo, el trabajo, la comida, el ejercicio, entre otros.

A menudo, las personas que experimentan traumas no resueltos usan estos comportamientos adictivos como una forma de escapar de sus emociones abrumadoras y dolorosas. Sin embargo, estos comportamientos pueden ser contraproducentes y aumentar el dolor emocional a largo plazo.

La adicción también puede afectar la vida de la persona de muchas maneras. Puede afectar su salud física y mental, sus relaciones interpersonales, su capacidad para mantener un trabajo o tener éxito académico, y su capacidad para cumplir con sus responsabilidades diarias.

Tratamientos psicológicos eficaces para el trauma

Existen diferentes enfoques terapéuticos que han demostrado ser efectivos para tratar traumas no superados. A continuación, se describen algunos de los más comunes:

  1. Terapia cognitivo-conductual (TCC): Esta terapia se enfoca en identificar y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento disfuncionales que están contribuyendo al trauma no superado. La TCC puede incluir técnicas como la exposición prolongada, que ayuda al paciente a confrontar sus temores y recuerdos traumáticos de manera controlada y segura.
  2. Terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR): Esta terapia utiliza movimientos oculares y otras formas de estimulación sensorial para ayudar a los pacientes a procesar y superar los recuerdos traumáticos. A menudo se combina con la TCC para obtener mejores resultados.
  3. Terapia de aceptación y compromiso (ACT): La ACT se enfoca en ayudar al paciente a aceptar sus experiencias traumáticas sin juicio y a comprometerse con los valores y objetivos importantes de su vida. Esta terapia se enfoca en la aceptación y el cambio de comportamientos en lugar de tratar de controlar los pensamientos y emociones del paciente.
  4. Terapia psicodinámica: Esta terapia se enfoca en identificar y explorar los patrones de pensamiento y comportamiento que se originan en la infancia y que están contribuyendo al trauma no superado. A menudo se utiliza para tratar traumas complejos o de larga duración.

Es importante señalar que cada persona es única y que no hay una única forma "correcta" de superar un trauma. Es posible que una combinación de enfoques terapéuticos sea necesaria para lograr el mejor resultado. Es importante buscar la ayuda de un profesional de la salud mental capacitado y de confianza para abordar y superar un trauma no superado.

En resumen, los traumas no superados pueden tener un impacto significativo en la vida de una persona, tanto a nivel emocional como físico, y pueden afectar su capacidad para relacionarse con los demás y llevar una vida plena. Es importante reconocer los síntomas de un trauma no superado y buscar ayuda profesional para abordar el problema

Los tratamientos psicológicos eficaces, como la terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición, pueden ayudar a las personas a superar los traumas y a recuperar el control de sus vidas. Además, la terapia online se ha convertido en una alternativa eficaz para aquellas personas que prefieren la comodidad y flexibilidad que ofrece este tipo de terapia.

Es fundamental que las personas comprendan que buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía y fortaleza. Tomar la decisión de abordar un trauma no superado puede ser el primer paso hacia una vida más plena y satisfactoria.

Reconocer y abordar los traumas no superados es esencial para la salud mental y emocional de una persona.

Si crees que estás lidiando con un trauma no superado, no dudes en buscar ayuda profesional y tomar medidas para superarlo.

Contáctame.


Psicoglobal

martes, 2 de enero de 2024

Prejuicios Comunes sobre la Depresión

La depresión se halla entre las tres enfermedades más importantes. Según la OMS, y en algunos casos, existe una ideación suicida significativa. Por tanto, la depresión es un trastorno psicológico muy importante que causa mucho dolor al paciente, así como desesperanza. 

Muchas veces aparece el convencimiento de que no se puede hacer nada, no se puede salir del trastorno, siempre estará igual o no hay salida; Ambas cuestiones provocan sufrimiento tanto al propio paciente como a su entorno más cercano y asimismo, acaba desarrollando sintomatología fisiológica que le genera un profundo malestar, con sensación de descontrol y efecto de túnel. 

Por eso hoy voy a derrumbar los mitos, prejuicios e ideas equivocadas más frecuentes alrededor de la depresión y de los millones de personas que lo padecen.

1# Sólo tienen depresión los adultos

En absoluto, la depresión no hace distinción de edades. Para ser más exacta, la consulta está cada vez más llena de adolescentes o de jóvenes de la llamada generación “no future”, que busca respuestas para su ausencia de expectativas. Sin embargo, la depresión adolescente es mal entendida.

2# La depresión es cosa de mujeres

No es así, lo que ocurre es que las mujeres acuden antes a terapia que los hombres que se protegen en el “yo no creo en los psicólogos”, “qué me va a decir un psicólogo que yo no sepa”, “yo ya tengo amigos” y algunas otras hermosas frases que, en más de una ocasión, ya hemos desmontado. Tenemos un problema fundamental y es el tipo de sociedad que hemos montado. Las mujeres pueden llorar y, en cambio, aunque las cosas están cambiando lentamente, “llorar no es de hombres” y es esta razón por lo que los síntomas de la depresión en los hombres se manifiestan más a través de la agresividad y la intolerancia.

3# Si tienes todo lo que quieres, no puedes tener depresión

¡Si todo fuera tan sencillo! La cuestión es que la depresión no depende de lo mucho o poco que tengas. De hecho, muchas depresiones son idiopáticas, es decir, sin causa conocida mientras que otras son debidas a la muerte de un ser querido, a una situación laboral o económica complicada, a una ruptura de pareja…

4# La depresión se supera con voluntad

Pues habrá que decírselo al cerebro porque la depresión no es una enfermedad volitiva sino de modificaciones de la química cerebral y las conexiones sinápticas, especialmente, en pacientes con depresión a largo plazo.

5# La depresión es cosa de débiles

Este es uno de los peores estigmas que afectan a la depresión y uno de los motivos por los que los pacientes guardan silencio y no expresan lo que sienten. Muchas veces, demasiadas, son catalogados de “querer llamar la atención”. Pero es absolutamente falso; nadie elegiría tener una depresión. Un trastorno psicológico muy complejo que afecta al paciente a nivel biológico, psicológico y social.

6# La depresión sólo es cuestión de carácter

No, la depresión es una condición médica de grave a muy grave, debida a deficiencias fisiológicas de neurotransmisores y hormonas, a nivel cerebral, que produce efectos a muchos niveles desde el estado de ánimo, las emociones, los pensamientos y la conducta, incluso, la apariencia física. Cuando alguien le dice a un paciente con depresión que “sólo tiene un problema de carácter”, le alejo de las posibles soluciones; ya sea en forma de tratamiento psicoterapéutico y/o psiquiátrico.

7# Si tienes familiares con depresión, tú también la tendrás

Hay un componente genético en la depresión, sin embargo, es leve. De los pacientes con algún familiar con depresión, sólo el 10-15% acabará teniendo también la enfermedad. La ventaja que presentan estos pacientes es una mayor comprensión de las señales de alerta y una mayor sensibilidad a los cambios en sus emociones, pensamientos y conductas.

8# Si pareces contento, es porque no tienes depresión

No todos los pacientes con depresión presentan los mismos síntomas; existe la llamada “depresión sonriente”. El paciente parece feliz, saludable ante su familia, amigos y compañeros de trabajo debido a que, precisamente, por todos los estigmas existentes que estoy narrando, hacen un esfuerzo muy grande en aparecer de esta manera, aunque no lo estén. De la misma manera, puede ser debido a que consideren que hay otra u otras personas que requieran de cuidados mayores que sí mismo.

9# La depresión no interfiere con las actividades de la vida cotidiana

Absolutamente falso; los pacientes se sientes bloqueados emocionalmente, no pueden avanzar, les cuesta dejar de tener pensamientos negativos, incapaces de trabajar o de hacer su vida normal, con crisis de ansiedad nocturna, llanto profuso, insomnio… Por todo ello, acude a un psicólogo que ayuda a salir de ese pozo. La psicología online también es útil en estas situaciones.

10# Si quieres no tener depresión: pensamiento positivo, ejercicio y dieta

Este es uno de los mayores estigmas actuales, creer que la manera de hacer que la depresión desaparezca es con los tres elementos mencionados. Obviamente pensar en positivo, hacer ejercicio regular y tener una dieta saludable, ayudan al paciente con depresión, pero no le van a curar. Respecto a los mensajes positivos, refuerzan los tratamientos antidepresivos. Uno de los mayores estigmas del paciente con depresión es que “no quieres poner nada de tu parte para curarte”. Hacen falta más mensajes positivos por parte de la sociedad y, sobre todo, de los medios de comunicación, así como una mayor motivación e información por parte de los profesionales.

11# Sólo los antidepresivos te sirven para curarte

Los antidepresivos son una opción en algunos tipos de depresión, pero no la única. Debemos contar con la psicoterapia o con la combinación de ambas, como la manera más efectiva de tratar la depresión. Los psicofármacos antidepresivos estabilizan los niveles de neurotransmisores cerebrales para que el paciente se sienta mejor pero, si sólo los usamos a ellos, nos olvidamos de los componentes cognitivos y afectivos y no trabajamos las emociones, la desmotivación, la anhedonia, la negatividad o la culpabilización.

12# Tomar antidepresivos es peor que tener la depresión

Los psicofármacos, usados en dosis correctas y con un tratamiento psicológico adecuado, realizado con un buen seguimiento, no ocasionan ninguna adicción. Sin embargo, este miedo es el que usan muchos pacientes con depresión para negarse a tomar la medicación, si es que la necesitan.

13# Los antidepresivos producen problemas sexuales

Existen muchos antidepresivos y no todos producen problemas sexuales. Existen múltiples opciones para aquellos pacientes que desean seguir disfrutando de su salud sexual.

14# Cuando empiezas con antidepresivos, son para siempre

También es falso ya que los tratamientos para la depresión son individuales; a corto plazo – unos seis meses – en otros casos, se pueden mantener – a dosis bajas- durante toda la vida y, por último, hay pacientes que ni tan sólo usan antidepresivos puesto que la psicoterapia – especialmente de orientación cognitivo- conductual- se ha demostrado altamente eficaz, superando a los antidepresivos.

15# La psicoterapia no funciona

Totalmente, al contrario; la psicoterapia de orientación cognitiva-conductual en muchos casos se ha demostrado más efectiva que los antidepresivos. Además, ayuda a modificar hábitos y a reestructurar pensamientos negativos y regular emociones.

16# Si hablo sobre mi depresión, sólo voy a empeorar

La depresión sigue siendo un tema tabú, por lo que nos sentimos incómodos al hablar sobre ella y sobre los sentimientos relacionados. No se puede esperar a que se cure por sí sola, sino que debemos expresar la preocupación o la tristeza. Después de todo esto, es importante que olvidemos los mitos ya que la depresión es un trastorno grave que afecta la calidad de vida de las personas que la sufren. Si comprendemos la depresión, eliminamos los estigmas, prejuicios y falsas creencias, seremos más empáticos y conseguiremos que los pacientes busquen ayuda profesional sin emociones de miedo o culpa.

Los pacientes con depresión o con otros trastornos psicológicos merecen, igual que cualquiera, toda la ayuda y el apoyo. Para ello necesitamos información, divulgación y comprensión.


Siquia 

miércoles, 27 de diciembre de 2023

La Navidad y la Salud Mental

La Navidad y año nuevo es ese periodo del año que se ama o muchas veces también se odia. Hay quienes la disfrutan como niños a la espera de Papá Noel y otros que no ven la hora de que pase el vértigo y todo vuelva a la normalidad.

@PsicólogoClXalapa

Sin duda, la Navidad suele generar sentimientos encontrados en muchas personas, debido al estrés que produce las tareas por hacer, las expectativas familiares, la nostalgia de tiempos pasados, la soledad y el balance personal.

Al llegar a final del año nos encontramos a menudo agotados, sumidos en el estrés derivado de las prisas, las compras de regalos, las decisiones sobre con quién pasar las fiestas, el cansancio acumulado y la sensación de no hallarnos en un estado de calma. Para muchas personas, la Navidad está asociada con emociones positivas, con alegría, conexión social, espiritualidad, pero para otras está directamente relacionada con la pérdida, con la gente que ya no está, entonces se ponen melancólicas, lo que facilita la angustia y un estado de ánimo más depresivo. También es un momento de mayor sensibilidad que a veces predispone a situaciones conflictivas, porque para algunas personas las fiestas, por todo lo que tienen que hacer y planificar, significan niveles más elevados de estrés y de ansiedad. El estrés afecta de manera diferente a cada persona e influye según la personalidad, género y edad. Las reuniones de fin de año suelen generar emociones diversas, especialmente para aquellos que están acostumbrados a pasar la Navidad en familia y no la tienen. Para algunos, estas celebraciones despiertan sentimientos relacionados con el ‘síndrome de la silla vacía’, al recordar eventos tristes o la ausencia de seres queridos, una experiencia que se intensificó tras la pandemia. Por otro lado, quienes están acostumbrados a pasar estas fiestas en familia y ahora no la tienen pueden experimentar agobio al estar solos, o viceversa, sentirse abrumados en entornos con demasiada gente. En resumen, es fundamental comprender y abordar la diversidad de experiencias emocionales durante estas festividades, promoviendo estrategias de afrontamiento saludables y fortaleciendo los lazos familiares en medio de la complejidad que estas celebraciones pueden conllevar. 

El papel de los neurotransmisores

Toda esa sobrecarga de tareas, estrés, emociones, reencuentros, alegrías y tristezas tienen sus causas y sus consecuencias en cuerpo y mente. La Navidad influye en la química de nuestro cerebro. Se produce la liberación de una serie de hormonas que son neurotransmisores y que cuando las producimos generan emociones. En este escenario de fin de año, los neurotransmisores afectados varían según la persona, pero suelen involucrar a la dopamina, la serotonina y el cortisol. Las dos primeras están relacionadas con la felicidad; el cortisol, con el estrés. Hay quienes tienen una predisposición a vivir la Navidad con un espíritu relajado, experimentan una sensación mayor de bienestar, felicidad y compañía. Ellos seguramente contarán con niveles más elevados de serotonina, lo que los ayudará a sobrellevar este período. Por otro lado, la dopamina puede llevarnos a actuar de manera más impulsiva, siendo más propensos a abordar todas las responsabilidades sin dejar nada de lado. El denominado ‘síndrome del villancico’ ilustra el estrés asociado con los picos de dopamina durante las compras impulsivas. Este consumismo innecesario y la presión social pueden afectar la autoestima, lo que genera un nivel adicional de estrés. Además, la separación de los hijos, cada vez más común en familias dispersas geográficamente, también impacta emocionalmente. Por otro lado, en este “festival” de neurotransmisores aparece el famoso cortisol, conocido como “la hormona del estrés”. Que se incrementa cuando nos sentimos incapaces de controlar una situación, ante imprevistos o cuando la autoestima se ve afectada. Durante las festividades, las decisiones pueden parecer sencillas desde una perspectiva externa, pero la voluntad de complacer a todos choca a menudo con la realidad, generando tensiones y estrés difícil de controlar. Las expectativas de realizar ciertas acciones o comprar regalos para todos a veces resultan inalcanzables, y las decisiones sobre qué familia priorizar pueden generar conflictos. Hay situaciones que hacen que el estrés aparezca y no siempre se pueda controlar o gestionar adecuadamente. No es solamente en la Navidad, ocurre en todos los seres humanos, en todas las comunidades que tienen tradiciones festivas en relación a aspectos espirituales. Esto nos permite saber cada vez más cómo se interrelaciona la psicología, la neurología, la endocrinología en la comprensión de nuestros fenómenos psíquicos.

Y los regalos navideños también traen beneficios. Un estudio demostró que tanto dar como recibir obsequios produce satisfacción emocional.

En conclusión, esta época activa evocaciones y recuerdos profundos en los seres humanos. Esa es la razón por la que el cerebro parece presentar una activación diferente en estas fechas que en otros momentos del año. Y estas crean la necesidad de revivir la experiencia. Por eso, los festejos se repiten cada año.

Cómo disfrutar de las fiestas

Es importante aprender a gestionar el estrés para pasar unas felices fiestas. La manera en que celebramos, nos relajamos y participamos en estos eventos es crucial. La preparación anticipada, acompañarse y la toma de decisiones familiares colaborativas son elementos clave para mitigar la tensión. Tratar de evitar las experiencias con muchos estímulos auditivos, visuales, aglomeraciones, prisas, gastos y reflexiones de fin de año. Lo ideal es prepararse con tiempo, tomar decisiones respecto a cómo celebrar y dónde estar, y procurar la compañía, ya que estas festividades suelen no ser propicias para la soledad, ya que son momentos en los que surgen diversas emociones.

Tres acciones para disfrutar de las fiestas: planificar, aceptar y ponerse expectativas realistas. Hay que reconocer que las fiestas pueden tener momentos de alegría y desafío, pero no todas las experiencias van a ser perfectas. Hay que aceptar a cada uno de los integrantes de la reunión. También es importante planificar las cosas con anticipación para ayudar a reducir el estrés.

Los hábitos saludables: Seguir una alimentación equilibrada, tratar de no excederse en las comidas o en las bebidas; realizar una actividad física regular y priorizar el descanso. Hay que escuchar al propio cuerpo. Si una persona se siente abrumada por las fiestas, se recomienda pedir algún tipo de ayuda profesional para mantener el equilibrio emocional.

Es importante aprovechar toda la parte buena que tienen las fiestas. Reflexionar sobre el año transcurrido y las situaciones por las cuales uno puede estar agradecido. La gratitud suele mejorar el estado de ánimo y cambiar la perspectiva de las cosas.

En definitiva, si es posible, revivir aquellas bellas experiencias navideñas y recuperar la ilusión junto al cariño de nuestros seres queridos parecen ser las claves para disfrutar de estas fiestas.

Infonabe


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Cómo Ayudar a tu Hijo Adolescente a Confrontar una Crisis Nerviosa

 Acompaña a tu hijo a abordar sentimientos complejos o abrumadores.

Según los datos internacionales, en los últimos años el número de niños que acuden a urgencias por una crisis de ansiedad ha ido aumentando. Ante esto, nos preguntamos ¿por qué actualmente los niños presentan niveles más altos de ansiedad? Una teoría apunta a que esto puede deberse a las nuevas tecnologías.

Además, los niños pueden tener dificultades para expresar sus preocupaciones y pueden reprimir sus emociones. Si estos sentimientos no se definen o expresan de forma correcta la salud mental del niño puede verse y dar lugar a una crisis de ansiedad. 

Una crisis de ansiedad se caracteriza por lo siguiente:

Es la respuesta del cuerpo ante un peligro. Esta respuesta es adaptativa porque prepara a nuestro cuerpo para defenderse, ya que nuestro corazón late más rápido para bombear sangre a nuestros músculos y así disponer de la energía necesaria para huir o luchar contra el peligro. Sin embargo, a veces nuestro cuerpo reacciona de esta forma cuando no hay un peligro real (ansiedad anticipatoria), esto sería una crisis de ansiedad.

  • Se activa nuestro sistema nervioso simpático, el cual se encarga de enviar señales físicas de activación por todo nuestro cuerpo.
  • No produce problemas en la salud del niño, aunque lo hace sentirse mal y asustado.
  • Suelen ser breves, duran entre 20 y 15 minutos aproximadamente, aunque el niño sienta que es eterna.

Las crisis de ansiedad o ataques de pánico son muy incapacitantes. Pueden durar entre 5 y 20 minutos y se caracterizan por presentar síntomas físicos como dolor de pecho, problemas para respirar, mareos, vómitos y temblores. Los niños puede que no sean capaces de manejar o expresar sus sentimientos como los adultos, lo que hace que aún sea más duro para ellos al no comprender ni poder expresar lo que les pasa con claridad. Aquí te mostramos algunos consejos que te pueden ayudar a la hora de actuar cuando tu hijo está sufriendo un ataque de pánico:

  • Mantén el control: recuerda que un niño durante la crisis de ansiedad pierde el control absoluto lo que en sí mismo es agobiante y aterrador.
  • Mantén la calma y un tono de voz tranquilo mientras le dices que estás ahí con él y que entiendes cómo se siente.
  • Emplea palabras apropiadas para su edad a la hora de describir la ansiedad. De esta forma, le estarás transmitiendo seguridad, confianza y contención en medio de esa “tormenta” emocional.
  • Asegúrate de que tu hijo se va sintiendo cada vez más seguro. Emplea palabras suaves, usa su nombre, dile cosas similares a “sé que no te sientes bien pero vas a estar bien”, “te voy a ayudar a pasar esto y terminará pronto”, “respira hondo”…
  • Recuérdale que una crisis de ansiedad siempre termina y que hay que pasarla. Esto puede darle esperanza. Sin embargo, intenta no darle excesiva sobreprotección porque es fundamental que encuentre y desarrolle sus propias estrategias de afrontamiento.
  • Presta atención a los síntomas físicos de la crisis de ansiedad. Convence a tu hijo de que los mareos, temblores y palpitaciones terminarán. Cuéntale que son signos de miedo y no de enfermedad.
  • Dale tiempo para calmarse, no lo apures. Necesita tiempo para recuperarse totalmente.

Recuerda siempre que, si mantienes la calma durante su crisis de ansiedad, su recuperación será más rápida.

Ser adolescente conlleva muchas emociones intensas que a veces pueden resultar difíciles de controlar. Hemos hablado con la Dra. Lisa Damour, psicóloga experta en adolescentes, autora de libros de éxito, colaboradora habitual de The New York Times y madre de dos hijos, sobre cómo pueden los progenitores apoyar a sus hijos a afrontar sentimientos difíciles o intensos.

Nota: Esta orientación general puede servir de ayuda a la mayoría de los progenitores en estas situaciones difíciles, pero algunas rabietas o arrebatos emocionales se deben a trastornos del desarrollo, como retraso en las habilidades lingüísticas, dificultades auditivas o visuales o problemas de comportamiento, que pueden requerir la ayuda de un profesional especializado en la infancia o la adolescencia. Consulta a un especialista si te preocupa que las emociones intensas de tu hijo puedan ser el síntoma de un problema más profundo.

¿Qué es una crisis nerviosa?

Las crisis pueden darse tanto entre los niños más pequeños como entre los mayores. Ocurren cuando un niño se ve completamente superado por las emociones y se siente abrumado. Estas emociones pueden ser miedo, ira, frustración o cualquier otro factor.

¿Qué características presenta una crisis entre los niños mayores?

Cuando los niños que tienen la capacidad de describir lo que sienten se ven abrumados pueden empezar a sollozar, hiperventilar o ponerse nerviosos. Al contrario de lo que ocurre con los niños pequeños, es menos probable que los niños mayores tengan crisis en lugares públicos, porque en esas situaciones se suelen sentir avergonzados. Es mucho más probable que las crisis se produzcan en casa. Por ejemplo, un adolescente puede aguantarse todo el día en la escuela y luego llegar a casa y tener una crisis emocional.

¿Qué debo hacer si mi hijo adolescente tiene una crisis emocional?

La Dra. Damour recomienda que los progenitores sigan nueve pasos prácticos para ayudar a sus hijos adolescentes a controlar una crisis emocional. Lo mejor es que hagas una pausa entre cada paso para ver si ha funcionado. Si no es así, pon en práctica el siguiente paso.

1. Escuchar sin interrumpir

Los niños mayores pueden tener una crisis emocional que les lleve a hablar con angustia sobre lo que les está ocurriendo. En esos momentos, la clave es dejar que lo cuenten todo. A menudo, los adultos bienintencionados intervienen o hacen sugerencias, olvidando que una de las mejores fuentes de alivio es expresar las emociones.

2. Ofrecer una empatía sincera

La mayoría de las veces, el hecho de expresar las emociones con palabras ofrece al joven el alivio que necesita. Después de escucharlos atentamente, otro tipo de apoyo que podemos dar a nuestros adolescentes es manifestarles empatía. Los adultos pueden ensayar frases como “eso es terrible” o “siento mucho que te haya pasado esto”.

3. Reconocer el valor de la angustia

El reconocimiento es muy eficaz, especialmente para los adolescentes. A los adolescentes a veces les preocupa que sus sentimientos tengan algo de malo porque sus emociones pueden ser muy fuertes. Aunque por una parte el adolescente se siente muy afectado, también puede estar un poco asustado debido a la intensidad de sus emociones.

Es un gran consuelo para los adolescentes cuando los adultos dicen: “Tus sentimientos son lógicos y puedo entender por qué tienes esa reacción”. Si, en cambio, los adultos les dicen: “¿Por qué estás tan molesto por eso? Hay gente que sufre mucho más que tú, ¿no es cierto?”, el efecto que se produce en los adolescentes es que siguen sintiéndose mal, pero ahora también se sienten culpables. En otras palabras, intentar cambiar la perspectiva de un adolescente no siempre les sirve de ayuda, por mucho que sus progenitores crean que es así.

4. Ayudarlos a calmarse

La mayoría de las veces, estos tres primeros pasos deberían ser suficientes. Pero si no sirven aún de alivio, podemos pasar de ayudar a los adolescentes a expresar sus sentimientos a ayudarles a controlar sus emociones. Una forma de hacerlo es ayudar a los adolescentes a tranquilizarse por su cuenta. Habla con tu hijo sobre todo lo que puede hacer para sentirse mejor, como por ejemplo respirar profunda y lentamente.

La respiración abdominal es muy relajante y nos ayuda a llevar el oxígeno a lo más profundo de nuestros pulmones. He aquí un sencillo proceso en tres etapas:

Poner la mano en el estómago.

Respirar profundamente cinco veces, inhalar 5 segundos y exhalar 5 segundos, inspirando por la nariz y exhalando por la boca.

Explica a tu hijo que cuando inhala, está inflando su abdomen suavemente como un globo, y que cuando exhala el aire vuelve a salir lentamente del globo.

5. Expresar confianza sin ser displicente

Intenta mostrar tu apoyo diciendo cosas como “esto es duro, pero esta sensación tan fuerte no durará mucho” o “por muy duro que parezca esto ahora mismo, estoy muy impresionado por lo que eres capaz de controlar, y saber que podemos hablar juntos de todo esto”.

6. Ofrecer ayudar para resolver el problema

Si has escuchado, reconocido y ofrecido consuelo y tu adolescente sigue molesto, el siguiente paso puede consistir en preguntarle: “¿Necesitas que te ayude a intentar resolver este problema?”. Pedir permiso para ofrecer apoyo, en lugar de limitarse a ofrecer consejos, puede contribuir a mantener la conversación con el adolescente. A veces los adolescentes te dirán: “No, solo quiero desahogarme”, y entonces lo más seguro es que todo el apoyo que necesitan es que los escuches. Y si te dicen que sí necesitan tu ayuda, eso significa que van a hacer mucho más caso a los consejos que les demos.

7. Dividir el problema en dos partes

Si tu hijo acepta tu ayuda en la resolución de un problema, puede ser útil dividir los retos a los que se enfrenta en dos categorías: cosas que pueden cambiar y cosas que no pueden cambiar.

8. Para las cosas que pueden cambiar, piensen juntos en las posibles soluciones

Ayúdale a centrar su atención en la búsqueda de soluciones para los problemas que puede cambiar.

9. Para lo que no pueden cambiar, hay que apoyar la aceptación

Apoya a tu hijo adolescente para que haga todo lo posible por aceptar los problemas que no tienen fácil solución. Una forma de ayudar a los jóvenes a aceptar un problema es hablar en términos de la energía. Puedes decirles: “Solo tienes una cierta cantidad de energía, así que guárdala para los problemas sobre los que realmente podemos hacer algo. No la desperdicies en los retos que no puedes controlar ahora mismo”.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Los TCA: Un Problema que va más allá de la Comida

¿Qué son los trastornos de la alimentación?

Los trastornos de la alimentación, también llamados trastornos de la conducta alimentaria, son enfermedades médicas graves con una influencia biológica que se caracterizan por alteraciones graves de las conductas alimentarias. Aunque hay ocasiones en que muchas personas se pueden preocupar por su salud, peso o apariencia, algunas se fijan excesivamente o se obsesionan con la pérdida de peso, el peso o la forma corporal y el control de los alimentos que consumen. Estos pueden ser signos de un trastorno alimentario.



Las personas con trastornos de alimentación no eligieron tenerlos. Estos trastornos pueden afectar la salud física y mental de quien los padece y, en algunos casos, hasta pueden poner en peligro la vida. Sin embargo, con tratamiento, las personas pueden recuperarse por completo de estos trastornos.

¿Quién está en riesgo de tener un trastorno de la alimentación?

Los trastornos de la alimentación pueden afectar a personas de cualquier edad, origen racial y étnico, peso corporal y género. Incluso las personas que parecen ser saludables, como los atletas, pueden tener estos trastornos y estar extremadamente enfermas. Las personas con trastornos de la alimentación pueden tener un bajo peso corporal, un peso normal o sobrepeso. En otras palabras, no se puede saber si alguien tiene un trastorno de la alimentación con solo mirarlo.

La causa exacta de los trastornos de la alimentación no se comprende completamente, pero las investigaciones sugieren que una combinación de factores genéticos, biológicos, conductuales, psicológicos y sociales puede aumentar el riesgo de tener este tipo de trastorno.

¿Cuáles son los tipos más frecuentes de trastornos de la alimentación?

Los trastornos de la alimentación más frecuentes incluyen la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y el trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos. Cada uno de estos trastornos está asociado con diferentes síntomas, pero a veces coinciden. Las personas que presentan cualquier combinación de estos síntomas pueden tener un trastorno de la alimentación y deben ser evaluadas por un médico u otro proveedor de atención médica.

¿Qué es la anorexia nerviosa?

La anorexia nerviosa es una afección en la que las personas evitan comer, restringen los alimentos severamente o solo comen cantidades muy pequeñas de ciertos alimentos. También pueden pesarse una y otra vez. Incluso cuando están peligrosamente por debajo del peso normal, estas personas pueden verse a sí mismas como si tuvieran sobrepeso.

Hay dos subtipos de anorexia nerviosa: la restrictiva y la de atracón-purgativa.

  1. Restrictiva: Las personas con este subtipo de anorexia nerviosa limitan severamente la cantidad y el tipo de alimentos que consumen.
  2. Atracón-purgativa: Las personas con este subtipo de anorexia nerviosa también se imponen fuertes restricciones en la cantidad y el tipo de alimentos que consumen. Además, pueden tener episodios de atracones y purgas, es decir, ingieren grandes cantidades de alimentos en poco tiempo, seguido por vómitos o por el uso de laxantes o diuréticos para desechar lo que comieron.

Los síntomas de la anorexia nerviosa incluyen:

  • alimentación extremadamente restringida o ejercicio intensivo y excesivo;
  • delgadez extrema (emaciación).
  • intentos constantes para adelgazar y resistencia a mantener un peso normal o saludable.
  • temor intenso de subir de peso.
  • imagen corporal distorsionada o una autoestima sumamente influenciada por las percepciones del peso y la forma del cuerpo.
  • rechazo a aceptar lo grave que es tener un bajo peso corporal.
  • Con el tiempo, la anorexia nerviosa puede originar varias consecuencias graves para la salud, como:
  • pérdida de masa ósea (osteopenia u osteoporosis).
  • anemia leve.
  • desgaste y debilidad muscular.
  • cabello y uñas quebradizos.
  • piel seca y amarillenta.
  • crecimiento de vello fino en todo el cuerpo (lanugo).
  • estreñimiento grave.
  • presión arterial baja.
  • respiración y pulso lentos.
  • daño en la estructura y el funcionamiento del corazón.
  • disminución de la temperatura corporal interna, lo que hace que la persona sienta frío todo el tiempo.
  • letargo, lentitud o cansancio constante.
  • infertilidad.
  • daño cerebral.
  • Insuficiencia multiorgánica.

La anorexia nerviosa puede ser fatal. Tiene una tasa de muerte (mortalidad) extremadamente alta, en comparación con otros trastornos mentales. Las personas con anorexia corren el riesgo de morir por complicaciones médicas asociadas con la inanición (hambre). El suicidio es la segunda causa principal de muerte en las personas diagnosticadas con anorexia nerviosa.

¿Qué es la bulimia nerviosa?

Las personas con bulimia nerviosa tienen episodios recurrentes en los que consumen cantidades inusualmente grandes de comida. Suelen sentir una pérdida de control sobre estos episodios de atracones. A estos atracones les siguen comportamientos para compensar por el exceso de comida, como vómitos forzados, uso exagerado de laxantes o diuréticos, ayunos, ejercicio excesivo, o una combinación de estos. A diferencia de las personas con anorexia nerviosa, las personas con bulimia nerviosa pueden mantener un peso saludable o tener exceso de peso.

Los síntomas y las consecuencias para la salud de la bulimia nerviosa incluyen:

  • dolor e inflamación crónica de la garganta.
  • inflamación de las glándulas salivales en la zona del cuello y la mandíbula.
  • esmalte dental desgastado y mayor sensibilidad y caries en los dientes, como resultado de la exposición al ácido del estómago al vomitar.
  • reflujo ácido y otros problemas gastrointestinales.
  • malestar e irritación intestinal debido al uso inadecuado de laxantes.
  • deshidratación grave por las purgas.
  • desequilibrio de los electrolitos (con niveles demasiados bajos o demasiados altos de sodio, calcio, potasio y otros minerales) lo que pueden originar un accidente cerebrovascular o ataque al corazón.

¿Qué es el trastorno por atracón?

El trastorno por atracón es una afección en la que las personas pierden el control sobre lo que comen y tienen episodios recurrentes de ingerir cantidades inusualmente grandes de alimentos. A diferencia de la bulimia nerviosa, a los episodios de atracones no les siguen purgas, exceso de ejercicio o ayunos. Por esta razón, las personas con el trastorno por atracón a menudo tienen exceso de peso o son obesas.

Los síntomas de este trastorno incluyen:

  • consumir cantidades inusualmente grandes de alimentos en un período corto de tiempo, como, por ejemplo, en dos horas.
  • comer rápidamente durante los episodios de atracones.
  • comer incluso cuando está lleno o no tiene hambre.
  • comer hasta estar tan lleno que se siente incómodo.
  • comer solo o en secreto para evitar sentirse avergonzado.
  • tener sentimientos de angustia, vergüenza o culpa por comer.
  • hacer dietas frecuentes, posiblemente sin perder peso.

¿Qué es el trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos?

El trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos, anteriormente conocido como trastorno de alimentación selectiva, es una afección en la que las personas limitan la cantidad o el tipo de alimentos que ingieren. A diferencia de la anorexia nerviosa, las personas con este trastorno no tienen una imagen corporal distorsionada ni un temor extremo a aumentar de peso. Este trastorno es más frecuente en la niñez media y por lo general su inicio es más temprano que otros trastornos de la alimentación. Muchos niños pasan por fases de ser quisquillosos a la hora de comer, pero un niño con trastorno por evitación y restricción de la ingesta de alimentos no consume suficientes calorías para crecer y desarrollarse adecuadamente, y un adulto con este trastorno no consume suficientes calorías para mantener las funciones básicas del cuerpo.

Los síntomas de este trastorno incluyen:

  • restricción dramática de los tipos o la cantidad de alimentos consumidos.
  • falta de apetito o de interés en la comida.
  • pérdida drástica de peso.
  • malestar estomacal, dolor abdominal u otros problemas gastrointestinales sin otra causa conocida.
  • selección limitada de alimentos favoritos que se va haciendo aún más limitada ("comer de forma quisquillosa" que empeora progresivamente).

¿Cómo se tratan los trastornos de la alimentación?

Es posible tratar con éxito los trastornos de la alimentación. La detección y el tratamiento temprano son importantes para una recuperación total. Las personas con trastornos de alimentación tienen un mayor riesgo de suicidio y de complicaciones médicas.

Los miembros de la familia pueden desempeñar un papel fundamental en el tratamiento, ya que pueden alentar a la persona con problemas de alimentación o de imagen corporal a que busque ayuda. Los familiares también pueden brindar apoyo durante el tratamiento y pueden ser grandes aliados tanto para la persona como para el proveedor de atención médica. Existen investigaciones que sugieren que la incorporación de la familia al tratamiento para los trastornos de la alimentación puede mejorar los resultados del tratamiento, especialmente para los adolescentes.

Los planes de tratamiento para los trastornos de la alimentación incluyen psicoterapia, atención y controles médicos, asesoramiento nutricional, medicamentos o una combinación de estos enfoques. Los objetivos habituales del tratamiento incluyen:

  1. restaurar una nutrición adecuada.
  2. alcanzar un peso saludable.
  3. reducir el exceso de ejercicio.
  4. detener los comportamientos de atracones y purgas.

Las personas con trastornos de la alimentación también pueden tener otros trastornos mentales (como depresión o ansiedad) o problemas con el consumo de sustancias. Es fundamental tratar cualquier afección concurrente como parte del plan de tratamiento.

Las formas específicas de psicoterapia ("terapia de diálogo") y los enfoques cognitivo-conductuales pueden tratar eficazmente ciertos trastornos de la alimentación. Para obtener información general, visite la página web en inglés del NIMH sobre las psicoterapias.

Las investigaciones también sugieren que los medicamentos pueden ayudar a tratar algunos trastornos de la alimentación y la ansiedad o la depresión concurrente relacionada con estos. La información sobre los medicamentos cambia con frecuencia, así que hable con su proveedor de atención médica. Visite el sitio web en inglés de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para obtener las últimas advertencias, guías de medicamentos para pacientes y medicamentos aprobados por la FDA.

¿Dónde puedo obtener ayuda?

Si no está seguro dónde obtener ayuda, puede empezar con su proveedor de atención médica, quien puede referirlo a un profesional de salud mental competente, como un psiquiatra o psicólogo, que tenga experiencia en el tratamiento de trastornos de la alimentación.

martes, 12 de diciembre de 2023

Lupus y Depresión

 Muchas personas que padecen lupus acaban sufriendo depresión. El origen podría estar en el propio sistema inmunitario, el cual, ataca al sistema nervioso central y al funcionamiento normal del cerebro: lo analizamos.

El lupus y la depresión guardan una relación muy estrecha. Tanto es así que, en algunos casos, este trastorno del estado del ánimo es la primera manifestación de dicha enfermedad autoinmune. Irritabilidad, baja energía, desánimo, frustración, negatividad… Llega un momento en que los factores psicológicos se superponen con los físicos; la persona llega al límite de sus fuerzas.

Si tuviéramos que hablar de una enfermedad invisible sería el lupus eritematoso sistémico. Esta condición, en la que el sistema inmunitario acaba atacando al propio cuerpo, afecta a unos cinco millones de personas en todo el mundo. No son muchas si las comparamos con todas las que viven en el planeta, es cierto. A día de hoy está dentro del grupo de los 8000 tipos de enfermedades menos frecuentes.

Aun así, el impacto en la vida de quien lo padece es inmenso. El lupus puede dejar lesiones irreversibles; dada su complejidad, los pacientes no saben qué es lo próximo que les puede suceder: problemas cardíacos, pulmonares, dolores articulares, alteraciones en la piel, problemas digestivos… A los problemas orgánicos, se le añaden además los mentales.

Es importante tenerlo presente. Así, a la hora de ofrecer una asistencia adecuada y efectiva al paciente con lupus debe tenerse en cuenta que el riesgo de depresión es alto dentro del cuadro clínico.

¿Cuáles son los síntomas del lupus y la depresión?

Cerca del 60 % de las personas con enfermedades crónicas desarrollan en algún momento depresión. En el caso del lupus, las manifestaciones más comunes son las siguientes:

  • Baja autoestima.
  • Sentimientos de inutilidad, de indefensión.
  • Baja energía, sensación de agotamiento constante.
  • Sensación de inseguridad constante y baja autoeficacia.
  • Sentimientos de culpabilidad.
  • Problemas para tomar decisiones.
  • Fallos de memoria.
  • Imposibilidad de disfrutar de las actividades que antes eran placenteras.
  • Ideas suicidas.

Más allá de estas características, hay un hecho evidente: las personas con lupus no siempre reciben un adecuado diagnóstico en esta área. Se asume que ese cansancio, ese desánimo y esos problemas de concentración son consecuencia misma de la propia enfermedad autoinmune. De ahí, que no todos los pacientes acaben recibiendo atención en el área mental.

¿Por qué el lupus y los trastornos depresivos están relacionados?

Hay quien piensa que basta con recibir un diagnóstico médico, como es el referente a las enfermedades crónicas, para derivar en un trastorno psicológico. Tengámoslo claro, no es que la persona se desanime y sienta que el mundo se le viene encima. En el caso del lupus, es la propia condición orgánica la que genera en muchos casos esas alteraciones del estado de ánimo -causa orgánica-.

Por término medio, el lupus y la depresión afectan en mayor grado a mujeres de entre 15 y 40 años.

Esta enfermedad autoinmune impacta también al sistema nervioso central. Una parte de los pacientes afectados por lupus puede experimentar alteraciones de la memoria, convulsiones y brotes psicóticos.

El lupus y la depresión se relacionan porque la propia enfermedad tiene un impacto neuropsiquiátrico en muchos casos.

Por otro lado, también ha podido verse que hay varios medicamentos (como los corticoides) que se utilizan para tratar el lupus que tienen el efecto de alterar el estado de ánimo.

Asimismo, hay un factor que se está estudiando en los últimos años. Investigaciones como la llevada a cabo por la doctora Andrea L. Roberts, de la Universidad de Michigan, barajan la posibilidad de que, en ciertos casos, la propia depresión pueda ser un factor de riesgo más para la aparición del lupus.

En esa investigación, de las 195.000 mujeres evaluadas a lo largo de 20 años, 145 casos desarrollaron lupus tras sufrir un trastorno depresivo. Es decir, no es que este trastorno sea un desencadenante, sería un factor de riesgo más.

Cómo manejar el estrés cuando usted tiene lupus

Vivir con lupus puede ser estresante. Y el estrés puede desencadenar los síntomas del lupus o empeorarlos. Sin embargo, usted puede tomar medidas para manejar el estrés y proteger su salud.

Siga estas recomendaciones para manejar el estrés cuando tiene lupus:

  • Identifique las señales y fuentes de su estrés
  • El primer paso para manejar el estrés es reconocer sus síntomas. Cuando usted está estresado, podría sentirse:
  • Preocupado
  • Enojado
  • Incapaz de concentrarse
  • También podría tener síntomas físicos, como dolores de cabeza o problemas para dormir. O podría notar que los síntomas del lupus empeoran.

Ahora, piense qué está causando su estrés. Por ejemplo, ¿se siente estresado en su trabajo o durante sus visitas al médico? Trate de mantener registro por escrito de sus síntomas de estrés y sus fuentes. De esa forma, podrá estar más consciente sobre qué le causa estrés y podrá crear un plan para controlarlo.

Planee con antelación

  • Planear con antelación las situaciones estresantes (o incluso las tareas cotidianas) puede ayudarle a sentirse calmado y preparado. Intente poner en práctica estas estrategias:
  • Si usted tiene un día ocupado por delante, planee cosas la noche anterior, como por ejemplo qué ropa usará, qué comerá a la hora del almuerzo y cómo se transportará de un lugar a otro
  • Si usted siente que las visitas al médico son estresantes, antes de ir escriba todas las preguntas que tenga
  • Si usted está nervioso por una reunión laboral o una conversación difícil con un amigo o un ser querido, trate de planear con antelación lo que dirá
  • Si tiene problemas para recordar sus planes, escríbalos en la herramienta de notas de su teléfono o computadora portátil. De esa forma, tendrá una cosa menos de qué preocuparse

Programe tiempo para relajarse

Cuando usted está estresado y presionado por el tiempo para realizar alguna tarea, relajarse puede no ser una prioridad. ¡Pero tomar tiempo para descansar puede darle más energía para todas las cosas que están en su lista! Intente poner en práctica estas recomendaciones:

  • Planee descansos para recuperar su energía. Trate de programar un descanso de 20 minutos durante su día de trabajo, o designe un día cada fin de semana para simplemente relajarse.
  • Defina límites. Está bien no aceptar invitaciones. Todas las personas necesitan tiempo de tranquilidad.
  • Sea honesto con sus amigos y familiares. Si necesita cancelar un plan o un compromiso para cuidar su salud, las personas que lo estiman entenderán.
  • Una vez que haya reservado tiempo para relajarse, se dará cuenta que lo mejor que puede hacer, ¡es no hacer nada! O puede intentar hacer actividades como:
  • Leer, ver su programa de televisión favorito o escuchar música relajante
  • Practicar yoga o meditación para aclarar su mente
  • Dibujar, escribir o hacer otra actividad creativa

Desarrolle rutinas saludables

Un estilo de vida saludable puede ayudarle a reducir los niveles de estrés y controlar los síntomas del lupus. Desarrolle estos hábitos saludables:

  1. Duerma lo suficiente. Dormir es clave para mantener bajo control los síntomas del estrés y del lupus.
  2. Manténgase activo. La actividad física puede ayudar a reducir el estrés, ¡y usted puede comenzar a sentir los beneficios inmediatamente!
  3. Aliméntese de forma saludable. Cuando su cuerpo obtiene todos los nutrientes que necesita, usted puede manejar su estrés más fácilmente.

Cuide su salud mental

El estrés puede aumentar su riesgo de problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad. Estos problemas afectan a muchas personas con lupus. Más de una de cada tres personas con lupus tiene ansiedad, y alrededor de una de cada cuatro personas con lupus tiene depresión.

La buena noticia es que hay tratamientos que pueden ayudar. Si usted piensa que podría tener depresión o ansiedad, consulte con su médico y hagan un plan de tratamiento.

Obtenga ayuda

El estrés puede hacerlo sentir abrumado y aislado. Pero recuerde que usted no está solo, y que hay personas que lo pueden ayudar. Intente poner en práctica estas recomendaciones para encontrar apoyo:

  1. Consulte con su equipo de cuidado de salud sobre formas de manejar su estrés, o sobre cómo obtener tratamiento de salud mental o programar una cita con su psicoterapeuta. 
  2. Contacte a sus amigos y familiares. Hablar y pasar tiempo con seres queridos puede ser un gran alivio para el estrés
  3. Hable con otras personas. De esa forma, usted puede compartir sus experiencias con personas que también tienen lupus

¿Cómo se trata?

Puesto que el lupus y la depresión van de la mano, es esencial que los profesionales de la salud no descuiden el aspecto mental. Hay áreas de psicología especializadas en la asistencia a pacientes con enfermedades crónicas a las que siempre es adecuado recurrir.

Por otro lado, es esencial que el paciente conozca su enfermedad. El lupus no tiene cura, pero existen tratamientos que pueden facilitar una mejor calidad de vida y reducir el impacto de los brotes.

Siempre es recomendable estar en contacto con grupos de ayuda. Conocer a personas que viven su misma realidad sirve de apoyo y facilita la adquisición de nuevas habilidades de afrontamiento.


Fuente: La Mente es Maravillosa.  Lupus Fundación de América.